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Para un dolor de cabeza, nada mejor que un hacha

Eso parecen decir en estos días los responsables de resolver el tremendo problema del derrame de petróleo en el Golfo de México. Parece que se les están acabando las ideas.

A través de Microsiervos llego a un artículo de ClaveSiete que ya desde el vamos plantea la posible solución al desastre con una pregunta inquietante: ¿Una bomba nuclear para frenar el vertido de crudo en el océano?

El artículo, que es a la vez una traducción del original en inglés que se encuentra en ViewZone.com, afirma que,

Barack Obama ha enviado a cinco expertos nucleares para ayudar a BP del Golfo de México con la fuga de petróleo. El equipo de cinco hombres -que incluye a un hombre que ayudó a desarrollar la primera bomba de hidrógeno en la década de 1950- es una idea original de Steven Chu, Secretario de Energía del presidente Obama. Se ha interrogado a los hombres para la búsqueda de soluciones para detener el flujo de petróleo. ¿Cómo acabaría semejane evento de ciencia ficción? Bueno, los expertos están diciendo que la fuga se detendría por el calor extremo de una explosión nuclear que fusione las rocas que rodean a la tubería o, como dijo un experto, ‘podría terminar con un agujero de un cuarto milla de ancho arrojando aceite’. Otro escenario posible es un colapso del fondo del mar.

Un detalle nada menor es que se estima que este depósito tiene un potencial de producción de 500.000 barriles de petróleo por día durante 10 a 15 años.

Según los expertos, el depósito es principalmente de gas natural. Abarca aproximadamente 25.000 kilómetros cuadrados, extensión de tierra como la de Alabama, Florida, Louisiana y Texas. Es enorme y, como una ampolla hinchada, está listo para estallar.

A este problema parecen sumarse ahora ciertos cambios en la composición del material en fuga: ahora muestra una combinación de gas natural, petróleo crudo y partículas de roca, lo cual significaría que al liberarse, está arrastrando capas de rocas propias de la estructura que tiene el depósito del fluído. Si bien esto puede no suceder en lo inmediato -son 5 km. de roca a devorar-, es probable que a futuro colapse todo el suelo provocando un estallido de proporciones inimaginables.

Por eso la opción nuclar aparece como una solución. Y no sería la primera vez que se recurre a ella: en 1963 un depósito de gas natural mal perforado explotó y se incendió en la ex Unión Soviética. Durante tres años envió al aire, entre fuego y ruido brutal, 12 millones de centímetros cúbicos de gas al día. Los científicos soviéticos finalmente recurrieron a la solución atómica: perforaron en ángulo, insertaron una bomba y la detonaron. Fin del problema. ¿Fin del problema?

En Turkmenistán, en cambio, un pozo de gas continúa ardiendo después de casi 40 años. Cada posible solución falló o era inviable por lo peligrosa.

Pero claro, en el caso del Golfo de México no se trata de la estepa rusa, desierta. El pozo del Golfo de México se encuentra en medio de una zona de pesca por demás productiva, sin contar el ecosistema oceánico.

Es decir, el riesgo de producir más daño aún con una solución inadecuada está bien latente. Lo que es evidente, es que una aspirina en este caso no es suficiente.

Recientemente leía en un artículo, que se gasta mucho en exploración y prospección pero muy poco en seguridad y prevención. Tal vez esa sea la verdadera catástrofe.

Fotografía: NASA Goddard Photo and Video

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