Ir al contenido

Gente que dice - 21. página

Gente que nos hace pensar.

Esperanza

En mi propia biografía escolar, tanto desde el lugar de estudiante como de docente o directivo, he tenido también la suerte de aprender de muchos buenos maestros, directivos o colegas. No voy a mencionarlos porque el espacio no lo permite y porque tendría olvidos imperdonables. Pero guardo un vívido recuerdo de las condiciones que reunían y que hicieron de ellos maestros que dejan huellas. Entre otras cosas, el compromiso individual que asumían con sus estudiantes, superando prejuicios y profecías autocumplidas tales como ‘a esos chicos no les da la cabeza’ o ‘a los adolescentes no les interesa nada’. También compromiso social porque luchaban para que la educación sea un instrumento de cambios. Manifestaban coraje para asumirse como militantes del cambio, paciencia, respeto por los otros y por sus propios principios, generosidad para compartir sus conocimientos, sabiduría acerca de cuestiones de la vida, compromiso con su propia formación teórica y preocupación por enseñar lo mejor posible. En definitiva, practicaban una pedagogía de la esperanza.
Liliana Sanjurjo, en “Qué necesita saber un buen docente”.

También te puede interesar:

La retórica de la derrota (nuestra)

La reunión de Bruselas es uno de los tantos ejemplos de cómo la educación suele estar sujeta a los vaivenes de explicaciones que tranquilizan el sentido común, pero contradicen un análisis más cuidadoso de las razones que permiten comprender el desarrollo de las naciones y el éxito de las personas en el mercado laboral.
En efecto, el debate allí planteado parte de un sorprendente truco de magia retórico: la milagrosa inversión de la consecuencia de un fenómeno en la causa del mismo. El desempleo es una de las tantas secuelas de la crisis económica. Sin embargo, los ministros de educación de Europa y quizás los de buena parte del mundo, parecen entusiasmarse con la idea de que el desempleo es el factor principal que produce la crisis. De tal forma, acciones educativas destinadas a combatirlo podrían funcionar “eficazmente” para superar los infortunios vividos. El desempleo se vuelve la causa del problema y la crisis económica su consecuencia. Estamos como estamos porque las personas de manera general, y los jóvenes en particular, carecen de las competencias y de los atributos cognitivos necesarios para volver nuestras economías más dinámicas y competitivas. No es el desempleo la consecuencia de un fracasado modelo de desarrollo; por el contrario, es el déficit de una fuerza de trabajo debidamente capacitada lo que permite explicar nuestra incapacidad por desarrollarnos como deberíamos. Si no deja de ser sorprendente que el ministro de educación griego explique la solución de los problemas que enfrenta Europa, tampoco lo es que todos los ministros y ministras de educación de buena parte del mundo parezcan estar convencidos que los fundamentos de la crisis estructural que enfrentamos encuentra su origen, nada menos, que en el supuestamente improductivo trabajo que realizan cotidianamente nuestras escuelas. (…)

Foxconn, por ejemplo, es la mayor productora mundial de insumos electrónicos. Casi todos los productos de informática y telefonía que usamos o consumimos, de casi todas las marcas, los ha producido esta empresa china, que emplea a más de 1.200.000 personas y factura más de 100 mil millones de dólares por año. ¿Alguien podría suponer que esta enorme corporación existe gracias a la alta “calidad educativa” de la mano de obra china y no al hecho de que paga salarios miserables, de la inexistencia de sindicatos y derechos laborales mínimos, gracias al abuso (decenas de veces denunciado) de trabajo infantil y a un sistema empresarial opresivo que difícilmente estaríamos dispuestos a aceptar en cualquier sociedad democrática? Pensar que el iPad que tanto nos deslumbra se fabrica allí y no en Latinoamérica, simplemente porque los taiwaneses se sacan mejores notas en matemática o ciencias que los jóvenes argentinos o brasileños, parece una explicación demasiado simple para ser cierta.
(Pablo Gentili, en “La educación como coartada”)

También te puede interesar:

Philippe Meirieu y los saberes emancipadores

Estamos frente a saberes que perdieron su sentido, su significación en la historia de los hombres y que el alumno no puede percibir en su capacidad emancipadora, por eso yo soy de aquellos que piensan que hay que enseñar no solo los saberes, sino la historia de esos saberes; porque al entender que esos saberes fueron cruciales en la historia, que constituyeron un gran desafío que permitió liberarse de creencias arcaicas y que fueron la manera de liberarse del control de los que eran tiranos y omnipotentes, se puede entender la interacción de todos los elementos de nuestro complejo mundo. Entonces pienso que uno de los principales objetivos de la educación democrática es transmitirles a nuestros hijos que los saberes fueron y siguen siendo una herramienta de emancipación para los hombres y las mujeres.

Este y otros conceptos fueron desarrollados por el prestigioso pedagogo francés Philippe Meirieu durante la conferencia “La opción de educar y la opción pedagógica”, el miércoles 30 de octubre de 2013 en la ciudad de Buenos Aires, frente a ministros de Educación provinciales, representantes de agrupaciones gremiales, especialistas de los medios de comunicación en el área de educación y público en general.

La transcripción de la conferencia en formato .pdf puede bajarse haciendo clic aquí.

También te puede interesar:

La dictadura del beneficio

La-utilidad-de-lo-inútil-Nuccio-Ordine_cubierta-672x1024Nuccio Ordine nació en Diamante, en la provincia de Cosenza, Italia, en 1958. Es profesor de Literatura italiana en la Universidad de Calabria y autor de diversos libros, varios de ellos sobre Giordano Bruno. Ha sido profesor visitante de centros como Yale, Paris IV-Sorbonne, CESR de Tours, IEA de París, el Warburg Institute o la Sociedad Max Planck de Berlín. Es también miembro del Harvard University Center for Italian Renaissance Studies y de la Fundación Alexander von Humboldt, así como miembro de honor del Instituto de Filosofía de la Academia Rusa de Ciencias. En el año 2013 Acantilado publicó su trabajo La utilidad de lo inútil.

Esta obra, convertida en best-seller en Europa y que compila anotaciones propias y fragmentos de obras que leyó durante los últimos veinte años, es considerado “un grito de alarma contra la invasión de la ideología de la dictadura del beneficio que está matando tantos ámbitos importantes de la vida humana.”

Lo que propone Ordine desde este trabajo es reflexionar sobre la idea de utilidad de aquellos saberes cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista. Plantea que si renunciamos a la fuerza generadora de lo inútil por perseguir únicamente el beneficio, “sólo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida”. Y añade: “En ese momento, cuando la desertificación del espiritu nos haya ya agostado, será en verdad difícil imaginar que el ignorante homo sapiens pueda desempeñar todavía un papel en la tarea de hacer más humana la humanidad”.

Este fin de semana el diario argentino Clarín publicó una entrevista al Prof. Ordine, de la que extractamos algunos párrafos en los que amplía su mirada acerca de “la dictadura del beneficio”:

La gran lección del Renacimiento es que el saber es uno, por mucho que estemos obligados a dividirlo en disciplinas. ¿En qué casilla metemos a Leonardo da Vinci? (…) si dividimos los saberes, a un lado el científico y al otro las ciencias humanas, no tendremos ni una ciencia humana ni una humanidad que crezca a través de los descubrimientos de la ciencia.

Los creadores de aquella época no vivían bajo la presión del mercado. Hoy el utilitarismo ha invadido todos los aspectos de nuestra vida, incluida la escuela y la universidad, que convirtieron a los estudiantes en clientes.

Cada gesto, cada acto de nuestra vida está condicionado por la pregunta: y yo con esto, ¿qué gano? No estoy en contra del beneficio, pero no puede ser un fin en sí mismo (…) Sólo los grandes se salvan, los que pintan, esculpen, escriben, diseñan o componen música por placer, por amor a su oficio, y estos son los que deberían enseñar en la universidad.

El amor es un don gratuito de uno mismo, no tiene interés.

Giordano Bruno (…) decía que si no transformamos la filosofía, la literatura y el saber en una forma de vivir, resultan inútiles. Lo que yo pienso, lo que yo creo, tiene que operar en mí una metamorfosis para que coincida con mis acciones. Si el saber es una manera de vivir, estamos en la vía correcta.

Yo tuve la suerte de topar con buenos maestros que cambiaron mi vida, y todavía creo en ese pequeño milagro: un profesor que puede cambiar la vida de un estudiante. Es grave que se recorten los fondos para la educación.

Para muchos docentes que no saben o no pueden lidiar con la pregunta “¿y esto para que sirve?” de sus estudiantes, podría ser este texto una oportunidad de volver a reflexionar sobre “la idea de utilidad de aquellos saberes cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista”.

Fuentes:
Diario Clarín
Editorial Acantilado

También te puede interesar:

Caducidad vs. actitud problematizante

El carácter caduco de un objeto, una idea, un discurso no está dado en contraposición a la ventaja de la novedad. ¿Está caduco el libro; es caduco el cine, el teatro? Creo que la caducidad se presenta cuando algo se ha agotado. Cuando no activa imaginaciones ni ya es capaz de generar problema alguno. Algo caduca cuando pierde toda sensibilidad de conectarse con lo que está vivo, con lo que podría crecer. Entro a un aula y veo a los chicos conectados a sus netbooks: este mero dato no me dice nada. Aun llenos de actualización tecnológica podríamos asistir a un tiempo en el que nada pasa, en el que nada movilizante ni desafiante entre ellos acontece, pero también todo lo contrario. Si hubiera alguna caducidad, la encontramos en los modos reiterados y automatizados de hablar, de enseñar y pensar las cosas. (…) Lo opuesto a lo caduco no es la novedad sino la actitud problematizante. Pensar qué formas de agrupamiento podemos darnos para investigar juntos. En el aula, fuera del aula, en los pasillos, en la puerta de la escuela, en la calle, en el barrio. No es el espacio, es lo que nos pasa mientras compartimos un tiempo. El punto es: ¿qué queremos compartir con los pibes? ¿Qué problema podría crear una zona común entre las generaciones? ¿Qué pregunta, qué pasión me toma como maestra? El despliegue de inquietudes no se responde consumiendo compulsivamente capacitaciones ni aplicando prescripciones aggiornadas, sino investigando y probando posibilidades.
Silvia Duschatzky, especialista en educación.

También te puede interesar:

- Ir arriba -