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Cultura

Expresiones culturales diversas.

Julio Neffa: «Se rompió la barrera entre el trabajo y el tiempo de reposo»

La revista cultural Indómita entrevistó a Julio Neffa, economista, docente e investigador, en la que comparte su experiencia y pensamiento sobre el teletrabajo en el capitalismo neoliberal.

Para Neffa uno de los mayores problemas reside en el sufrimiento que surge del trabajo intenso, de la mayor fatiga, el menor grado de autonomía y la menor libertad en el trabajo. “Todas las personas que hacen teletrabajo, trabajan por lo menos 2 horas mas que cuando estaban en la oficina», afirma.

El problema se agrava aún más para los docentes, ya que los problemas de tipo laboral ahora repercuten sobre el cuerpo pero también sobre las dimensiones psíquicas y mentales, lo que se traduce en un impacto muy fuerte sobre la salud.

Por otra parte señala que la gente que trabaje en sus domicilios, al aumentar el control de los empleadores «va a favorecer a que el trabajador esté en una situación de disponibilidad para el empleador. Se ha roto esa barrera que había entre el trabajo y e tiempo de reposo». La cuestión es más grave para las mujeres: la fatiga se multiplica por 2 o 3 veces. La duración de la jornada total de las mujeres está cerca de las15 a 20 horas.

Aquí, la entrevista:


Fuente: Revista cultural Indómita

Michael Sandel: «Debemos criar niños que tengan un sentido de gratitud y humildad cuando tengan éxito»

En determinada manera, la meritocracia es un ideal atractivo porque promete que si todo el mundo tiene las mismas oportunidades, los ganadores merecen ganar. Pero la meritocracia tiene un lado oscuro. Hay dos problemas con la meritocracia. Uno es que en realidad no estamos a la altura de los ideales meritocráticos que profesamos o proclamamos, porque las oportunidades no son realmente las mismas. Los padres adinerados son capaces de transmitir sus privilegios a sus hijos, no dejándoles en herencia grandes propiedades sino dándoles ventajas educativas y culturales para ser admitidos en las universidades. De hecho, en las universidades de la denominada Ivy League (…) hay más estudiantes que pertenecen al 1% de las familias con más ingresos del país que al 60% con menos ingresos. Así que el primer problema de la meritocracia es que las oportunidades en realidad no son iguales. El segundo problema de la meritocracia tiene que ver con la actitud ante el éxito. La meritocracia alienta a que quienes tienen éxito crean que éste se debe a sus propios méritos y que, por tanto, merecen todas las recompensas que las sociedades de mercado otorgan a los ganadores. Pero si los que tienen éxito creen que se lo han ganado con sus propios logros, también tienden a pensar que los que se han quedado atrás son responsables de estar así. Así que el segundo problema de la meritocracia es un problema de actitud ante el éxito que lleva a dividir a las personas en ganadores y perdedores. La meritocracia crea arrogancia entre los ganadores y humillación hacia los que se han quedado atrás.


(…) Por decirlo de otro modo: en lugar de encarar directamente la desigualdad ofrecieron el mensaje de que se podía conseguir la movilidad individual si se accedía a la educación superior, decían que para ganar en la economía global había que ir a la universidad y sacarse un título universitario, porque el dinero que uno iba a cobrar dependía de lo que había aprendido y estudiado, y que si uno se esforzaba podía lograrlo.


(…) Pero aunque puede ser de algún modo un mensaje inspirador, por otro lado es insultante, porque implica que si no has ido a la universidad y estás pasándolo mal en la nueva economía, la culpa de tu fracaso es sólo tuya. Y eso, insisto, es insultante para muchos trabajadores.


(…) Los que han llegado a la cima en la era de la globalización, llegaron a creer que su éxito era todo suyo porque lo habían ganado por sus propios méritos, y que los perdedores no tenían a nadie a quien culpar de su fracaso más que a ellos mismos. Eso refleja la idea meritocrática, porque si las posibilidades son iguales para todos, los ganadores merecen sus ganancias. A medida que estas actitudes se afianzaban, la arrogancia meritocrática llevó a los ganadores a creer que su éxito era el resultado de sus propios talentos y del trabajo duro, y llevó la desmoralización y la humillación a los perdedores. Y una de las formas más potentes y poderosas de reaccionar contra eso es la acción violenta y populista contra las élites. Muchos trabajadores sienten que las élites los desprecian, que no los respetan, no respetan el tipo de trabajo que hacen.


(…) Creo que deberíamos concentrarnos menos en preparar a la gente para la competencia meritocrática y centrarnos más en la dignidad del trabajo. Debemos impulsar medidas y políticas que hagan la vida mejor y más segura para los trabajadores, independientemente de cuáles sean sus logros y títulos académicos.


(…) Pero no me malinterprete: no digo que debamos abandonar el proyecto de igualdad de oportunidades. Ese es un proyecto muy importante, moral y políticamente. El error es asumir que crear más igualdad de oportunidades es una respuesta suficiente a las enormes desigualdades de ingresos y riqueza que ha provocado la globalización neoliberal.


(…) No debemos convertir la educación sólo en un instrumento de progreso económico, porque eso privará a nuestros hijos del amor por el aprender por el placer de aprender. Y otro aspecto importante que debemos inculcarles es que si tienen éxito el día de mañana será en parte gracias a su propio esfuerzo, pero en parte gracias también a sus maestros, a su comunidad, a su país, a los tiempos en que viven, a las circunstancias, a las ventajas de las que hayan podido disfrutar. Enseñar a nuestros hijos que su éxito sólo es resultado de su propio esfuerzo podría hacerles olvidar que están en deuda con los demás, incluida su comunidad. Debemos criar niños que tengan un sentido de gratitud y humildad cuando tengan éxito.


Michael Sandel, filósofo. Extractado de una entrevista de BBC News a propósito de su nuevo libro, «La Tiranía de la Meritocracia». Imagen: Memo.com.ar

Una pequeña figura en la Luna

Algunos hechos curiosos de las misiones Apolo y sus estadías lunares son desconocidos para el público en general, por eso nos gusta cada tanto hablar de ellos. En este caso, se trata de un sencillo memorial de la tripulación de la Apolo XV en homenaje a sus colegas caídos.

Un miembro de la tripulación de aquella misión introdujo a escondidas una pequeña figura y un certificado en la nave espacial, que fueron depositados sobre el suelo lunar. La placa muestra los nombres de 14 hombres que perdieron la vida mientras intentaban viajar al espacio, mientras que el muñeco de aluminio es un pequeño tributo a ellos.

La NASA se enteró de este hecho cuando el National Air and Space Museum quiso hacer réplicas de los objetos. Es más: el diseñador original del muñeco, el artista belga Paul Van Hoeydonck, ya había vendido algunas generando el consiguiente enojo de la agencia espacial.

La figura del astronauta, una escultura de aluminio de 8,5 cm de alto, fue diseñada para estar acostada y mirar hacia arriba, representado el sueño de viajar a las estrellas. Cuando se lo gira, se ve como un hombre a la mitad, como homenaje a aquellos que quedaron con sus sueños a medias.


Fuentes:
es.quora.com
– El astronauta caído. (2020, 22, feb). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 12:46, octubre 24, 2020 desde https://es.wikipedia.org/wiki/El_astronauta_ca%C3%ADdo

 

«Los desafíos son enormes, todo el mundo se tuvo que adaptar»

Angela Paladino, Micaela Villalba y Matías Miguel, miembros de la revista científica Palabra clave y de la carrera de Bibliotecología de la Universidad Nacional de La Plata, entrevistaron a Alejandro Tortolini, docente e investigador especializado en cultura digital, videojuegos y educación, y autor de la frase que encabeza esta entrada.

En la entrevista, publicada bajo el título «Tecnologías, inclusión digital y alfabetización informacional en pandemia (y postpandemia), Alejandro se refiere a la actual situación de exigencias tecnológicas en plena pandemia con sus carencias, limitaciones y necesidades en un plano realista, afirmando que, «en primer lugar los más perjudicados son aquellos que no tenían las herramientas adecuadas para conectarse por internet a los recursos educativos. En segundo lugar, aquellos que no tienen conocimientos. Entonces, obviamente, quienes van a ser los peores afectados son los que no tienen herramientas y los conocimientos. Después hay todo un arco en el otro extremo que, podemos decir, son los que tienen la conexión, conocimiento y, lo que yo llamo, fluidez tecnológica».

Repleta de reflexiones y con una mirada que busca correrse del solucionismo para abordar respuestas reales a los desafíos de la hora, la entrevista completa puede leerse haciendo clic AQUÍ.

Zuboff y el capitalismo de vigilancia

El capitalismo busca hace siglos cosas que no son aún parte de la dinámica del mercado para convertirlas en mercancías. Hoy tenemos un nuevo mundo, el digital. Pequeñas compañías intentaron averiguar cómo hacer dinero en él. Hubo una burbuja por las puntocom y explotó. Las compañías estaban desesperadas y los inversores se retiraban. En esa emergencia las compañías no tenían tiempo y en Google descubrieron un bosque virgen como nuevo espacio de extracción y mercantilización: nosotros, sobre todo nuestras experiencias privadas. Han plantado sus banderas en nuestras vidas. Y han dicho que es su material bruto y gratis, sus activos privados que vender como mercancía. Así nace el capitalismo de vigilancia y explica las capitalizaciones de Google, Facebook, cada vez más de Amazon, Microsoft, Apple y miles de compañías no solo en el sector tecnológico. El CEO de Ford dice que quiere atraer financiación como la de Google y Facebook pero nadie está interesado. Así que cambiarán Ford y será un sistema operativo de transporte que extraerá datos de la gente que conduce sus coches y los agregará con lo que tienen de ellos en Ford Credit para crear grandes bases de datos y atraer inversores. Es el dividendo de la vigilancia. (…) Con el 11-S se dejó de discutir en el Congreso sobre protección de derechos de privacidad. A esas compañías ya conocidas por su asalto a la privacidad se las dejó que se desarrollaran de manera que invadieran nuestra privacidad porque las agencias de inteligencia en EE.UU. y Europa, que no pueden recolectar esos datos, los obtendrían de ellas. Así, el capitalismo de la vigilancia ha tenido 20 años para desarrollarse sin ninguna ley que lo impida y se ha hecho tan peligroso para la gente, la sociedad y la democracia.

Shoshana Zuboff, catedrática emérita de la Harvard Business School, quién acaba de publicar ‘La era del capitalismo de la vigilancia’, en La Vanguardia

Objetivo: enojarnos entre nosotros

Al investigar las redes sociales (…) tenía 50000 usuarios de Twitter que elegí al azar (…) Unos cien eran bots [programas de computadora en línea que se ven y suenan como personas reales] rusos operados por la misma persona. [Los bots] siguen a personas reales y se siguen entre si. Hallamos unos ciento cincuenta mil bots en esta red [Twitter] (…) Nunca pensé que encontraría esto (…) Tuiteaban oraciones de novelas o manuales técnicos. Sus fotos de perfil eran fotos de archivo, de vez en cuando ponían emojis, se ponían «Me gusta» unos a otros, se seguían entre sí y se retuiteaban entre ellos. ¿Para qué lo hacían? No lo sabemos. A veces la gente arma enormes redes de bots solo por tenerlas para poder usarlas en el futuro. Se ven legítimas, y cuando quieren enviar spam o influenciar las elecciones, ya tienen cientos de miles de bots. Parte de su objetivo en las elecciones [en EE.UU.] y en el Brexit no ha sido necesariamente apoyar a uno u otro lado, sino enojarnos entre nosotros. Y eso es justo lo que hacen. Con un poco de habilidad técnica y mucha creatividad puedes tener un gran impacto.
Jennifer Golbeck, profesora de Estudios en Informática, Universidad de Maryland, en la serie documental «Conexiones», T01E04 (disponible en Netflix)

Dolina y lo que vendrá después de la pandemia

El Ministerio de Cultura de la Provincia de Santa Fe inaugura un ciclo de micros audiovisuales que intenta plantear interrogantes y algunas respuestas acerca de cómo será el pos Covid-19. Mujeres y hombres que provienen de los más diversos ámbitos analizan la dramática encrucijada global y sus efectos sobre el presente y el futuro.

En esta ocasión, la siempre lúcida mirada de Alejandro Dolina.


Fuente: Ministerio de Cultura de la Pcia. de Santa Fe

Las naves de Calígula y su tecnología asombrosa

La fotografía de aquí arriba, tomada a principios de la década de 1930, muestra los restos de una de las dos poderosas naves del emperador romano Calígula que se encontraban en el Lago de Nemi al sur de Roma.

Los restos de los naufragios fueron excavados en 1929, siendo trasladados luego al museo de Roma. Por desgracia, en mayo de 1944 el museo fue completamente destruido por un bombardeo por parte de los aliados, y por esa razón ninguno de los dos ha sobrevivido hasta nuestros días. Los italianos acusaron a los alemanes por el ataque estadounidense, pero las piezas ya estaba perdidas.

Estos barcos fueron únicos. Eran monumentales y estaban repletos de una tecnología asombrosa: 70 metros de largo y 24 de ancho, un sistema de suministro de agua fría y caliente y baños. Para los placeres privados del Emperador, contaban con una gran sala de estar, cocina y dormitorio, en una especie de palacio flotante. Todo en mármoles, oro y marfil.

Se hallaron entre los restos, además, tornillos de Arquímedes -los más antiguos conocidos hasta ahora-, un ancla de patrón de almirantazgo extremadamente rara y bombas de pistón -se encuentran nuevamente recién en la Edad Media-. Ambos tenían un sistema de esculturas móviles con un sistema de rodamiento de bolas.

Los barcos eran un poco diferentes entre sí: uno era una galera, impulsado por remos; otro navegaba con la fuerza del viento.

Por qué Calígula decidió construir estos grandes barcos en el pequeño Lago de Nemi, sigue siendo fuente de especulaciones. En la antigua Roma, el lago era sagrado y no se permitía navegar en su superficie. Es probable que el clima amigable de la zona haya jugado un papel decisivo.

Estos anillos de latón se recuperaron del naufragio en 1895. Estaban montados al final de las vigas en voladizo para fortalecer la estructura del barco, cerca de las posiciones de los remos.

La pérdida de estas asombrosas estructuras estremeció en su momento a la opinión pública en todo el mundo. Varias asociaciones continúan considerando aun hoy un intento de recrear estos dos monumentos, hasta hoy sin éxito a raíz de su elevado costo.


Fuente: Imperiun Romanum 

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