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Gente que dice

Gente que nos hace pensar.

“Los desafíos son enormes, todo el mundo se tuvo que adaptar”

Angela Paladino, Micaela Villalba y Matías Miguel, miembros de la revista científica Palabra clave y de la carrera de Bibliotecología de la Universidad Nacional de La Plata, entrevistaron a Alejandro Tortolini, docente e investigador especializado en cultura digital, videojuegos y educación, y autor de la frase que encabeza esta entrada.

En la entrevista, publicada bajo el título “Tecnologías, inclusión digital y alfabetización informacional en pandemia (y postpandemia), Alejandro se refiere a la actual situación de exigencias tecnológicas en plena pandemia con sus carencias, limitaciones y necesidades en un plano realista, afirmando que, “en primer lugar los más perjudicados son aquellos que no tenían las herramientas adecuadas para conectarse por internet a los recursos educativos. En segundo lugar, aquellos que no tienen conocimientos. Entonces, obviamente, quienes van a ser los peores afectados son los que no tienen herramientas y los conocimientos. Después hay todo un arco en el otro extremo que, podemos decir, son los que tienen la conexión, conocimiento y, lo que yo llamo, fluidez tecnológica”.

Repleta de reflexiones y con una mirada que busca correrse del solucionismo para abordar respuestas reales a los desafíos de la hora, la entrevista completa puede leerse haciendo clic AQUÍ.

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Los docentes y las pantallas: entre la imprevisión y el maltrato

Alertábamos, en el inicio mismo de la cuarentena y las clases virtuales, sobre la falta en el país de estrategias para la capacitación docente en el uso de las nuevas tecnologías. Y en aquel momento, lo que parecía una exageración -la compraventa de “humo informático”, aquellos discursos de los gurúes del marketing y la venta digital que hablan de educación, en lugar de una capacitación en serio para todos los docentes- hoy, quedaría demostrado, no solo produce metafóricamente víctimas del virus más mortal, la ignorancia, sino algo más real y concreto: el estrés, el cansancio, la frustración y hasta daños en la salud de los docentes. 

Al menos así lo demostraría un artículo publicado el pasado 19 de agosto en Redacción Rosario y firmado por la periodista Marcela Isaías, titulado “Pantallas sin tiempo”. Un párrafo de la nota tal vez resuma el tenor de las vivencias docentes y sus reclamos:

El doble o el triple de trabajo. Muchas horas frente a las pantallas y otras tantas preparando las clases para una modalidad que la mayoría aprendió sobre la marcha. Todos los recursos salen del propio bolsillo docente: desde celulares hasta computadoras, además de los gastos para sostenerlos (pago de datos móviles, abonos de internet y mantenimiento de equipos). Tan es así que las clases dependen del aporte directo que hace la docencia. Es decir, son quienes en este momento sostienen la enseñanza. Aún así, aseguran que no siempre se valora la tarea que hay detrás del armado de una clase virtual; es más, han escuchado recriminar a las familias: ‘Mandan un videíto y listo’.

Así, la periodista recoge diferentes testimonios que describen lo heterogénea que es esta educación, desde sentirse acompañados por las instituciones o bien trabajando como en un call center.

El Ministerio de Educación provincial convocó a una capacitación docente, apenas terminado el receso de invierno: contrariamente a lo esperado y por lo intempestivo de la noticia, cada escuela decidió abordarla de acuerdo a su conveniencia -o intereses, por cierto- añadiendo aún más desconcierto y más presión.

Órdenes y contraórdenes de parte del Ministerio, salarios congelados, escuelas privadas que presionan para satisfacer a las familias, inestabilidad y sobrecarga, y hasta tarea social -entrega de bolsones para que no falte comida, en las zonas desfavorecidas-, son parte del menú diario de dificultades que perciben los docentes. Esto, sumado a la situación de algunas familias, desbordadas de trabajo.

Exigencia, exigencia y más exigencia parece ser la realidad actual que viven los docentes, una realidad que golpea.

La nota completa puede leerse haciendo clic AQUÍ

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Morduchowicz: “Estamos en un momento filosófico, con más preguntas que respuestas”

La expresión pertenece al economista y especialista en política educativa Alejandro Morduchowicz. El disparador: su artículo “Pensar el futuro sin poder salir del pasado” y la certeza de que la tarea de pensar un futuro pos pandemia no es sencilla. Y arriesga: “para determinadas cuestiones, ni siquiera podemos pensar el futuro: lo máximo que podemos hacer es pensar cómo pensarlo”. La incertidumbre se entiende: “nos tuvimos que abocar, de golpe, a imaginar lo que vendrá”.

A continuación, algunos párrafos del texto para pensar cómo pensar el futuro:

El gobierno de la educación

Nuestra forma de pensar el futuro sigue estando permeada por nuestra forma de ver el pasado. Y sobre ese pasado han estado actuando los gobiernos, ofreciendo más recursos (digitales, audiovisuales, cuadernillos, infraestructura) y más regulaciones (sobre todo, protocolos para la vuelta a la escuela). En fin, variantes sobre un mismo tema. Como decía Keynes, el reto no es encarar lo nuevo, sino abandonar lo viejo. (…) Solo hay deseo y necesidad de volver al viejo mundo conocido (…) Se salió del paso como se pudo. Hubo quienes criticaron la improvisación. Para mí no fue ese el problema: todos habríamos improvisado; la pandemia fue algo totalmente inesperado. Lo inquietante fue la (falta de) preparación de nuestros sistemas para la improvisación. Ese sigue siendo uno de nuestros grandes déficits institucionales.

El cambio educativo

Por mi parte, por ejemplo, me pregunto si hay señales que indiquen que: aumentará el financiamiento y lo que se deriva del mismo -mayores salarios, mejores condiciones materiales para el aprendizaje- y si cambiarán algunas regulaciones, sobre todo las que tienen que ver con la asignación de recursos y el fortalecimiento escolar. Si las respuestas son negativas, no voy a esperar ningún gran cambio. (…) A veces creo que quienes sostienen que “la escuela debe cambiar” (pregunto: ¿cómo? ¿con qué? ¿para qué? ¿hacia dónde?) no perciben o no conocen el funcionamiento de los sistemas altamente regulados que lo impedirían. Además, ¿a quién le hablan? ¿a los directivos y docentes escolares? ¿a las autoridades? ¿a las familias? ¿a sus pares? ¿De dónde sale la ilusión de creer que habrá un cambio? ¿Cómo se genera? En todo caso, ¿por qué se debería producir? Y, de tener lugar, ¿será espontáneo? ¿Cuál es la secuencia lógica de los hechos que llevarán a la escuela hacia ese cambio? Como decía, en lo inmediato, solo veo deseos y necesidad de volver a lo anterior. Incluso creo que las familias quieren lo mismo.

La autonomía escolar

Tal como están las cosas, la fuerza de las circunstancias hace que solo se esté configurando una “autonomía boba” o “perversa” en que las escuelas serán responsables de todo, pero tendrán recursos para nada. (…) Se le pide o demanda a la escuela más de lo que puede dar. Como se sabe, es una organización que, para alcanzar su máxima eficacia, presupone unas condiciones dadas sin las cuales se verá limitada. Con el incremento de la pobreza, esas condiciones serán peores, no mejores. (…) Mi gran duda es cómo se comportarán directivos y docentes. ¿Tendrán la suficiente conciencia “de clase” para exigir espacios de autonomía? ¿Se habrán dado cuenta de que las administraciones educativas estuvieron presentes, pero a la vez ausentes? ¿Qué les podrían pedir? Más inquietante es la contraparte, el Estado: ¿qué les puede dar?

La tecnología educativa

Rechazadas antes, miradas con recelo ahora, festejadas por algunos siempre, su progresivo acercamiento a gobiernos, regalando licencias incluso, hará que se destinen más recursos a dispositivos, conectividad… y a los propios programas educativos. La perplejidad y la necesidad de dar respuestas han hecho que los gobiernos se vayan apoyando progresivamente en ellas. Ante el vacío de propuestas, las tecnologías (desde la radio, pasando por la televisión hasta llegar al teléfono con el WhatsApp y las plataformas más sofisticadas) se presentaron como la única vía para generar la llamada “continuidad pedagógica”. (..) Oponerse a las tecnologías no es una solución, pero aceptarlas sin más, tampoco. (…) Lo que importa es cómo actúen los gobiernos y las políticas que implementen frente a estas propuestas tecnológicas.

Una sociedad tan segregada es inviable

¿Por qué va a cambiar algo cuyos resultados están tan lejos e inciertos como son los de la educación? El carácter diferido de sus beneficios es tan grande que ni siquiera está en un segundo plano en las preocupaciones de nadie. Quienes tienen los medios, se creen exentos de esta cuestión y suponen que la salida es individual. Pero olvidan que una sociedad tan segregada es inviable. (…)
Preocupados por la salud, la economía y la seguridad, no terminamos de tomar conciencia de la gravedad y urgencia de no considerar la educación como un problema social. Por eso no está incluida en la agenda pública. No será un problema inmediato, pero no por eso deja de ser urgente. Más temprano que tarde pagaremos esta forma de no ver a la educación.

El artículo completo puede leerse haciendo clic AQUÍ


Imagen: LifeAndStyle
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Daniel Brailovsky: “Poner lo pedagógico por delante de las tecnologías”

¿Qué implica mudar la escuela al mundo virtual? Esa es la pregunta que se propuso responder en los primeros días de la cuarentena Daniel Brailovsky, docente y doctor en Educación, allá por el mes de abril. Me parece importante contextualizar, a fin de utilizar lo dicho en la conferencia no solo como recurso para actividades futuras -si fuera el caso- sino también como una especie de reflexión sobre las propias prácticas y percepciones luego de 4 meses de actividad en línea, con toda la carga de logros, aprendizajes y, por qué no, frustraciones que trae aparejada esta experiencia en gran medida novedosa para la mayoría de los involucrados.

El especialista entonces propone preguntarnos qué necesitamos para seguir enseñando desde esta virtualidad forzosa. Y la respuesta es por demás interesante: con recursos informáticos pero también desplegando otros dispositivos tan antiguos y nobles como son el relato, el apunte, la conversación o el juego.

Educación con lo pedagógico por delante. O deberíamos decir, desempolvando lo que es obvio pero está sepultado bajo el discurso tecnófilo.

Así estamos.

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Tecnología y educación: la importancia de desmitificar

Con claridad de conceptos, ejemplos ilustrativos  y abundantes referencias, el docente universitario y especialista Alejandro Tortolini hace un recorrido por los mitos, y por qué no temores, a la hora de utilizar nuevas tecnologías en la educación, cuestión que se vuelve álgida en estos tiempos de pandemia y virtualidad. Y se pregunta, ¿las limitaciones son nuestras o de los dispositivos?

En lo personal, creo que nos hacen falta más voces como esta.

 

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Carlos Skliar y una reflexión sobre la escuela pos pandemia

Carlos Skliar, escritor que se desempeña como investigador principal del Conicet, fue entrevistado a mediados de mayo por Eduardo Aliverti para su programa “Marca de radio”. En la conversación se reflexiona sobre qué pasará con la educación pos pandemia. Y se plantea una cuestión a resolver: ¿humanismo o tecnocracia? ¿quién ganará esta “batalla”?

Hace años que muchos docentes y especialistas del área venimos alertando sobre esto. Me alegra y me entristece a la vez, que una pandemia ponga finalmente este tema sobre la mesa.

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La falsa utopía del fracking

Los discursos de moda en los medios plantean a Vaca Muerta y la extracción de hidrocarburos no convencionales como el típico salvataje que tantas veces se anunció en la historia argentina.

Martín Alvarez Mullaly, integrante del Observatorio Petrolero Sur, cuenta el otro lado de la historia: empresas extractivas subsidiadas por el Estado, otras que se funden, costos enormes, destrucción, pocos beneficios reales para el país, y una estructura de producción que, en plan ya sea neoliberal o desarrollista, parece generadora más de problemas que de soluciones.

En el tema fracking, paradójicamente, no hay grietas. La mirada sobre el futuro energético.

La entrevista completa se puede escuchar haciendo clic AQUÍ.


Fuente (texto e imagen): LaVaca.org

 

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Sobre la judicialización de situaciones educativas

“Judicialización de las relaciones escolares. Conversaciones con Philippe Meirieu” es un libro coordinado por Gabriel Brener, Gustavo Galli y Marcela Martínez y editado por Noveduc. Los autores, que se desenvuelven en el ámbito educativo en distintos roles, repasan en una conversación con Página/12 el eje de la problemática que abordan en él:

Advertimos un desplazamiento de lo pedagógico hacia lo punitivo y eso nos preocupa. Necesitamos construir escuelas más democráticas con comunidades con mucha presencia, diversas, heterogéneas, plurales.

Los especialistas explican en el mencionado reportaje, que comenzaron la investigación en 2017 en la Universidad Nacional de Hurlingham, al notar que las escuelas se encuentran atravesadas por discursos y prácticas relacionadas con lo jurídico que limitan y obstaculizan las prácticas de enseñanza, a la vez que son vividas como una fuerte presión sobre el trabajo docente. “Limitan, empobrecen y también disciplinan” concluyen, terminantes, los autores. Esta preocupación por los vínculos, la convivencia, la construcción de la comunidad y de la autoridad pedagógica fue el disparador para procurar entender cómo se fue construyendo este problema: lo jurídico permeó en las escuelas e influye en la construcción de las subjetividades docentes, de los y las estudiantes y de las familias.

Lo que los especialistas llaman “judicialización” de las escuelas surge de observar, por un lado que las diferencias que surgen entre las familias entre sí o de las familias con la escuela pasan rápidamente a dirimirse en forma de litigio y no a través del diálogo en el propio escenario escolar. El agravante: una punitivización de los conflictos por parte del propio Estado, que buscó disciplinar a directivos, profesores, estudiantes y estudiantes. A todo esto se suma lo cotidiano, que se expresa en el peso de la “responsabilidad civil”: la responsabilidad adquirió un lugar preponderante en la escuela.

Sin dejar de reconocer la necesidad de regular normativamente los intercambios en las instituciones, surge la sospecha de que la centralidad la responsabilidad civil se erige como la expresión de la inseguridad ante los eventos que pudieran tener lugar en la institución. La pasión por la responsabilidad civil representa la necesidad de sentirse a resguardo.

La judicialización construye cierto tipo de subjetividades que priorizan lo individual, despolitizan los vínculos y operan como limitante sobre algunas prácticas de cuidado y afectivas. Como muestra, algunos ejemplos resultantes: el temor a cambiar pañales a niños y niñas, o la imposibilidad de demostrar afecto con un abrazo o una caricia. De este modo se produce un repliegue de la comunidad sobre sí misma empobreciendo las prácticas pedagógicas, en las que el otro es rápidamente desplazado al lugar de enemigo potencial en vez de aliado potencial. Los vínculos horizontales van perdiendo fuerza en pos de una fragmentación individualista. Esto repercute en el modo de relación entre las personas que habitan las instituciones hasta llegar incluso a naturalizar cualquier caricia como un acto de corrupción, sembrando desconfianza y deshumanización.

Los autores hacen referencia también a una “neoeducación mercantilizante”, que consistiría en aquellas prácticas en la educación que en las que se busca colonizar el pensamiento y aplicar lógicas de mercado a los vínculos que se construyen en la escuelas, profundizando propuestas meritocráticas, individualizantes, que entronizan la competencia entre estudiantes o que apelan la construcción de un sujeto que se procure por sí y para sí lo que necesita. Todo lo “auto” (autoemprendedores, autoestima, autogestión, autoevaluación, etc.) se impone justamente sobre lo colectivo. Este tipo de educación es un caldo de cultivo para la judicialización de las relaciones en la escuela, un clima de darwinismo educativo en el que cada cual juega su juego, se enaltece el esfuerzo individual como única fuente de crecimiento y el mérito se presenta como un asunto absolutamente despojado de las condiciones que lo hacen factible.

El rol del docente según esta pedagogía, cambia al rol de de un adulto escolar más en sintonía con un abogado o fiscal y menos como un docente. Para dejar de buscar culpables y resolver solo con el castigo, volviendo sobre la encerrona de la omnipotencia de la pedagogía moderna que tan lucidamente cuestiona Philippe Meirieu en Frankestein Educador, es que la investigación retoma el desafío de encontrar nuevas maneras de ejercer la docencia y construir autoridad pedagógica. Menos como imposición o demagogia y más como un proceso de autorización en la enseñanza, el cuidado de las nuevas generaciones y un diálogo autentico intergeneracional.


Fuente: Página/12

 

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Reflexiones después del glifosato, las corporaciones y el cáncer

El ingeniero agrónomo Damián Pettovello fue un exitoso “asesor master” como evaluador de pesticidas de empresas como Bayer y Dupont.

Pero empezó a dudar sobre los efectos de lo que hacía: algo le estaba haciendo ruido, hasta que el cuerpo le dijo algo que él no había imaginado: le detectaron cáncer. Dejó la profesión, reflexionó, habló con su colega y amigo Facundo Alvira, cuya esposa también fue diagnosticada con cáncer, y resolvieron abandonar el modelo transgénico y de fumigaciones. Abandonaron también ese éxito profesional que les brindaba buen dinero, creando una experiencia agroecológica llamada Tekoporá, en Lincoln y Trenque Lauquen, en la provincia de Buenos Aires.

Damián es de las personas que vio el otro lado de las cosas: cómo es ese éxito económico, un negacionismo sobre lo que ocurre en la realidad. Explica cómo el propio modelo es el que genera la debilidad de los cultivos que obliga a fumigar cada vez más, para beneficio casi exclusivo de las corporaciones mientras se destruyen los suelos y las comunidades.

En esta edición de Decí Mu el Ing. Pettovello explica qué es la agroecología frente a un modelo que por definición está destinado a contaminar y enfermar, mientras vacía los campos.

Para escuchar la entrevista completa, haga clic AQUÍ.


Fuente (audio e imagen): Programa Decí Mu
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A creencias absurdas, nada mejor que respuestas sencillas

Ante la sorpresiva -o no tanto, teniendo en cuenta los contenidos de algunos medios- y masiva difusión de las creencias de los terraplanistas, recurrimos a la ayuda de un divulgador serio para que explique la cuestión del modo más simple posible, que hasta un niño pueda entenderlo y aun demostrarlo por sí mismo.

El terraplanismo es un movimiento que se inició con la Flat Earth Society en la década del 50, pretendidamente científico pero meramente conspiranoico. Quienes abonan esta creencia -no corresponde llamarla “teoría” porque para ello debería tener cierto grado de observación y experimentación- afirman que la NASA y las agencias espaciales mienten con imágenes trucadas de una Tierra redonda.

Seguramente achacarán al nuevo orden mundial o algo por el estilo, la aparición en la historia de un personaje como Eratóstenes, matemático, astrónomo y geógrafo griego, quién concibió por primera vez la geografía como una disciplina sistemática y fue el autor de la experiencia descrita en el video.

Aquí, la explicación de la mano del recordado divulgador Carl Sagan, cientos de años después de que aquella creencia de la Tierra plana fuera erradicada por el conocimiento científico.

Yo hago esta experiencia con mis alumnos para que sepan, para que entiendan que con lógica, criterio y experimentación se lograron los más grandes avances en la historia del conocimiento.

Quién diría que esta explicación volvería a tener vigencia, ya no para conocer el genio del gran geógrafo griego sino para desmantelar una creencia errónea que suponíamos resuelta.

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