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El extraño caso de los gentilicios confusos

Debido a que en nuestro país no pasa nada, y que el enorme crecimiento de la industria de las cacerolas está impulsando una reactivación de nuestra economía a niveles históricos, procedí a empaparme de la actualidad internacional en busca de noticias tristes que me hicieran olvidar tanta alegría.

Me encontré entonces con una noticia llamativa [1]: abogados de la isla de Lesbos, en el Egeo, promovieron una demanda judicial porque dicen no sentirse felices por el hecho de que las lesbianas hayan «usurpado» un término que según la gente del lugar debiera tener connotaciones meramente geográficas y no de preferencias sexuales. «Nos sentimos muy disgustados por el hecho de que en todo el mundo las mujeres a las que les gustan sus congéneres se apropiaron del nombre de nuestra isla», explicó Dimitris Lambrou, editor de una revista y uno de los que presentó la demanda junto con otros isleños. «Hasta el año 1924, según el diccionario de inglés Oxford, un lesbiano era un nativo de nuestra isla» aseguró. «Ahora, a raíz de sus nuevas connotaciones, nuestras mujeres no pueden autodenominarse de ese modo y esto no está bien para nosotros».

Parece que a raíz de esto sería bastante probable que las habitantes de Milán y de Hamburgo entablaran una serie de demandas a entidades gastronómicas en varios países, acusandolos de ponerlas en boca de todos.

¿Y que decir de nuestros hermanos chilenos, que sucumben ante la gran excitación que produce la sola pronunciación del gentilicio de nuestras mujeres de Pico Truncado o General Pico?

¿Y que dirán las habitantes de Cacak en Yugoslavia, de Escondido o de Gorda en EE.UU., de Goma en Zaire, Hot en Tailandia, Malita en Filipinas, Mascota en México, Muda en Mozambique, Roto en Australia, Tanga en Tanzania, Putaendo en Chile o Braga en Colombia, por citar sólo unos pocos ejemplos?

Finalmente, sospechamos que si llega a prosperar la demanda de la isla de Lesbos, sería el turno de que las mujeres nacidas en Pelotas, Brasil, hagan lo propio contra sus maridos, habituados como están a llamarlas por el gentilicio.