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Un GIF en una bacteria

Un equipo de científicos de la Universidad de Harvard (EE. UU.) ha introducido y recuperado un GIF animado en el ADN de una bacteria viva. La imagen es una referencia al trabajo del británico Eadweard Muybridge, un precursor del cine.

El innovador método está basado en la técnica del corta-pega genético –aclamado como hito científico del 2015- y ha sido recogido por la revista Nature.

El experimento, logrado por primera vez en la historia, introdujo las imágenes codificadas en el ADN de células bacterianas vivas, creando una especie de “disco duro biológico” .

La información que precisa un ser vivo está almacenada en su genoma, en diminutas unidades de ADN. Los científicos ya habían almacenado grandes cantidades de datos en el ADN, pero esta es la primera vez en que se ha logrado además reproducirlo en células bacterianas vivas de E.coli (Escherichia coli), un bacilo presente en el tracto gastrointestinal de humanos y animales de sangre caliente.

Para probar esta idea, los científicos convirtieron cada píxel sombreado de la animación en un código de ADN, logrando codificar imágenes sustituyendo píxeles por nucleótidos de ADN. Los investigadores utilizaron entonces la tecnología de edición de genes CRISPR para integrar esta secuencia de información en el genoma de la bacteria, añadiendo un nuevo marco de animación cada día. Tras una semana, las bacterias se dividieron y se multiplicaron, pasando la película a generaciones sucesivas a medida que avanzaba, como un proceso biológico de intercambio de archivos.

Posteriormente, tras secuenciar las regiones de ADN extraídas de una muestra de la bacteria, el equipo pudo reproducir la imagen con el 90% de la información intacta, una prueba exitosa que sugiere que las células vivas pueden grabar y retener información en secuencia.

El nuevo estudio demuestra que al disco duro de la vida le queda mucho por mostrar y que las células podrían convertirse en diminutas cámaras dentro de nuestro propio cuerpo. La técnica utilizada podría permitir que las células vivas se conviertan en un “registrador molecular” en tiempo real, capturando desarrollos biológicos no vistos dentro del cuerpo, como una especie de grabador de vídeo digital orgánico.


Fuentes:
Muy Interesante
Publico.es
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