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Medioambiente - 21. página

Entradas sobre tecnología y medioambiente.

Botnia: 1 – Gente: 0

Decir “se los dijimos” o “se sabía” sonaría a llanto sobre la leche derramada de madre sabedora de algún precio por nuestras picardías adolescentes. Pero no: aquí no hay margen para el error. Esto pasó -y lamentablemente continuará pasando- por la sordera y desidia de quienes deberían haber evitado que el engendro se instalara. Informa Infobae.com (como para evitar que alguien me reclame por el uso de una fuente tendenciosa…):

Tres vecinas de la ciudad argentina de Gualeguaychú denunciaron ante la justicia que fueron “afectadas” por un derrame de sulfato de sodio ocurrido este martes en la papelera que Botnia construye en Uruguay. El referente de la asamblea de Gualeguaychú, Jorge Fritzler, señaló que “primero fue un fuerte olor a cloro, después picazón en el pecho y diversas molestias.”

Las mujeres aseguraron que el martes fueron al puente que conduce a Fray Bentos para tomar fotografías del derrame ocurrido en las instalaciones de Botnia, [el énfasis es mío] que afectó al menos a nueve obreros de la planta y cuyas causas investigan las autoridades uruguayas.

“El derrame fue a las 9 de la mañana. Estas personas intentaron documentar el derrame tóxico al costado de la chimenea”, indicó, y afirmó que “acá hay que paralizar la planta”.

“Estas personas, seis horas después del escape, sintieron un fuerte olor a cloro”, aseguró el asambleísta, que detalló que sufrieron “ardor y picazón en la piel y en la cara”. “Se les empezó a hinchar la cara y sintieron un malestar”, añadió. Fritzler rechazó que desde el gobierno uruguayo minimicen el hecho y recalcó que “esto no es un accidente, es un incidente”.

La denuncia judicial fue radicada por Gabriela Caballero, Alejandra Crimella e Isabel Nievas, integrantes de la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú, grupo que desde hace más de nueve meses mantiene bloqueado el puente que conduce a Fray Bentos en protesta contra la instalación de la papelera.

Fuente: Infobae.com

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Taiwán y las mariposas

No sé muy bien por qué, pero me llamó la atención la noticia y decidí postearla. Está bueno esto de que alguien cuide algo por el mero acto de protegerlo, aunque muchos van a estar molestos por la medida.

El caso es que la BBC informa hoy que las autoridades de Taiwán anunciaron que cerrarán parcialmente una concurrida autopista para permitir el paso de millones de mariposas en su migración estacional.

Dice el informe:

“En su vuelo desde el sur de Taiwán hacia el norte, las mariposas, de la familia Danaidae, atraviesan un segmento de unos 600 metros de la carretera. Mediciones realizadas en 2005 mostraron que hasta 11.000 mariposas cruzaban la autopista por minuto. Muchas, sin embargo, no llegaban al otro extremo porque eran atropelladas por automóviles.

El director del departamento de autopistas del Ministerio de Transporte de Taiwán dijo que el cierre podrá causar embotellamientos, pero que valdrá la pena para salvar a los insectos. Las autoridades también pondrán una red protectora para obligar a las mariposas a volar por encima del tráfico. Además, en una sección elevada de la carretera, se utilizarán luces ultravioletas para alentar a las mariposas a que pasen por debajo.

Algunas empresas turísticas de Taiwán promueven al país como “El reino de las mariposas”. Allí viven más de 400 especies de estos insectos y cerca de 40 de ellas son endémicas. De la familia Danaidae, a la que pertenecen las famosas mariposas monarcas, en Taiwán hay 13 especies.

Son venenosas porque en su estado larval se alimentan de las hojas tóxicas del algodoncillo (Asclepias), lo que luego les permite protegerse de los depredadores. En mayo, millones de ellas se reúnen en las montañas de Yangmingshan, cerca de Taipei.”

Me gusta la idea. Me parece que está bien tomar algunas medidas así de pequeñas, pero con enormes implicancias.

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Rosario, entre Barcelona y Venecia (podría ser peor)

Llueve. Para muchos la lluvia es sinónimo de nostalgia. A otros la lluvia les despierta recuerdos, con su perfume y musicalidad. Mi hija de 9 años me decía esta mañana, “Papi, ¡como me gusta el olor a lluvia!”.

Pero para los comunes peatones que tenemos que salir a trabajar, un día de lluvia en Rosario puede ser sinónimo de infierno.

¿Que no exagere?

Cortes de luz y de todo aquello que circule por cables. Hojas y ramas caídas. Calles anegadas por las bocas de tormenta que están tapadas por la desconsideración de los vecinos y permanecen tapadas por la desidia de funcionarios descuidados. Dentro de los colectivos suele llover casi tanto como afuera. Y varios etcétera más.

Los automovilistas rosarinos hacen uso de una extraña matemática: su velocidad y proximidad al cordón es directamente proporcional a la cantidad de agua que hay en él, e inversamente proporcional a todo lo que tiene que ver con la amabilidad y el respeto por el pobre peatón.

En días así, ciertas calles hacen recordar a Venecia pero sin el romanticismo ni las góndolas, por supuesto. Prefiero la ciudad de los canales, en todo caso.

Por otro lado, los políticos hablan de Rosario como “la Barcelona sudamericana”. No tengo el gusto de conocer aquella ciudad catalana pero, a menos que los susodichos exageren o mientan, no pienso ir. No, ni loco.

Hasta aquí llego porque tengo que salir a la calle, y necesito estudiar como sobrevivir a otro día de lluvia en Rosario.

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Más que cine, una pesadilla cada vez más real

Hoy Córdoba amaneció nevada, en pleno Noviembre. Hace un par de meses granizo del tamaño de limones azotó a Buenos Aires, fenómeno que se repitió hace un par de días nada más en nuestra ciudad de Rosario. Aquí, tanto los destrozos como el impacto social por la tormenta fueron enormes, porque jamás había sucedido algo por el estilo.

Un aporte casero a  los registros gráficos de la granizada del miércoles.

Por regla general, como en Argentina “nunca pasa nada” -no hay terremotos, no hay huracanes, no hay maremotos ni ninguna otra catástrofe de las que suelen cambiarle la vida a multitudes en un segundo por otros lares-, las previsiones y alertas nunca llegaron o llegaron tarde. El resultado de esto fue que los vidrios muy baratos, las persianas de plástico y los cables aéreos pasaron factura todos juntos y estallaron en pedazos todos al mismo tiempo en el término de 10 minutos. En realidad sí hubo una alerta, y según el Servicio Meteorológico la baja presión debería haber alertado mucho más porque preanunciaba la pedrada, pero todo esto fueron especulaciones del día después.

Recordé de la película “El día después de mañana”, en donde nieve en India y granizo en Japón anticipaban el desastre. Si despojamos de la cuestión comercial, espectacular y abrupta al fenómeno que se describe en la película, podríamos compararlo con lo que está sucediendo en estas horas por estos pagos.

El mejor análisis, a nuestro humilde entender, de lo que sucedió en Rosario el miércoles lo hizo un ciudadano común en uno de los medios locales, rodeado de ramas caídas, vidros rotos y con piedras de hielo del tamaño de pelotas de golf en una mano: “Ahora no me vengan a decir que lo del calentamiento global no es cierto”.

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¿No a las papeleras, o no a la contaminación?

En su columna política del diario Clarín del domingo anterior, Eduardo van der Kooy plantea un concepto que traté de resumir en la pregunta del título.

Textualmente, Van der Kooy dice: “Hay asambleístas de Gualeguaychú que no se conformarán sólo con ofertas y persuasiones. Son los que luchan contra la instalación de las plantas y no para evitar la contaminación. Aunque depongan la medida, permanecerán al acecho. El Presidente espiará lo que ocurra en silencio. Pero si el desbloqueo no se produce su acuerdo con Tabaré caerá.”

De este análisis es que surge aquella pregunta, porque hay diferencias fundamentales entre los dos conceptos y las acciones y decisiones que conllevan. El “no a las papeleras” conlleva el riesgo de caer en el simplismo: si no se instalan se acabó el problema. Y otro riesgo: que se piense que en cualquier otro lugar menos cerca de uno las papeleras están bien.

Esta postura no resiste un análisis serio. El enorme consumo de papel, y fundamentalmente la falta de un recurso sustituto, impiden pensar por el momento en el cierre de las plantas de fabricación de ese producto, como cae de maduro. No se pensó en su momento, y ahora se piensa poco, en el deterioro subyacente en la producción de papel.

Pensar que en cualquier lado las plantas están bien menos cerca nuestro, es una actitud tan egoísta, desconsiderada e irresponsable que no admite ninguna consideración.

En cambio, si el NO fuera a la contaminación, esta premisa se constituye por si misma en un fundamento de considerable solidez para la solución de este conflicto.

No importa donde pretendan instalarlas: si contaminan no se instalan. Y punto. Pero esto abre un abanico de posibilidades, de nuevas tecnologías y de respuestas sustentables en el tiempo. Abre el juego a nuevas investigaciones, a nuevos métodos y a una nueva conciencia de pertenencia y cuidado hacia lo que nos rodea.

No es una simple cuestión semántica, sino toda una declaración de principios y convicciones. O se está a favor de soluciones mediocres que trasladan el problema a las próximas generaciones, o se apela a criterios serios y responsables que generen alternativas de largo plazo.

Me viene a la memoria cuando el gobierno de la ciudad de Bs. As. hace varios años legisló a favor de la disminución del uso de gasoil y nafta en el trasporte pùblico, a fin de disminuir los índices de contaminación. Esto sin lugar a dudas hubiera sido todo un avance, de no ser por el hecho de que solo consideraron como alternativa el uso del GNC, en vez de abrir el juego a la gran variedad de investigaciones de combustibles alternativos que hay en el país. Todo lo que se logró fue opacado por la sensación de que se estaba favoreciendo a los lobbies, y allí quedó.

Esperemos que las decisiones al respecto de las papeleras sean más abiertas, y que puedan dar a luz toda una nueva gama de respuestas a este problema real.

El ‘papel’ de Greenpeace

Greenpeace reclama a los gobiernos de Argentina y Uruguay la elaboración de un “Plan de Producción Limpia para el Sector Papel” que involucre la eliminación del cloro en el proceso de blanqueo en el papel; extender el proceso de cocción y realizar el proceso de delignificación con oxígeno; eliminar totalmente los efluentes de las plantas de pasta y papel; aumentar el porcentaje de papel que es reciclado y el contenido de papel reciclado post-consumo en los papeles a la venta; establecer líneas de crédito blandas para la eliminación de los efluentes de las industrias del sector; la promoción y crecimiento de las empresas de reciclado y exigir la explotación sostenible de los recursos forestales.

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Un argumento irrefutable.

Este es uno de los panfletos que se distribuyen durante los cortes de ruta contra la instalación de las papeleras.

Para hacer oidos sordos a un argumento como este, ¿cuan contaminadas se deberán tener las entrañas?

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No cometamos los mismos errores

Y cuando vinieron por mi,
ya no quedaba nadie que alzara la voz
para defenderme.

La cuestión de las papeleras sobre el río Uruguay es una oportunidad única.

Los medios importantes sólo hacen crónicas del conflicto sin tomar partido. Los políticos toman posiciones ambiguas y contradictorias sospechosamente tibias. En el congreso parece que se discute en un clima de cosa cocinada -al menos es la impresión que tiene el observador externo.

La cuestión de las papeleras debe ser nuestra oportunidad.

Hemos recibido de las generaciones pasadas un país devastado por las malas políticas, la entrega espúria, el desprecio por el medio ambiente; en fin: un país al que no le importaron, salvo honrosas excepciones, las generaciones por venir.

La cuestión de las papeleras no puede dejar de ser nuestra oportunidad.

Oportunidad de reclamar un alto en el desmanejo de los recursos en aras del enriquecimiento de unos pocos. De impedir con medidas claras y valientes que mueran niños y ancianos sólo porque alguien se hizo el distraído. De observar atentamente alrededor y reclamar que se cuide el suelo, el agua, el aire para muchas generaciones más.

La entrega, la cobardía, el desinterés, la pereza mental, el abandono, la desidia, el interés sólo electoral, el mirar sin ver, el hacerse el distraído y mirar para otro lado, el esperar que otro haga lo que se debe hacer, la apatía, el desgano, la traición, la inacción son estigmas de una nación que no es, aunque debería.

La cuestión de las papeleras sobre el río Uruguay es una oportunidad única.

Oportunidad de que, de una vez por todas, todos demostremos que el futuro nos interesa.

Y un último pensamiento: si las papeleras no se instalan sobre el río Uruguay pero sí unos kilometros más arriba o más abajo sin resolver el peligro de la contaminación, igual nos vencieron, porque seguimos entregados al egoísmo y la dispersión.

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