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Espacio

Marte y una panorámica de 1.8 billones de píxeles

El Jet Propulsion Laboratory de la NASA publicó el pasado 4 de marzo esta extraordinaria panorámica de nuestro vecino, el planeta rojo.

Esta panorámica de 360 ​​grados de Glen Torridon, región aledaña al Monte Sharp, fue tomada por el rover Curiosity Mars entre el 24 de noviembre y el 1 de diciembre de 2019, cuando el equipo de la misión estaba de vacaciones por el Día Acción de Gracias, la tradicional celebración del cuarto jueves de noviembre en el país del norte.

Dado que el rover estaría detenido haciendo algunas otras tareas, a la espera del regreso del equipo con los siguientes comandos, tuvo la rara oportunidad de obtener imágenes de su entorno varios días seguidos. El mosaico está compuesto por más de 1,000 imágenes cuidadosamente ensambladas durante los meses siguientes. La versión más grande contiene casi 1,8 mil millones de píxeles de paisaje marciano.

Hay más información sobre esta panorámica en un video narrado por el científico del proyecto Curiosity Ashwin Vasavada (en inglés con cc), que puede verse haciendo clic en el link https://youtu.be/X2UaFuJsqxk

Para obtener más información sobre la misión, se puede visitar el sitio del Mars Exploration Program.


Fuente: Mars Exploration Program

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Un robot para recoger la basura espacial

Representación artística de lo que podría llegar a suceder, de no hallar una pronta solución

El síndrome de Kessler o cascada de ablación es un escenario planteado por Donald J. Kessler, consultor de la NASA, según el cual el volumen de basura espacial en órbita baja terrestre sería tan alto que los objetos en órbita serían impactados con frecuencia por ella, generado así más basura y un mayor riesgo de otros impactos. 

Cuando un satélite deja de funcionar o ya no es necesario, quedan allí en su órbita. Esos satélites muertos o partes de ellos representan una amenaza. Evitar colisiones mediante maniobras evasivas consume combustible y tiempo, y esos objetos en órbita no pueden ser controlados desde la Tierra, por lo que no hay forma de prevenir una colisión.

A modo de ejemplo y según la NASA, un pequeño fragmento como una mancha de pintura de 1 cm viajando a 10 km/s puede provocar el mismo daño que un objeto de 250 kg a 100 km/h en la Tierra. Si en cambio, el tamaño del fragmento fuera de 10 cm, dicho proyectil tendría una fuerza aproximada de 7 kg de TNT. Una verdadera pesadilla.

Ante este panorama, la Agencia Espacial Europea (ESA) ha anunciado un plan para atajar ese problema en crecimiento mediante la misión Clearspace-1, un consorcio entre Clearspace y la ESA.

El objetivo principal de ClearSpace-1 será un objeto de 100 kg dejado a unos 800 km sobre la Tierra por el lanzador Vega en el año 2013, relativamente ligero y fácil de capturar. Será capturado con cuatro brazos robóticos que lo arrastrarán fuera de la órbita de la Tierra, para finalmente terminar ardiendo ambos en la atmósfera.

El objetivo a futuro es crear un robot de limpieza permanente que pueda expulsar basura espacial a la atmósfera sin tener que desprenderse de la propia nave en cada operación de limpieza. Por el momento se trata de probar si el concepto funciona.


Fuentes:
Wikipedia
NASA Ciencia
Muy Interesante
Clearspace Today
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Magnífica desolación: los 50 años de la llegada a la Luna

Tras sus primeros pasos cautelosos sobre el suelo lunar Buzz Aldrin, el segundo ser humano en hacer pie en la Luna, dejó registrada para la historia su impresión sobre lo que tenía delante de sus ojos: “Hermosa vista, magnifica desolación” fueron sus palabras.

Sus ojos, por un instante nuestros ojos, intentaban explicarnos de qué se trataba aquella aventura inédita: estábamos en la Luna.

En el siguiente video, un relato de la que tal vez sea la mayor hazaña tecnológica de la humanidad: la llegada del hombre a la Luna. Sin dudas, y al decir del comandante Neil Armstrong, un gran salto para la humanidad. Un salto dado con el impulso de los avances tecnológicos y el esfuerzo conjunto tras un objetivo.

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Algo sobre la historia detrás de la primera foto de un agujero negro

La primera fotografía de un agujero negro, que se dio a conocer el último miércoles y que se encuentra a 55 millones años luz de la Tierra, fue posible gracias a la experta en ciencias de la computación Katie Bouman, de 29 años, quién lideró el desarrollo de un programa informático con el que se obtuvo la foto.

Bouman comenzó a desarrollar el algoritmo hace tres años cuando era estudiante de posgrado, con la asistencia de un equipo del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT, el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y el Observatorio Haystack del MIT.

¿Cómo se tomó la fotografía del agujero negro?

Bouman explicaba en noviembre de 2016 cómo podemos tomar una fotografía de la oscuridad máxima con el Telescopio Event Horizon. (Para activar los subtítulos, debes hacer clic en el ícono ubicado en el vertice inferior derecho del video).

Viendo lo invisible

En el corazón de la Vía Láctea hay un agujero negro supermasivo, que se alimenta de un disco giratorio de gas caliente y aspira todo lo que se aventura demasiado cerca, incluso la luz. Es una concentración de masa tan grande, tan colosal, que produce una ‘rasgadura’ o curvatura en el tejido espacio-tiempo que cubre el universo. No podemos verlo, pero su horizonte de eventos proyecta una sombra, y una imagen de esa sombra podría ayudar a responder algunas preguntas importantes sobre el universo. Los científicos solían pensar que hacer una imagen de este tipo requeriría un telescopio del tamaño de la Tierra, hasta que Katie Bouman y un equipo de astrónomos propusieron una alternativa inteligente.

Lo que se observa de esta región finita del espacio es su sombra central, rodeada de un anillo luminoso de fotones y gas caliente que fluye alrededor. Está ubicado en el centro de la vecina galaxia Messier 87, localizada en la constelación de Virgo.

¿El próximo paso? Los científicos ya están trabajando en algoritmos que permitan reconstruir la evolución temporal de la imagen, que podríamos tener en menos de cinco años.


Fuentes de imagen, video y texto:
TED
BBC Mundo
Agencia SinC
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Los ingenieros del MIT y la NASA desarrollan un nuevo tipo de ala de avión

Un equipo de ingenieros ha construido y probado un tipo de ala de avión radicalmente nueva, ensamblada a partir de cientos de diminutas piezas idénticas. El ala puede cambiar de forma para controlar el vuelo del avión, y podría proporcionar un aumento significativo en la producción de aeronaves y la eficiencia de mantenimiento, según los investigadores.

El nuevo diseño del ala se probó en un túnel de viento de la NASA. En lugar de requerir superficies móviles separadas, como alerones para controlar el giro y la inclinación del avión, el nuevo sistema de ensamblaje permite deformar toda la ala o partes de ella, incorporando una mezcla de componentes rígidos y flexibles en su estructura. El resultado es un ala que es mucho más ligera y eficiente en el uso de la energía que las convencionales.

Si bien sería posible incluir motores y cables para producir las fuerzas necesarias para deformar las alas, el equipo ha dado un paso más allá y ha diseñado un sistema que responde automáticamente a los cambios en sus condiciones de carga aerodinámica cambiando su forma. Todo esto se logra mediante el diseño cuidadoso de las posiciones relativas de los puntales con diferentes cantidades de flexibilidad o rigidez, diseñados para que el ala se doble de maneras específicas en respuesta a tipos particulares de tensiones. Debido a que la configuración general del ala u otra estructura se construye a partir de pequeñas subunidades, realmente no importa cuál sea la forma.

El mismo sistema podría usarse para hacer otras estructuras también, incluidas las palas de aerogeneradores similares a las alas, donde la capacidad de hacer el ensamblaje en el sitio podría evitar los problemas de transporte de palas cada vez más largas. Se están desarrollando ensamblajes similares para construir estructuras espaciales, y eventualmente podrían ser útiles para puentes y otras estructuras de alto rendimiento.


Fuente: MIT News
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