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Gente que dice - 23. página

Gente que nos hace pensar.

El aula, en cualquier momento y en cualquier lugar

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El genial chiste de Nik está atravesado por varias verdades y también por varios mitos, en cuanto a lo que sucede con nuestros chicos hiperestimulados por las nuevas tecnologías.

Personalmente creo que el humorista ha captado y capturado la fantasía y los temores que sobrevuelan el ámbito educativo, que dicen que los docentes hemos perdido la batalla; que estamos viejos y no vamos a entender jamás como piensan nuestros chicos. Y hasta hay un cierto discurso oficial tecnófilo, muy académico y elaborado por cierto, que justifica esos temores vaya uno a saber -o a no querer saber- con qué fin. Un discurso tecnófilo que genera docentes tecnófobos. Vaya paradoja…

Definitivamente, no se trata de hacer cualquier cosa para que los niñitos nos presten atención en el aula, sino de recuperar la noción de que aprender puede ser emocionante y entretenido, y que es una tarea que llevamos a cabo trabajando todos juntos, respetando roles y en forma responsable. Al decir de Juan I. Pozo, se trata de aprender a aprender, un aprendizaje para la vida.

El docente es un mediador que tiene que ayudar a los chicos a construir su mirada del mundo, a gestionar la duda, a hacerse buenas preguntas y guiarlos a buscar mejores respuestas, partir de su realidad para poder cambiarla. (…) Tenemos pocas certezas pero una es clara: nuestros alumnos van a tener que seguir aprendiendo, por eso hay que aprender a aprender y enseñar capacidades que sean utilizadas en distintas situaciones.

Incorporar las nuevas tecnologías en el aula, a mi humilde entender, es incorporar a esa mediación de la que habla Pozo, nuevas formas de comunicarnos y de acceder a la información, formas de un dinamismo y alcance nunca antes siquiera soñado. El lector atento ya habrá notado la obviedad de esta declaración. “Claro”, dirá. “Por eso se llaman TICs – Tecnologías de la Información y la Comunicación”. Entonces, si es tan obvio ya desde el nombre, ¿por que insistimos en meter las nuevas tecnologías por la fuerza en el aula?

Por eso digo, otra vez a mi humilde entender porque hay gente muy prestigiosa que afirma lo contrario, que no me convencen los Webquest, por ejemplo. El argumento esgrimido por sus promotores, aquel que dice que “Internet como recurso pedagógico tiene algunos inconvenientes derivados de la dificultad para encontrar la información deseada”, sería justamente la razón del desafío de enseñar a aprender. Si creamos nosotros el medio ideal -suponiendo que eso fuera totalmente posible- para que aprendan determinados contenidos, es muy probable que nunca encuentren nada valioso por si mismos. Aquella función del docente como mediador pareciera implicar, en cambio, el sumergirse juntos, docentes y alumnos, en esos espacios, y descubrir, analizar, desechar, criticar, decidir y seleccionar juntos.

Además está la cuestión del uso de diferentes soportes igualmente valiosos y útiles: sigo proponiendo el uso de la carpeta o cuaderno con las propias notas y apuntes del alumno; sigo usando la biblioteca para lectura de manuales y libros; sigo usando el papel y lápiz para escribir consignas, dibujar un bosquejo o tomar notas.

Uno de los problemas más elementales que surgen de esta cuestión es que pareciera que sólo los docentes de TIC tenemos que hablar de estas cosas. El maestro está tiza y pizarrón todo el día, hace un paréntesis de 80 minutos semanales para los chicos tengan Computación, y después sigue cuaderno, plasticola, cartulina y manual. Por supuesto que hay muchas y brillantes excepciones, pero el que niegue esto que arroje la primera tiza… sin que lo vea la maestra.

Por eso deberán confluir en este punto varios actores: el estado, brindando capacitación gratuita y recursos pedagógicos genuinos y despojados de intereses ajenos al ámbito educativo; los propios docentes, ponderando estos aprendizajes como una oportunidad; los informáticos, “bajando a la tierra” e involucrándose; los padres, apoyando, participando, observando; las empresas, dando oportunidades a escuelas donde el estado está ausente o no hay medios para informatizar, etc. etc.

antartida.pngFinalmente, en referencia al título del post, que hace alusión justamente a este aspecto de las nuevas tecnologías, que son el alcance y la ubicuidad -a toda la gente en todas partes-, estuve revisando algunas de las herramientas de la Web 2.0 de fácil acceso, gratuitas y de sencilla aplicación en un proyecto pedagógico. Escribo esto y pienso en las hermanas Cossetini y la escuela serena; sus bancos de arena y sus salidas al mundo para ver el arte, las matemáticas y las ciencias allí donde están: en las plazas, en el barrio y en la gente. En lugar de mostrarles el mundo a los chicos desde manuales, fotos y figuras, salían a mirarlo juntos para aprender. Yo quiero hacer eso con las TICs; mirar el mundo virtual juntos y “ver que pasa…”

A propósito: busqué “Cossetini” en Google, y la primera página y media habla de propiedades en venta en Puerto Madero porque, eso sí, le pusieron el nombre de Olga Cossetini a una calle de ese barrio porteño. ¿Cuántas lecturas se podrían hacer de este sencillo incidente de haber sucedido en clase?

Vuelvo: varias de las herramientas de Google, tanto de búsqueda como de “comunicar, mostrar y compartir”, como las llaman ellos, son muy sencillas de usar, muy creativas, gratuitas y se accede a todas ellas con una única cuenta de Gmail. Por ejemplo:

  • Blogger: Crear y sostener un blog en el tiempo es muy sencillo, y se puede usar para una variedad de proyectos casi ilimitada. Nosotros lo usamos el año pasado en una escuela para las crónicas de un viaje de estudios, y tuvo un impacto en toda la comunidad educativa enorme.
  • Calendar, permite organizar una agenda y compartir los eventos, salidas, fechas límite, etc. con todos los involucrados.
  • Docs: Escribí sobre esto ayer, así que no me voy a explayar aquí demasiado, sólo agrego que es una herramienta de ofimática en línea. Es como tener -para que todos entiendan- Office gratis en cualquier computadora y en cualquier lugar con nuestros archivos guardados para usar en cualquier momento. Y eso que no me iba a explayar demasiado…
  • Gmail. Lo menciono aquí, aunque haya muchos otros como Hotmail o Yahoo, porque tiene 2,8GB de espacio, menos spam, y además es indispensable para usar las herramientas de Google.
  • Picasa, para editar y compartir fotografías.

tvbrasil.pngSe pueden usar además otras herramientas como Talk para mensajes instantáneos -otro tema en el que nos negamos a discutir y nos apuramos a prohibir-; Traducir, para visualizar páginas web en otros idiomas -los profes de Inglés podrían trabajar con esto para enseñar sobre traducción e interpretación, por ejemplo, porque traduce “Mi Tarzán tu Jane”, como es obvio-; o Grupos, para crear listas de distribución y grupos de debate. Y por supuesto, los buscadores: de palabras, de imagenes, de libros, etc.

Pero además se puede entusiasmar a los chicos en Sociales recorriendo el mundo con Google Earth; ver y escuchar calles y gentes de otras ciudades a través de webcams públicas o de estaciones de radio y televisión de todo el mundo, y más. Un maestro de música y sus alumnos podrían grabar y digitalizar su producción y subirla a MySpace para compartirlo con otros, o crear una lista de reproducción de variados origenes o estilos con PlayList.com

Este recorrido abarca mínimamente algunas de las herramientas disponibles en la web, pero hay cientos. Ud. podrá seguramente recordar y sugerir muchas más, por cierto.

Pero aun falta hablar de recursos y contenidos pedagógicos -sitios como Icarito para los más chicos o Neuronilla para los un poco más grandes; la misma Educ.ar con cientos de recursos para los docentes-, sobre lo cual también hay muchísima información esperando ser hallada, analizada, aceptada o rechazada, convirtiendo al recorrido por la web en una apasionante búsqueda del tesoro que llevamos adelante juntos, docentes y alumnos.

Algunas lecturas relacionadas:

:: Juan Ignacio Pozo: ‘El reto de la escuela es convertir la información en verdadero conocimiento’
:: Umberto Eco: ‘¿De qué sirve el profesor?’
:: Hector Ciapuscio: ‘La tecnología debería ser una herramienta de igualación social’
:: Conclusiones de la I Conferencia Internacional sobre Brecha Digital e Inclusión Social
:: Diego Levis: ‘La computadora nos permite reencontrarnos en la plaza.’
:: Manuel Castells, “El poder tiene miedo de internet”
:: Equipos virtuales de trabajo, ¿cómo hacerlos funcionar?

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‘Sin educación, la tecnología no sirve para nada’

Quien dice esto es Manuel Castells, sociólogo español, en una entrevista de ElPaís.com a la que llegué gracias a que mi lector de feeds (FeedReader, por si interesa…) me tiene al día con lo que escribe Diego Levis.

Con un pensamiento claro y directo que llama a las cosas por su nombre, Castells dice cosas como estas:

Yo he estado en no sé cuántas comisiones asesoras de gobiernos e instituciones internacionales en los últimos 15 años, y la primera pregunta que los gobiernos hacen siempre es: ¿cómo podemos controlar Internet? La respuesta es siempre la misma: no se puede. Puede haber vigilancia, pero no control.

El más importante factor de exclusión seguirá siendo el acceso al trabajo y a la carrera profesional, y antes el nivel educativo, porque, sin educación, la tecnología no sirve para nada.

En realidad, Internet amplifica la más vieja brecha social de la historia, que es el nivel de educación. Que un 55% de los adultos no haya completado en España la educación secundaria, ésa es la verdadera brecha digital.

Muchos municipios han puesto puntos Wi-Fi de acceso, pero si al mismo tiempo no son capaces de articular un sistema de participación, sirven para que la gente organice mejor sus propias redes, pero no para participar en la vida pública.

La entrevista completa se puede leer haciendo clic aquí.

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Richard Stallman y el Software Libre en las escuelas

Este es un fragmento de una conferencia de Richard Stallman en la Universidad de Palma de Mallorca en el año 2004, en el que explica con su particular visión y en español, las cuatro razones por las cuales las escuelas deberían usar software libre.

Haciendo un poco de historia, en 1985 Richard Stallman fundó Free Software Foundation y lanzó el concepto copyleft. Por ese motivo se lo conoce como el padre del software libre, del cual Linux es hoy su expresión más conocida pero por supuesto, no la única.

Para quienes deseen conocer con mayor profundidad el pensamiento de Stallman y el concepto de software libre, recomendamos leer su libro “Software libre para una sociedad libre”. Un ejemplar del mismo se puede bajar en este link en formato PDF.

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Eco, la escuela e internet

Extraigo un fragmento de una entrevista a Umberto Eco, que publicó La Nación y que se puede leer completa aquí, a propósito del título. Dice así:

Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales).

El problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe enseñar el arte de la selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero por lo menos sabe que debería saberlo, y si no sabe dar instrucciones precisas sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo, mostrando a alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet pone a su disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento de reorganizar sistemáticamente lo que Internet le transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas pero no la relación sistemática entre estas dos nociones.

El sentido de esa relación sólo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo. Si no es así, las tres I de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solamente la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo.

Fuente: Diario La Nación

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‘El reto de la escuela es convertir la información en verdadero conocimiento’

Esta frase, que mencionáramos en nuestra intervención en “Plan A”, pertenece al Dr. Juan Ignacio Pozo, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, y fue el desafío que el especialista planteó en su charla “Aprender para comprender”, realizada en el Colegio La Salle de Rosario y organizada por el Diario La Capital y Editorial Santillana en octubre del año pasado.

En una entrevista para el mismo diario, que en su momento reprodujimos en nuestro sitio, el Dr. Pozo habló de algunas otras cuestiones que quisieramos retomar aquí, a partir de planteos y desafíos como el del título que se renuevan cada vez que la cuestión de las nuevas tecnologías en el aula es debatida. Estos son algunas de sus definiciones:

El docente es un mediador que tiene que ayudar a los chicos a construir su mirada del mundo, a gestionar la duda, a hacerse buenas preguntas y guiarlos a buscar mejores respuestas, partir de su realidad para poder cambiarla. Tener información tendría que ayudarnos a predecir sucesos a resolver nuevas situaciones, hoy la información es contradictoria y no es analizada. El reto de la escuela es convertir tanta información en verdadero conocimiento.

Creo que aprender es algo mucho más amplio, aprender podemos interpretarlo como la capacidad que tenemos las personas para cambiar. Por un lado, los niños tienen la necesidad de ir cambiando porque a medida que van desarrollándose y madurando va cambiando también su papel social, lo que se espera de ellos. Y por otro lado, porque la sociedad en la que vivimos está cambiando a una velocidad vertiginosa, no sólo los niños sino todos nosotros, padres, maestros, profesores, profesionales tenemos que estar continuamente cambiando para afrontar las demandas de cambio que nos pide la sociedad. Aprender es básicamente la capacidad de cambiar, de adaptarse a contextos y situaciones diferentes.

Una idea crucial es entender que aprender no es repetir lo que otros dicen, la función del docente no es transmitir un saber únicamente, sino lograr crear contextos en los que las personas se impliquen, se motiven, pongan en marcha sus capacidades y a través de eso las cambien, en ese sentido el docente tiene que ser estratégico entre otras cosas.

Tenemos pocas certezas pero una es clara: nuestros alumnos van a tener que seguir aprendiendo, por eso hay que aprender a aprender y enseñar capacidades que sean utilizadas en distintas situaciones

Que la escuela debe aprender y cambiar, adecuarse a los nuevos tiempos y ofrecer nuevas alternativas de aprendizaje, es innegable y es el desafío de estos tiempos. Pero no debería negarse o relativizarse su importancia como eje de la comprensión de la realidad a partir de la reflexión.

No quedan muchos sitios en los que todavía se piense que cambiar nuestra realidad es posible.

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‘No todos los jóvenes son nativos digitales’

Quien esto afirma es Silvia Bacher, especialista en comunicación y educación, en una columna para la sección Informática del diario Clarín. Dice además que “es impostergable que todas y todos los nativos de carne y hueso accedan a la escuela para que ésta cumpla con su esencia: la que la conmina a estimular el pensamiento”, porque “el aula es el ámbito capaz de hacer de las tecnologías lugares de crecimiento, de desafío de acceso a la dimensión digital”. Aquí, el artículo:

Diferentes investigadores afirman que los jóvenes son nativos digitales en tanto los adultos (aquellos que cuentan con más de tres décadas de historia) son considerados inmigrantes que deben aprender un nuevo lenguaje. Pero no es tan sencillo: Néstor García Canclini, experto en letras y sociología, que desde 1990 es profesor e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, explica que si bien “millones de seres humanos se desplazan por motivos socioeconómicos y políticos, sin embargo en los últimos años aparecen otras nuevas formas de extranjería, no referidas sólo a separaciones geográficas”.

Son diversas las voces que hacen alusión a los nativos digitales. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que estas nuevas migraciones digitales trascienden grupos etarios y ponen en evidencia que las nuevas fronteras están profundizando brechas sociales que ahondan las diferencias entre las nuevas infancias y las nuevas juventudes.

A pesar de haber nacido en la era de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, a muchos niños y jóvenes parece negárseles la visa de acceso a ese nuevo mundo. Se les habilitan permisos temporarios -comprables por un par de monedas en algún cibercafé- frente a pantallas y teclados que de ninguna manera se parecen en su funcionalidad a la que le asignan otros nativos digitales que navegan con un norte: ya sea buscando información, apropiándose de sus herramientas, reflexionando sobre su uso, sus potencialidades y sus riesgos.

Una computadora, por sí misma, es un pasaporte hacia ninguna parte. La visa, imprescindible hasta que algo mejor se descubra, hoy por hoy la da la escuela. Con sus limitaciones y defectos, con sus carencias pero aun así con la clara misión de formar individuos capaces de pensar, de comprender, de indagar. El aula es el ámbito capaz de hacer de las tecnologías lugares de crecimiento, de desafío de acceso a la dimensión digital.

Según datos publicados por el portal Educ.ar, ya en 2005, en promedio, un graduado universitario (especialmente en los EE.UU. pero, crecientemente, en todos los rincones del planeta) pasaba cerca de 5 mil horas de su vida leyendo, cerca de 10 mil jugando a videojuegos y cerca de 20 mil viendo TV. Son esas primeras 5 mil horas las que marcarán la diferencia para ingresar a la ciudadanía digital en pleno ejercicio de sus derechos. El carecer de educación sólo garantizará paseos turísticos por zonas navegables, sin trascendencia, a los nativos seudodigitales.

Los expertos coinciden en que la escuela cambiará sus formas, actualizará sus recursos, reconocerá nuevos soportes de lectura, digitalizará sus pantallas dejando atrás el agudo chirrido de la tiza sobre el pizarrón. Pero entretanto eso suceda, es impostergable que todas y todos los nativos de carne y hueso accedan a la escuela para que ésta cumpla con su esencia: la que la conmina a estimular el pensamiento. Tal vez, entonces, las nuevas tecnologías se constituyan en puentes y no en barreras, a través de los cuales los más jóvenes ejerzan sus derechos en tanto verdaderos nativos digitales.

Fuente: Sección Informática del diario Clarín.

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Hector Ciapuscio: 'La tecnología debería ser una herramienta de igualación social'

Frente a la locura generada a partir de la salida al mercado del iPhone, nos pareció adecuado volver a publicar la entrevista que el Diario Clarín le realizara en Marzo de este año este especialista en políticas científicas, quien dice además que los grandes científicos saben cuándo es buena la maquinaria novedosa y cuándo no. No beneficia cuando implica sólo proveer ‘juguetes’ para los ricos. Pero sí rinde cuando acorta la brecha entre débiles y poderosos.

A continuación, reproducimos los aspectos más destacados de la entrevista.

P: En la Argentina circulan alrededor de siete millones de vehículos, hay diez millones de computadoras y 24 millones de teléfonos celulares. Haciendo una cuenta ligera, uno dice: esta es una sociedad altamente tecnologizada ¿Cómo nos llevamos los argentinos con la tecnología?

R: —El uso de la tecnología está difundido, masificado; pero la producción de tecnología básicamente no es nuestra; muy poco de tecnología argentina está dentro de cada vehículo, de cada computadora, de cada teléfono celular, de cada motor. Hemos incorporado abundancia de tecnología que nos ayuda —o no nos ayuda, esta es otra cuestión— a mejorar nuestra calidad de vida. En muchos aspectos, podemos también señalar que no nos llevamos muy bien con ella, a juzgar por cómo conducen automóviles los adultos, por la desmesura en el uso de los celulares o por el tipo de uso que se le da a la conectividad con las computadoras.

¿Cuándo es buena la tecnología y cuándo no lo es?

—Esa es la pregunta que se hicieron los grandes científicos del siglo XX, como Einstein y Heisenberg, que tenían formación filosófica, y más recientemente el físico nuclear Freeman Dyson. La respuesta que ellos dan es que, por regla general, la tecnología opera para mal cuando su efecto es proveer juguetes para los ricos y trabaja para el bien cuando sus resultados sirven a las necesidades de los pobres. Dicho de otro modo: la tecnología es buena cuando actúa como herramienta de igualación social; no lo es cuando acentúa las diferencias entre los poderosos y los débiles, entre los ricos y los pobres.

¿La revolución tecnológica no permite a mucha más gente tener acceso a beneficios múltiples que antes estaban considerablemente más restringidos a grupos sociales privilegiados?

—Hubo dos grandes etapas. Hasta mediados del siglo XX, la tecnología proveyó abundantemente bienes socialmente niveladores: la luz eléctrica, la heladera, la radio, el teléfono, las vacunas, las fibras sintéticas, los antibióticos, la televisión… Fueron factores de igualación social. Beneficiaron la vida de ricos y pobres, disminuyeron la brecha entre unos y otros. Pero en los últimos cuarenta años no ha sido tan así: el desarrollo tecnológico no ha venido de la mano de la equidad.

¿Cómo imagina un desarrollo tecnológico que fuera en la dirección contraria, a favor de una distribución más igualitaria de los beneficios del avance tecnológico?

—Mire, la mitad más desfavorecida de la humanidad necesita viviendas baratas, cuidado de la salud y educación accesibles a todos y de calidad. Y las nuevas olas tecnológicas prometen un desajuste todavía mayor entre la tecnología y esas tres necesidades básicas insatisfechas. Si esta brecha continúa ampliándose, llegará un momento en que los pobres habrán de rebelarse y su revuelta empobrecerá tanto a pobres como a ricos.

¿De qué modo evitar que eso ocurra?

—Creo que esa brecha profunda que existe entre las necesidades humanas y la tecnología sólo puede ser llenada por la ética, por el poder de la persuasión ética. El movimiento ambientalista mundial es un ejemplo; ha logrado grandes victorias sobre la arrogancia industrial y tecnológica. Ha hecho, por ejemplo, fracasar a la industria nuclear de los Estados Unidos, a su despliegue pacífico como fuente de energía y a su despliegue bélico a través de las armas atómicas. Los educadores, los científicos, los industriales lúcidos, deben luchar para que la justicia social gravite sobre el despliegue de la tecnología.

¿Considera del mismo modo el cuestionamiento a la modificación genética en cultivos y alimentos?

—Bueno, uno no puede dejar de reconocer que la Argentina ha transformado la economía en los últimos diez años gracias a la incorporación de la biotecnología en la producción agraria. No debería haber incompatibilidad entre ecología y biotecnología, o entre desarrollo económico e impacto ambiental, como ha quedado mal planteado en el desgraciado conflicto por las papeleras con Uruguay.

¿Cómo se resuelve esa confrontación desde el punto de vista ético?

—El cambio tecnológico conlleva dilemas éticos que no se deben eludir. Lo que hay que evitar, creo yo, es la tentación de lo que los griegos llamaron “hübris”, esto es, el orgullo excesivo que lleva a los hombres a desafiar a los dioses, a colocarse ellos mismos por encima de las leyes humanas, a suponer que es posible dominar o sacar provecho sin fin de la naturaleza sin medir los costos a mediano y largo plazo.

¿Cuáles fueron las etapas de desarrollo tecnológico en nuestro país y dónde nos encontramos hoy?

—El desarrollo tecnológico acompañó las etapas del desarrollo industrial del país; hasta el 75 el crecimiento industrial significaba también la mejora del desarrollo tecnológico. A partir del 75, eso se fue a pique con toda la política neoliberal de Martínez de Hoz y cía. Con la recuperación de la democracia en el 83 se quiso retomar un camino que el país había recorrido, pero la inflación, la deuda externa y la falta de fuertes consensos políticos llevaron a una crisis que terminó con la extranjerización de la industria y de la tecnología en los años 90.

Cuando habla de “retomar un camino que el país había transitado”, ¿a qué momentos y hechos se refiere concretamente?

—Hay momentos clave en la memoria de los que estamos todavía vivos: el desarrollo de la siderurgia y de la industria aeronáutica durante los años 40, con el primer peronismo, que tenía un fuerte costado apoyado en la defensa nacional y las industrias militares, pero tenía también otro costado vinculado con la innovación tecnológica que significaba la incorporación de recursos nacionales para el uso masivo y con sentido federal: se recuerda poco el hecho de que se crearon en aquellos años institutos de investigación científica en todas las Universidades del país. Con Frondizi en el 58 se produce otro gran momento; cantidad de ingenieros, por ejemplo, poblaron la administración pública, se produjo una verdadera revolución en la Universidad, que fue un gran semillero de científicos que estaban cerca de los desarrollos tecnológicos propios; en el campo de la energía nuclear, en la física, en la bioquímica, en la informática.

¿Qué ocurrió luego?

—Se fue perdiendo esa conexión entre ciencia y tecnología. Por un lado, por los golpes militares y persecusiones que asfixiaron la producción científica e intelectual y motivaron que tantos científicos tuvieran que emigrar o enclaustrarse. Por otro lado, por las políticas económicas que no entendieron la importancia de contar con desarrollos tecnológicos propios.

¿Qué enseñanza se recupera de aquel legado?

—El sistema científico argentino tiene una gran capacidad, no siempre bien aprovechada desde el campo tecnológico. Se hicieron cosas muy importantes que hay que reconocer. Una es la Agencia del Desarrollo Tecnológico, una agencia que estaba en la SECYT (Secretaría de Ciencia y Técnica) y que promueve y financia investigación auténtica y seria —por ejemplo en biotecnología. Uno puede tener las críticas que quiera sobre el Gobierno, pero demuestra tener conciencia de lo que significan la educación, la ciencia y la tecnología, y está aumentando el apoyo financiero, mejoraron los sueldos y el respaldo para la investigación aunque estemos todavía lejos de los estándares internacionales.

Si tuviera que proponer cosas concretas en materia de desarrollo científico tecnológico, ¿qué recomendaría?

—Una idea es que la política tecnológica debería estar radicada en una secretaría del Ministerio de Economía. El mismo rango que tiene la secretaría de Ciencia en el ámbito de la educación y su ministerio debe tener una secretaría de Tecnología en Economía. No se trata de un cambio burocrático más; expresa una concepción estratégica del desarrollo tecnológico, que debe estar incorporado a una visión integral del desarrollo, como la tienen los brasileños, sin ir más lejos. Es entender que no hay desarrollo de un país sin un amplio movimiento cultural y socioeconómico que lo sustente y políticas estatales que lo promuevan.

Copyright Clarín, 2007.

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