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El Alemán que sabía escribir

La rodilla
(Publicada en Clarín el 09/8/06)

Historia cortita de un tipo cortito. Víctor vivió 30 años corriendo y 30 años sentado. Hijo de piadosa italiana, comenzó a jugar fútbol en patio de iglesia de Almagro. Fue monaguillo, centroforward y galán de barrio. Todo cortito, largó los altares y también largó a varias señoritas, enojadas por su afán de acumularlas. Hizo las inferiores de San Lorenzo, jugó en la tercera. Nunca llegó, su apellido es ignoto hasta para Lujambio.

Empresario menor lo llevó a Australia, cuando se conocía menos en el fútbol que en el mapa. Le dieron un puesto en el ferrocarril y un puesto en la primera de equipo de colectividad italiana de Sydney. Conoció bíblicamente a varias rubias. También cambió de religión, se hizo evangelista. Cobraba en esterlinas, ninguna fortuna pero lo suficiente para comprar departamento. Lo ocupó al volver, auciado por flagrante necedad para aprender inglés.

Fue a jugar a Olavarría, en club cercano a Sierra Chica. Se puso de novio con tres. Jugó hasta los 32, cuando la rodilla dijo basta. Entonces, se sentó en un taxi. Primero tuvo romances, después fue más fácil inventarlos. Un acupunturista oriental le curó la rodilla y él se pasó otra vez de culto, aturdió a pasajeros con leyendas de sanador de Java de apellido impronunciable.

Tiene más de 60 años de infidelidades, un cuarto de creencia y media mina, juntar a veces no multiplica, divide.

Jorge Göttling (1939-hoy)

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