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Un pequeño pueblo en una gran demanda por contaminación

Kivalina es un pueblo de la costa de Alaska, habitado por unos pocos esquimales y pescadores de ballena. Pero ahora es noticia porque el Cuerpo de Ingenieros del ejército estadounidense hizo un estudio y determinó que el pueblo va a desaparecer en unos meses. ¿La razón? Las aguas de los hielos árticos derretidos inundarán esas tierras y los 400 habitantes tendrán que emigrar a zonas más altas. La causa del derretimiento de los hielos es la contaminación ambiental.

Lo explica el periodista Gustavo Sierra en su columna de los domingos del diario Clarín, titulada “La delgada línea roja” [1]:

Kivalina será la punta de lanza de un grupo de defensores del medio ambiente que intentarán probar que el daño fue provocado por unas cuantas empresas petroleras que operan en la zona y que conspiraron para ocultar la información del desastre. La misma estrategia utilizada para quebrarles la mano a las grandes tabacaleras que contrataron científicos, profesores y periodistas para esconder el hecho de que el cigarrillo provoca cáncer.

Y para ese “megajuicio” que podría tener repercusiones mundiales como las tuvo el veredicto contra el tabaco –los efectos se sienten en todo el planeta–, los habitantes de Kivalina contrataron precisamente a los mismos abogados de aquel proceso que terminó en 1998 cuando las tabacaleras pagaron 200.000 millones de dólares a 13 Estados en compensación por los gastos en salud. Durante la “guerra del tabaco” los abogados Steve Susman y Steve Berman estuvieron en veredas opuestas. El primero representó a los damnificados y el segundo a las grandes empresas. Ahora, estarán juntos en el equipo que intentará probar que petroleras como BP America, Chevron o ExxonMobil intentan ocultar desde hace años las consecuencias que provocan en el medio ambiente las emisiones de gases de sus plantas y de la gasolina que producen. De acuerdo a Susman y Berman, ocho grandes compañías invirtieron al menos 16 millones de dólares en grupos antiambientalistas. Y en el proceso, esperan tener muchas más pruebas como las que aportó el químico Jeffrey Wigand, de una de las más grandes tabacaleras, cuando se presentó en el programa 60 Minutos con documentos que probaban que la empresa conocía los efectos nocivos de la nicotina desde hacía cuarenta años.

Seguiremos con atención el desarrollo de estos acontecimientos, porque nos afectan a todos. Aunque el problema esté al otro lado del planeta.

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