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Medio ambiente - 2. página

Entradas sobre tecnología y medio ambiente.

Producir con un sistema a favor de la vida

El Colectivo Tierra Viva Bolívar, un grupo de vecinos y vecinas de aquella ciudad de la provincia de Buenos Aires preocupados por el medio ambiente y los crecientes problemas de salud en esa comunidad y en el país, se ha comprometido a contribuir en cambiar el modelo de producción agrícola actual, por considerarlo responsable de tal situación.

Se proponen dos vías para lograr ese objetivo: una de ellas, poniendo el tema en la agenda pública. La otra, trabajando interdisciplinariamente con instituciones y expertos en la materia, con la convicción de que es posible otro modo de producir. Lo llaman agroecología: un sistema a favor de la vida en consonancia con el medio ambiente y las personas, que además genere rentabilidad.

En línea con estos objetivos, el pasado jueves 16 de marzo el Colectivo organizó las II Jornadas de Agroecología Bolívar. Disertaron en la oportunidad el Ingeniero Agrónomo Eduardo Cerdá, por la Facultad de Agronomía y Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de La Plata, y la periodista Fernanda Sández, autora de “La Argentina fumigada” (Ed. Planeta), una formidable investigación sobre la cuestión de los agroquímicos y los problemas de salud que acarrean para la población.

A continuación un fragmento de la disertación de Fernanda, a quién agradecemos el permiso para reproducirlo en este espacio, hablando sobre las experiencias recogidas a lo largo de su investigación.


Por más información y contacto con el Colectivo Tierra Viva Bolívar, escribir a tierravivabolivar@gmail.com

Demoledor informe italiano sobre los agroquímicos en Argentina

Una investigación difundida por el programa italiano “Le Iene” expone los efectos dañinos de los agroquímicos en la producción agrícola durante los últimos 20 años en nuestro país.

¿Por qué el interés de los europeos en este problema? Entre otras razones, porque aquí se producen alimentos para sus animales. Es decir, quieran o no, la maldición de los venenos les llega a sus mesas de todos modos.

Fuente: Dario LQSustentable

El Garrahan necesita la verdad tanto como a las tapitas

El título de esta entrada no significa que despreciemos o neguemos la importancia de la campaña. Al contrario, la hemos apoyado y alentado tanto desde este espacio como en las escuelas en las que trabajamos. Sin dudas, la campaña del Hospital Garraham convocando a la comunidad a donar tapitas de gaseosas, ha logrado mucho: por ejemplo, que el dinero de la venta se destine a la construcción del nuevo Centro de Atención Integral del Paciente Oncológico de un Hospital que es el máximo referente de salud pública, gratuita y de alta complejidad pediátrica de la Argentina.

Pero semejante tarea necesita también, imperiosamente y urgentemente, de la verdad.

Leyendo el libro “La Argentina fumigada” de Fernanda Sández, me encuentro con el relato de Mechi Méndez, una enfermera de Cuidados Paliativos en Oncología Pediátrica del Garrahan. Ella cuenta lo que sucede puertas adentro: “se atiende a Fulanito que tiene una leucemia” dice, “no a Fulanito que tiene una leucemia y viene de un pueblo fumigado. El tema es que lo otro no lo ven, se van a seguir produciendo enfermos”.

Se trata de nada menos que el crudo relato de quién vive en carne propia el sufrimiento ajeno. No se lo han contado. Lo ve todos los días en muchos de los niños a su cuidado.

En el video a continuación la enfermera Méndez, que además ha creado un canal de You Tube como ayuda en su esfuerzo en concientizar y comprometer a directivos, médicos y personal intermedio del hospital, cuenta su derrotero desde que se percató del problema en 2011.

La historia completa de esta lucha y otras, se relatan en el libro de Fernanda, de imprescindible lectura.

Monsanto pierde un round

“Una vez que un químico está incorporado en la lista, el fabricante tiene un año para etiquetar el producto como causante de cáncer”, dijo Sam Delson, de la Oficina de Evaluación de Riesgos Ambientales de la Salud del estado de California, en los EE.UU.

El fabricante al que se refiere es Monsanto. El producto es el herbicida Roundup, estrella de la compañía, compuesto a base de glifosato. La lista, que es pública, es la que elabora la Oficina mencionada detallando los químicos cancerígenos.

En una decisión firme tomada el pasado 10 de marzo, la jueza Kristi Culver Kapetan encontró que Monsanto no tenía ninguna razón suficiente para sostener su negativa -interpuesta en los tribunales, de allí la decisión de la jueza- a lucir en los envases del producto una etiqueta que avise sobre su riesgo como producto cancerígeno.

La empresa se lamentó por la disminución en las ventas que traería aparejado el uso de la etiqueta. Sin embargo, ha tenido suerte: aun no se ha prohibido definitivamente su uso.

Sin dudas, un pequeño paso para la justicia pero un gran salto para la salud pública.


Fuente: Periódico digital Pausa (texto e imagen)

La hipocresía se viste de rosa

Escribe la periodista, investigadora y escritora Fernanda Sández en su libro “La Argentina fumigada – Agroquímicos, enfermedad y alimentos en un país envenenado”, editado por Planeta: 

(…) A excepción de la producción orgánica o agroecológica, no hay cultivo en nuestro país -no importa si peras, papas, acelgas, soja o los árboles para la industria forestal- que no reciba una enorme carga química a lo largo de todo su ciclo. Así lo han comprobado trabajos tanto del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) como de varias universidades nacionales. Parte de esa química permanece en las frutas, hojas y cereales que comemos, y de allí el establecimiento de algo llamado “límite máximo de residuos” o LMR. Esto es, la cantidad de restos de pesticidas que (dice la industria, dice el Estado a través de sus organismos, dicen todos los que lucran con esta naturalización de lo que no lo es) podemos comer sin que nuestra salud se vea afectada. (…) Para el neolenguaje de la tranquilidad -el idioma que hablan al unísono empresas, profesionales de la agronomía, aplicadores de plaguicidas, el Estado y todos aquellos involucrados en el floreciente negocio de la agricultura química- no hay nada de qué preocuparse. Más aún: todo esto es no solo aceptable sino indispensable. Es, aseguran, comer venenos o quedarse con la panza vacía. No hay, insisten, ninguna otra respuesta posible frente al hambre. (…) Al mismo tiempo, el agronegocio seguirá repicando su campana pacificadora: podemos comer tranquilos. Comer día tras día, comida tras comida, pequeñas dosis de insecticidas, funguicidas, herbicidas y unos cuantos ‘cidas’ más que no solo se pueden rastrear en la comida, sino también en nuestros propios cuerpos. La industria miente, la sangre no.

En esta Argentina sojera en la que todos somos el campo pero no entramos en el reparto de las ganancias,  el neolenguaje de la tranquilidad del que habla Sández a veces también se traduce en gestos y señales: fue presentada en Expoagro 2017 una silobolsa -de esas que los sojeros usan para acumular más y más semilla cuando los silos de metal ya no alcanzan-  de color rosa, cuyo objetivo es colaborar en la lucha contra el cáncer. Cada productor que compre estas bolsas estará donando 10 dólares: ocho se destinarán a la Fundación para combatir la leucemia (Fundaleu) y dos al sector oncológico del hospital Santamarina de Tandil.

Más adelante en el libro de Sández, refiriéndose a investigaciones de entidades y universidades de los EE.UU. acerca de la toxicidad de los herbicidas como el 2,4-D, la autora dice:

Una de esas investigaciones (…) demostró que los agricultores expuestos al 2,4-D tenían hasta seiscientas veces más chances de desarrollar cáncer linfático. (…) En la Argentina se lo aplica en el cultivo de trigo, cebada, centeno, arroz, sorgo, maíz caña de azúcar, lenteja y papa. (…) Es uno de los herbicidas más utilizado en nuestro país, en especial desde que el glifosato (…) comenzó a mostrarse impotente ante el avance de malezas cada vez más aguerridas.

La iniciativa de las bolsas rosas luce como una buena causa, sin dudas. Salvo que la sangre no miente. 


Fuente: AgroVoz

Glifosato en la orina de los marplantenses

Según informa Ecoportal.net, un estudio realizado por la Asociación Civil Bios en el partido General Pueyrredón en la provincia de Buenos Aires, arrojó como resultado que tanto habitantes de zonas rurales como urbanas tenían glifosato o su metabolito en la orina.

En la ciudad de Mar del Plata, cabecera del partido, la orina del 70% de las personas sometidas al estudio contenía glifosato.

Silvana Buján, referente de Bios, lo cuenta en una gacetilla de prensa:

“Hicimos una prueba con muestras de orina de personas que viven en ámbitos urbanos y con personas que se encuentran en ámbitos rurales pensando que íbamos a encontrar diferentes resultados y no fue así, ambas poblaciones tenían glifosato o su metabolito, es decir, lo que se genera en el cuerpo cuando el glifosato se metaboliza. (…) Lo que encontramos es que la mayoría de nuestros alimentos industrializados contiene algo con soja, ya sea lecitina de soja, harina o proteína. Por otra parte el agua y los suelos, aunque no sean rociados con glifosato, lo reciben por la lluvia.”

Buján menciona también los resultados de los muestreos realizados entre octubre de 2012 y abril de 2014 en las provincias de Bs. As., Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos -dimos cuenta de ellos en su momento en este blog. El glifosato fue el herbicida más detectado con 90% de resultados positivos. 

El glifosato fue calificado como “cancerígeno” por la Organización Mundial de la Salud y pese a su impacto en el medio ambiente y en la salud humana, es el herbicida más vendido del mundo. Sus excipientes no se degradan ni desaparecen después de aplicados. “Se dice muchas veces que sin agrotóxicos no se podría sostener la producción de alimentos, y esto es falso, la mayoría de la producción de soja no es para consumo humano.” Y concluye, lapidaria: “No es increíble querer cambiar este modelo, lo increíble es aceptarlo cómo está.


Fuentes:
– Ecoportal.net
– Bios Argentina

SmartFlower, un panel solar inteligente y simple

SmartFlower es un sistema de panel solar inteligente que sigue al sol durante todo el día, a fin de crear la mayor cantidad de energía posible.

Los paneles modulares que conforman el sistema SmartFlower siguen al Sol de forma autónoma, logrando posicionarse siempre en el ángulo óptimo, lo que implica una generación un 40% mayor que los paneles tradicionales.

Cuando hay fuertes vientos o mal tiempo, el sistema se pliega para protegerse. Una vez que el clima adverso pasa, el sistema se vuelve a abrir. Por la noche, el sistema solar inteligente también se pliega completamente hacia la base.

Puede ser fácilmente instalado en unas pocas horas, y debido a sus funciones inteligentes, entre las que se encuentra un sistema autolimpiante, no requiere ningún esfuerzo una vez puesto en servicio.

Más información en SmartFlower Solar.

Devorarse a sí mismo

El capitalismo corporativo de libre mercado es por su naturaleza un desastre a la espera de suceder. Su esencia es la transformación de la naturaleza viva en montañas de mercancías y las mercancías en montones de capital muerto. Cuando se le deja hacer lo que quiera, el capitalismo endosa sus deseconomías y su toxicidad al público en general y al entorno natural – y termina por devorarse a sí mismo.
Michael Parenti, “El Apocalipsis autoinfligido del capitalismo”

Celulares en desuso como materia prima

Los organizadores de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 le pidieron a la población que done sus dispositivos electrónicos obsoletos. Para tal fin, en el próximo mes de abril comenzarán a colocar cajas de recolección en edificios y comercios de electrónica. Luego, con el metal recolectado de esos aparatos confeccionarán las medallas para la competencia deportiva mayor, que tendrá lugar en aquel país.

La sustentabilidad es el objetivo: deberá estar integrada en todos los aspectos de la planificación y la ejecución de los Juegos Olímpicos.

Todos los dispositivos tienen pequeñas cantidades de metales preciosos y raros. El comité espera recolectar por este método, 40 kilos de oro, 4920 kilos de plata y 2944 kilos de bronce, lo necesario para producir 5.000 medallas de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio 2020.

Fuente: Clarin.com – Imagen:  Greenpeace

El documental ‘Pueblo Verde’, completo

Días atrás escribí una entrada sobre el estreno en el cine Gaumont de Buenos Aires, de “Pueblo Verde, La Pelicula”, un documental que propone un viaje hacia el interior del modelo de producción de transgénicos y su abanderada, la soja genéticamente modificada.

Al mismo tiempo, dejé en la fan page de la película en Facebook un comentario, consultándoles sobre la posibilidad de que pudiéramos verla también en el interior. Muy amablemente se comunicó conmigo su director, Sebastián González Jaurs, para comentarme que no cuentan con grandes posibilidades de difundir la película en el interior, y que la idea es publicar en unas semanas una versión adaptada para la web.

Conversamos también sobre el libro de Fernanda Sández, “La Argentina fumigada”, que aborda la misma problemática, coincidiendo en que todos estos trabajos son parte del laburo de hormiga necesario para dar a conocer el tema y lograr que alcance una mayor visibilidad.

Mientras esperamos la versión web lo publicamos aquí para nuestros lectores, gracias a que Sebastián también me hizo llegar el link. Lo comparto con su permiso.

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