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Medioambiente - 14. página

Entradas sobre tecnología y medioambiente.

Energía eólica para el hogar

Por el momento se trata de un prototipo, pero tiene un diseño por demás interesante y aparece como una alternativa viable para las necesidades de los tiempos que corren.

El sistema es un diseño de Liao-Hsun Chen, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Taiwan, y recibe el nombre de Wind Cube. Se trata de un sistema basado en distintos paneles modulables y anclables entre sí, que al montarse forman una especie de panal de abeja interconectado, lo que además dota de firmeza al sistema con sus sujecciones a la superficie.

Las palas del Wind Cube, telescópicas, tienen una longitud de 50 centímetros y se despliegan cuando se necesita potencia eléctrica, optimizando su uso. El sistema, además, podría trabajar a velocidades bajas, pudiendo generar energía casi en cualquier situación.

Cada módulo es capaz de aportar una potencia de 26,1 kWh al mes, según los cálculos de su diseñador. De este modo, los 324 kW mensuales que generen 15 Wind Cubes, bastarían para alimentar la electricidad que consume al mes una familia de cuatro personas. Si bien este cálculo no es exacto porque depende fundamentalmente de las condiciones meteorológicas del lugar, junto con otros sistemas de generación de energías renovables podría reducir mucho la cantidad de emisiones de gases contaminantes a la atmósfera.

Fuente info y foto: Muy Interesante

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La huella de carbono de Google

Hace un tiempo nos ocupábamos de analizar en este blog, cierta obsesión de algunos científicos por la importancia relativa de las actividades de Google en el aumento de los niveles de contaminación ambiental. Sin negar la realidad ni entrar en defensa de Google, decíamos que hay industrias que contaminan más, mucho más y de modo más letal que la de los chicos del buscador, y definitivamente no atraen tanta atención. De todos modos, convengamos que nunca habían sido muy abiertos en cuanto a esta cuestión -alegaban que dando a conocer esa información quedaban en desventaja frente a sus competidores- y claro, eso los hacía más sospechosos, digamos.

La cuestión es que ahora finalmente se decidieron a blanquear la situación y revelar, no sin bombos y platillos, algunos numeros referidos a su aporte al deterioro ambiental.

Informa clarin.com hoy:

Esta semana, la empresa del buscador reveló –por fin- su huella de carbono, para alegría de los ecologistas. Aunque la cifra es impactante –su consumo de energía es de 1,46 millones de toneladas métricas al año- la compañía asegura que sus centros de operaciones son un 50 por ciento menos contaminantes que la media y que sus servicios en nube son 80 veces más eficientes que las alternativas tradicionales. Esta es la primera vez que Google accede a revelar cuánto dióxido de carbono emite su complejo sistema de bases de datos, buscador y servicios en Internet. Hasta ahora, se había negado a revelar esa información porque consideraba que podía brindarles datos claves a sus más férreos competidores.

Google viene demostrando desde hace rato un interés por las cuestiones medioambientales, como quedó demostrado con las inversiones que están haciendo en el terreno de la energía eólica.

A groso modo, estos son algunos de los números que brinda la empresa:

  • Sus centros de operaciones son un 50 por ciento menos contaminantes que la media.
  • Sus servicios en nube son 80 veces más eficientes que las alternativas tradicionales.
  • Durante todo el 2010 la empresa emitió 1,46 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, de las cuales 1,2 millones corresponden al consumo eléctrico de centros de datos y oficinas.
  • El consumo de electricidad durante el 2010 de Google fue de casi 2.6 millones de megawatts hora (MVh), un estimdo del 0,01 por ciento del consumo total del mundo.
  • Cien búsquedas equivalen a usar una laptop de 30 watts durante una hora o encender una lamparita de 60 watts durante 28 minutos.
  • La cantidad de energía que se utiliza para responder a un requerimiento en el buscador equivale a 0,0003 kilowatts hora (kWh), lo que equivale a emitir cerca de 0,2 gramos de dióxido de carbono.

Google asegura que desde 2007 no contamina en lo absoluto, a pesar de sus emisiones, gracias a las inversiones que ha hecho en parques eólicos y a la compra de energía renovable o créditos de carbono, que dejan su balance en cero. Mientras tanto, están revisando algunos de sus criterios constructivos para mejorar sus instalaciones -por ejemplo, su data center en Finlandia, de pronta apertura, utiliza agua de mar para refrigerar las instalaciones- y hasta el consumo de los usados para Street View.

Fuente: clarin.com

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La flecha dorada del consumo

Ver la conexión entre los problemas ambientales y sociales requiere una mirada global, ampliada, completa. La discusión es estéril cuando se limita a un problema particular, porque las raíces del deterioro del planeta se entrelazan y ramifican en una cantidad de problemas ambientales, económicos, sociales y políticos que deben ser apreciados en su conjunto. Las miradas sesgadas, insisto, conducen a discusiones estériles.

El documental “La historia de las cosas” hace ese recorrido necesario, el de develar lo oculto y relacionarlo para que entendamos cuál es el verdadero problema: “las cosas cambiarán cuando podamos ver las conexiones”, y coincidimos con eso.

Gracias a Daniel Krichman, por publicar el video y por el apasionante análisis que hace de la cuestión en su red Aprender y Cambiar.

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La cuestión más molesta

Entre las cosas que la gente no tiene ganas de escuchar, que no quiere ver, cuando en realidad se despliegan ante sus ojos, están las siguientes: que todos los perfeccionamientos técnicos que les han simplificado la vida tanto que ya casi no queda nada vivo, fomentan algo que ya no es una civilización, que la barbarie surge, como algo natural, de esta vida simplificada, mecanizada, sin espíritu, y que, de todos los resultados terribles de esta experiencia de deshumanización a la que se han prestado de buen grado, el más aterrador es el de su descendencia, ya que éste es el que, en resumidas cuentas, ratifica todos los demás. Por ello, cuando el ciudadano-ecologista pretende plantear la cuestión más molesta preguntando: ‘¿Qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos?’, evita plantear esta otra pregunta, realmente inquietante: ‘¿A que hijos vamos a dejar el mundo?’
Jaime Semprun, ensayista fracés, en ‘El abismo se repuebla’

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Teclópolis, una mirada cargada de poesía

Teclópolis, el corto ganador en la 59° edición del premio Cóndor de Plata como Mejor Cortometraje argentino de 2011, es una animación hecha en stop motion que tiene como protagonista a una cámara Súper 8 que sufre por los avances de la contaminación plástica. El Premio Cóndor de Plata es entregado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina.

Los responsables de esta maravilla, la productora Can Can Club, presentan en YouTube este corto animado de Javier Mrad:

Había una vez: revistas se agitan al viento, una cámara Super 8 se arrastra sobre una mesa mientras una vieja frazada va y viene. De repente, un ratón. Luego, una civilización corriendo hacia su destino inevitable. La contaminación plástica ha llegado a tal punto que ni las más lejanas playas estan a salvo.

Ese destino que advierten como inevitable, no impide la mirada poética de los creadores de esta genialidad. Para ver, disfrutar y pensar.

En el sitio de la productora Can Can Club se puede ver el making of del video. Pero claro, tal vez mirarlo haga perder algo del encanto…

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Uso y abuso

Publica por estos días Muy Interesante:

El planeta cuenta con 595.814 km de litoral. Cerca del 40% de la población mundial vive a menos de 100 km de las costas, un área que apenas representa el 20% de la masa terrestre. Esto significa que son zonas muy pobladas con múltiples problemas.

Lo preocupante es que la degradación del medio marino se ha intensificado en los últimos 30 años. Se calcula que aproximadamente el 50% de los ecosistemas costeros ha sido alterado o destruido por las industrias, ciudades, acuicultura y turismo. Y que más de 70.000 productos químicos sintéticos se han vertido en los océanos. La sobreexplotación de los recursos biológicos marinos y la pérdida de hábitat es ahora una amenaza tan grave como la contaminación.

Fuente: Muy Interesante

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Celulares y cáncer II: la mirada desde la ciencia

Confieso que creo que jamás podría explicar con claridad, por cuestiones propias de formación, la lógica del funcionamiento de aquellas ondas sospechadas de carcinógenas, de las que hablamos en un post anterior. Pero no me hace falta: cuando la ciencia -la verdadera, aquella despojada de factores exógenos que le dan un tinte de opinión- viene en auxilio de nuestras incertidumbres, no queda más que adherir a las certezas que nos proveen.

Todo esto para explicar la satisfacción que me produjo leer al físico Alberto Rojo, profesor de la Universidad de Oakland en Michigan, EE.UU., en una columna publicada hoy en el diario Clarín, titulada “Los celulares son tan inofensivos como el microondas”. Bueno, ya desde el título queda clara la postura del científico. La nota completa se lee haciendo clic aqui. A continuación, algunos párrafos para destacar:

Tengo amigos que no usan celular. Son pocos pero son. ¿Están más a salvo del cáncer que los incontables feligreses de la telefonía móvil? No. La razón, en tres palabras: la mecánica cuántica.

Me explayo: el celular recibe y emite radiación. Al hablar de radiación hablo de “luz”, una precisa coreografía de electricidad y de magnetismo en vibración por el espacio: las proverbiales ondas electromagnéticas. (…) Lo curioso es que la luz no es un fluido continuo sino que su estructura es granular, un chorro de municiones microscópicas, los cuantos de luz, cuya existencia postuló el gran Albert Einstein en 1905, la fecha de nacimiento de la hoy famosa mecánica cuántica, o física cuántica. Cuando la luz se emite o se absorbe, dice Albert, lo hace en cantidades fijas (…) Y lo más curioso todavía es que la energía de esas municiones (los “fotones”) depende del color, o la frecuencia de la luz. Un fotón de luz azul tiene más energía que uno de luz roja y mucho menos que uno de rayos X (que es invisible), que a su vez tiene mucha menos energía que uno de rayo gamma.

Lo fundamental aquí es que estas municiones de luz alteran -dañando o beneficiando- a los organismos vivos átomo a átomo, de a uno por vez. (…) Las mutaciones del ADN que dan lugar al cáncer son alteraciones a nivel atómico creados por radiación de alta frecuencia, donde los fotones (cada uno de ellos) son de energías altas. La incidencia de este tipo de radiación en el aumento de cáncer está muy establecida. En cambio, en el caso del teléfono celular, la frecuencia de la radiación es más o menos la misma que la del microondas de la cocina, donde la energía de cada fotón es insuficiente para arrancar un electrón de un átomo. El proceso de arrancar un electrón de un átomo es bautizado en jerga física por “ionizar”, y la radiación inculpada es ionizante.

Entonces, mientras un número relativamente chico de fotones de rayos gamma (radiación ionizante) puede alterar la química celular y dar lugar al cáncer, una horda de fotones visibles (los de la bombita de luz por ejemplo) o de microondas (los del celular) golpeándonos la piel cada segundo son inocuos. (…) Mas aún, las estadísticas no muestran un aumento de la incidencia de cáncer cerebral desde la invención de celular (incluso algunas muestran disminución), ni para los obreros que trabajan en las antenas de transmisión, donde la intensidad de la radiación es grande. Es cierto que las razones precisas de la génesis del cáncer son todavía objeto de estudio. Pero también es cierto que no hay un mecanismo físico plausible que vincule la radiación del celular con el cáncer, argumento suficiente para conjurar miedos infundados, y para acaso disuadir a mis amigos reticentes heresiarcas del roaming.

Por supuesto que hay posturas más o menos alarmistas sobre el tema, como aquellas que citamos alguna vez relevando miradas sobre la cuestión. El asunto es si nos quedamos con nuestros miedos sin más, o nos permitimos aprender y razonar.

Fuente: Clarin.com

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