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Nadie se ríe de las arrugas

Antes, muchos hombres se preocupaban por la estética: usaban redes para el pelo, gomina, pelucas. Y esto siempre estuvo ligado a la posición social y a la capacidad adquisitiva. Lo que cambió es que se produjo una supremacía del registro imaginario del cuerpo. Esto llega al extremo de poner en juego lo real, con intervenciones e inoculación de sustancias o de llegar a límites patológicos, donde la imagen que se quiere tener del cuerpo no es compartida por la estética común. Un ejemplo son las intervenciones que llegan a ser contraproducentes al lazo social (la gente se ríe de cómo quedaron), mientras que nadie se ríe de las arrugas. Con lo que concluimos que es para satisfacer una exigencia interna de imagen y no una presión social.
Hugo Pisanelli – Presidente de Psicólogos y Psiquiatras de Bs. As. [1]