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Gente que dice

Gente que nos hace pensar.

Carlos Skliar y una reflexión sobre la escuela pos pandemia

Carlos Skliar, escritor que se desempeña como investigador principal del Conicet, fue entrevistado a mediados de mayo por Eduardo Aliverti para su programa “Marca de radio”. En la conversación se reflexiona sobre qué pasará con la educación pos pandemia. Y se plantea una cuestión a resolver: ¿humanismo o tecnocracia? ¿quién ganará esta “batalla”?

Hace años que muchos docentes y especialistas del área venimos alertando sobre esto. Me alegra y me entristece a la vez, que una pandemia ponga finalmente este tema sobre la mesa.

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La falsa utopía del fracking

Los discursos de moda en los medios plantean a Vaca Muerta y la extracción de hidrocarburos no convencionales como el típico salvataje que tantas veces se anunció en la historia argentina.

Martín Alvarez Mullaly, integrante del Observatorio Petrolero Sur, cuenta el otro lado de la historia: empresas extractivas subsidiadas por el Estado, otras que se funden, costos enormes, destrucción, pocos beneficios reales para el país, y una estructura de producción que, en plan ya sea neoliberal o desarrollista, parece generadora más de problemas que de soluciones.

En el tema fracking, paradójicamente, no hay grietas. La mirada sobre el futuro energético.


Fuente: LaVaca.org
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Sobre la judicialización de situaciones educativas

“Judicialización de las relaciones escolares. Conversaciones con Philippe Meirieu” es un libro coordinado por Gabriel Brener, Gustavo Galli y Marcela Martínez y editado por Noveduc. Los autores, que se desenvuelven en el ámbito educativo en distintos roles, repasan en una conversación con Página/12 el eje de la problemática que abordan en él:

Advertimos un desplazamiento de lo pedagógico hacia lo punitivo y eso nos preocupa. Necesitamos construir escuelas más democráticas con comunidades con mucha presencia, diversas, heterogéneas, plurales.

Los especialistas explican en el mencionado reportaje, que comenzaron la investigación en 2017 en la Universidad Nacional de Hurlingham, al notar que las escuelas se encuentran atravesadas por discursos y prácticas relacionadas con lo jurídico que limitan y obstaculizan las prácticas de enseñanza, a la vez que son vividas como una fuerte presión sobre el trabajo docente. “Limitan, empobrecen y también disciplinan” concluyen, terminantes, los autores. Esta preocupación por los vínculos, la convivencia, la construcción de la comunidad y de la autoridad pedagógica fue el disparador para procurar entender cómo se fue construyendo este problema: lo jurídico permeó en las escuelas e influye en la construcción de las subjetividades docentes, de los y las estudiantes y de las familias.

Lo que los especialistas llaman “judicialización” de las escuelas surge de observar, por un lado que las diferencias que surgen entre las familias entre sí o de las familias con la escuela pasan rápidamente a dirimirse en forma de litigio y no a través del diálogo en el propio escenario escolar. El agravante: una punitivización de los conflictos por parte del propio Estado, que buscó disciplinar a directivos, profesores, estudiantes y estudiantes. A todo esto se suma lo cotidiano, que se expresa en el peso de la “responsabilidad civil”: la responsabilidad adquirió un lugar preponderante en la escuela.

Sin dejar de reconocer la necesidad de regular normativamente los intercambios en las instituciones, surge la sospecha de que la centralidad la responsabilidad civil se erige como la expresión de la inseguridad ante los eventos que pudieran tener lugar en la institución. La pasión por la responsabilidad civil representa la necesidad de sentirse a resguardo.

La judicialización construye cierto tipo de subjetividades que priorizan lo individual, despolitizan los vínculos y operan como limitante sobre algunas prácticas de cuidado y afectivas. Como muestra, algunos ejemplos resultantes: el temor a cambiar pañales a niños y niñas, o la imposibilidad de demostrar afecto con un abrazo o una caricia. De este modo se produce un repliegue de la comunidad sobre sí misma empobreciendo las prácticas pedagógicas, en las que el otro es rápidamente desplazado al lugar de enemigo potencial en vez de aliado potencial. Los vínculos horizontales van perdiendo fuerza en pos de una fragmentación individualista. Esto repercute en el modo de relación entre las personas que habitan las instituciones hasta llegar incluso a naturalizar cualquier caricia como un acto de corrupción, sembrando desconfianza y deshumanización.

Los autores hacen referencia también a una “neoeducación mercantilizante”, que consistiría en aquellas prácticas en la educación que en las que se busca colonizar el pensamiento y aplicar lógicas de mercado a los vínculos que se construyen en la escuelas, profundizando propuestas meritocráticas, individualizantes, que entronizan la competencia entre estudiantes o que apelan la construcción de un sujeto que se procure por sí y para sí lo que necesita. Todo lo “auto” (autoemprendedores, autoestima, autogestión, autoevaluación, etc.) se impone justamente sobre lo colectivo. Este tipo de educación es un caldo de cultivo para la judicialización de las relaciones en la escuela, un clima de darwinismo educativo en el que cada cual juega su juego, se enaltece el esfuerzo individual como única fuente de crecimiento y el mérito se presenta como un asunto absolutamente despojado de las condiciones que lo hacen factible.

El rol del docente según esta pedagogía, cambia al rol de de un adulto escolar más en sintonía con un abogado o fiscal y menos como un docente. Para dejar de buscar culpables y resolver solo con el castigo, volviendo sobre la encerrona de la omnipotencia de la pedagogía moderna que tan lucidamente cuestiona Philippe Meirieu en Frankestein Educador, es que la investigación retoma el desafío de encontrar nuevas maneras de ejercer la docencia y construir autoridad pedagógica. Menos como imposición o demagogia y más como un proceso de autorización en la enseñanza, el cuidado de las nuevas generaciones y un diálogo autentico intergeneracional.


Fuente: Página/12

 

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Reflexiones después del glifosato, las corporaciones y el cáncer

El ingeniero agrónomo Damián Pettovello fue un exitoso “asesor master” como evaluador de pesticidas de empresas como Bayer y Dupont.

Pero empezó a dudar sobre los efectos de lo que hacía: algo le estaba haciendo ruido, hasta que el cuerpo le dijo algo que él no había imaginado: le detectaron cáncer. Dejó la profesión, reflexionó, habló con su colega y amigo Facundo Alvira, cuya esposa también fue diagnosticada con cáncer, y resolvieron abandonar el modelo transgénico y de fumigaciones. Abandonaron también ese éxito profesional que les brindaba buen dinero, creando una experiencia agroecológica llamada Tekoporá, en Lincoln y Trenque Lauquen, en la provincia de Buenos Aires.

Damián es de las personas que vio el otro lado de las cosas: cómo es ese éxito económico, un negacionismo sobre lo que ocurre en la realidad. Explica cómo el propio modelo es el que genera la debilidad de los cultivos que obliga a fumigar cada vez más, para beneficio casi exclusivo de las corporaciones mientras se destruyen los suelos y las comunidades.

En esta edición de Decí Mu el Ing. Pettovello explica qué es la agroecología frente a un modelo que por definición está destinado a contaminar y enfermar, mientras vacía los campos.


Fuente (audio e imagen): Programa Decí Mu
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A creencias absurdas, nada mejor que respuestas sencillas

Ante la sorpresiva -o no tanto, teniendo en cuenta los contenidos de algunos medios- y masiva difusión de las creencias de los terraplanistas, recurrimos a la ayuda de un divulgador serio para que explique la cuestión del modo más simple posible, que hasta un niño pueda entenderlo y aun demostrarlo por sí mismo.

El terraplanismo es un movimiento que se inició con la Flat Earth Society en la década del 50, pretendidamente científico pero meramente conspiranoico. Quienes abonan esta creencia -no corresponde llamarla “teoría” porque para ello debería tener cierto grado de observación y experimentación- afirman que la NASA y las agencias espaciales mienten con imágenes trucadas de una Tierra redonda.

Seguramente achacarán al nuevo orden mundial o algo por el estilo, la aparición en la historia de un personaje como Eratóstenes, matemático, astrónomo y geógrafo griego, quién concibió por primera vez la geografía como una disciplina sistemática y fue el autor de la experiencia descrita en el video.

Aquí, la explicación de la mano del recordado divulgador Carl Sagan, cientos de años después de que aquella creencia de la Tierra plana fuera erradicada por el conocimiento científico.

Yo hago esta experiencia con mis alumnos para que sepan, para que entiendan que con lógica, criterio y experimentación se lograron los más grandes avances en la historia del conocimiento.

Quién diría que esta explicación volvería a tener vigencia, ya no para conocer el genio del gran geógrafo griego sino para desmantelar una creencia errónea que suponíamos resuelta.

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Saber lo que somos

 

Hoy leía sobre Harriet Tumban, una abolicionista de finales del siglo XIX y principios del XX. Ella dijo en cierta ocasión, “Yo he liberado a miles de esclavos y hubiera liberado a miles más, tan solo si ellos hubieran sabido que lo eran”.

Lo interesante de esta visión maravillosa, de esta comprensión profunda de la vida y de las personas, además de ser el reflejo de su compromiso y valor, es que proviene de una persona analfabeta.

Cuando uno observa a gente que tuvo el beneficio de la instrucción repetir con gran seguridad y convicción las afirmaciones más estrafalarias como si fueran verdades reveladas, sin verificar su veracidad -por caso, teorías conspirativas, noticias falsas, mitos y fantasías varias-, quedarían pocas dudas de que la ignorancia no es el problema, sino la estupidez. La estupidez de afirmar sin saber; la de no dudar, la de no reflexionar antes de siquiera aceptar una idea.

Pienso en nosotros, docentes. Desde la escuela secundaria podemos hacer mucho exigiendo trabajo, rigor y precisión en la búsqueda del conocimiento. Ese acto parecido a la soberbia y que muchas veces se tolera, de copiar y pegar el primer resultado del buscador y llamarlo “investigación”, es la tragedia del ignorante.

Los chinos, con su sabiduría ancestral, aseguran que “conocer nuestra ignorancia es la mejor parte del conocimiento”.


Crédito imagen: harriet-tubman.org
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Jaron Lanier y los algoritmos de los gigantes de datos

En realidad, conozco los algoritmos. No soy un extraño que mira y critica. Hablo como científico informático, no como científico social o psicólogo. Desde esa perspectiva, puedo ver que el tiempo se está acabando. El mundo está cambiando rápidamente bajo nuestro mando, por lo que no hacer nada no es una opción. El algoritmo está tratando de captar los parámetros perfectos para manipular el cerebro, mientras que el cerebro, para hallar un significado más profundo, está cambiando en respuesta a los experimentos del algoritmo… Ya que el estímulo no significa nada para el algoritmo, pues es genuinamente aleatorio, el cerebro no está respondiendo a algo real, sino a una ficción. El proceso -de engancharse en un elusivo espejismo- es una adicción.
Jaron Lanier, escritor, informático y compositor estadounidense, y pionero en el campo de la realidad virtual.

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