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Interpelar la inteligencia

(…) lo que hace que una educación sea realmente democrática es que se niega a utilizar tanto la seducción como el hecho de forzar; así que esa educación se dirigirá a interpelar la inteligencia del otro, a la capacidad del otro a entender; y lo que va a sumar será la capacidad del docente para formular las cosas de manera cada vez más convincente. Podrá así encontrar comparaciones, formulaciones que permitirán al otro entrar en la inteligencia de los seres y de las cosas. El trabajo pedagógico es eso, finalmente: buscar en forma constante y de manera renovada la vía para interpelar la inteligencia en el otro. (…) Entonces, el hombre político y el docente tienen que interpelar constantemente esa capacidad de inteligencia, para que sea la capacidad de conmoverse que tenemos los seres humanos. Creo realmente en ello y pienso que esto tiene grandes consecuencias sobre el trabajo pedagógico que hacemos día a día. En la clase, el docente no tiene razón porque es el docente y porque posee un diploma; el docente tiene razón porque sabe explicar, sabe hacer entender, sabe interceptar la inteligencia del otro; y ve cuando el otro entiende, porque en ese momento de comprensión del otro aparece en sus ojos y en su cerebro, como una luz, un brillo; y el otro muestra que encuentra un gran placer en el hecho de entender y en el hecho de desarrollar su inteligencia.
Philippe Meirieu, en ‘La opción de educar y la responsabilidad pedagógica’.

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