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En el aula

El aula, en cualquier momento y en cualquier lugar

Saber lo que somos

 

Hoy leía sobre Harriet Tumban, una abolicionista de finales del siglo XIX y principios del XX. Ella dijo en cierta ocasión, “Yo he liberado a miles de esclavos y hubiera liberado a miles más, tan solo si ellos hubieran sabido que lo eran”.

Lo interesante de esta visión maravillosa, de esta comprensión profunda de la vida y de las personas, además de ser el reflejo de su compromiso y valor, es que proviene de una persona analfabeta.

Cuando uno observa a gente que tuvo el beneficio de la instrucción repetir con gran seguridad y convicción las afirmaciones más estrafalarias como si fueran verdades reveladas, sin verificar su veracidad -por caso, teorías conspirativas, noticias falsas, mitos y fantasías varias-, quedarían pocas dudas de que la ignorancia no es el problema, sino la estupidez. La estupidez de afirmar sin saber; la de no dudar, la de no reflexionar antes de siquiera aceptar una idea.

Pienso en nosotros, docentes. Desde la escuela secundaria podemos hacer mucho exigiendo trabajo, rigor y precisión en la búsqueda del conocimiento. Ese acto parecido a la soberbia y que muchas veces se tolera, de copiar y pegar el primer resultado del buscador y llamarlo “investigación”, es la tragedia del ignorante.

Los chinos, con su sabiduría ancestral, aseguran que “conocer nuestra ignorancia es la mejor parte del conocimiento”.


Crédito imagen: harriet-tubman.org
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Ciudadanía digital en “Nuestro Rosario Querido”

Invitado por la Prof. Patricia Molina, directora del colegio Verbo Encarnado, ayer por la tarde hablé sobre privacidad, redes sociales y ciudadanía digital en el Liceo Avellaneda, en el marco del programa Nuestro Rosario Querido organizado por Conciencia Rosario, en la primera jornada de capacitación con alumnos de varias instituciones rosarinas sobre el tópico seguridad.

Disertaron además la concejala María Eugenia Schmuk (habló sobre seguridad en la noche joven rosarina y consultó a los alumnos sobre sus inquietudes y sugerencias al respecto) y el Dr. Juan Pablo Rodriguez (abordó el tópico de la violencia doméstica e infantil). Cada subtópico fue elegido por los alumnos de colegios participantes, quienes plantearán proyectos de solución a las problemáticas de Rosario.

¡Muchas gracias a las autoridades y comunidad de las instituciones involucradas en el proyecto, por su amabilidad y atenciones!

Si el lector desea más información y un contacto para realizar las charlas en su colegio o institución, haga clic aquí.

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Alfabetizar a los que no saben leer el dolor de los hombres

“Cipriano, yo pienso que el alfabetizador
no es sólo el que enseña a leer libros
de ciencias, historia, filosofía
y de tantas cosas exóticas
de que habla la gente.

Hermano, yo pienso que alfabetizar es enseñar
a leer en los ojos:
el dolor de los pueblos,
la enfermedad de los niños,
la angustia de la mujer que pare en la calle,
la tos del minero que escupe y mancha de sangre,
la estatua de la libertad neoyorquina.
Hay que aprender a leer
el hambre que toca a la puerta,
el frío que va por la calle,
la oscuridad del que busca
y no encuentra.

Cipriano, yo pienso que
primero debemos alfabetizar
a los que saben leer libros,
pero no saben leer el dolor de los hombres.”

Julio Zabala, poeta nicaragüense.
Encuentro de Alfabetizadores.
Finalización de la Primer Campaña, Cuba, 1961.
Fuente: La Tinta

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La irrupción de las nuevas tecnologías desafía a la escuela

El artículo publicado en la edición de hoy de La Nación, titulado Pizarrones contra celulares, una batalla absurda, renueva el desafío e impulsa a un debate que venimos proponiendo desde hace tiempo en este espacio: qué sucede con los chicos y el celular en la escuela.

Hemos planteado en reiteradas ocasiones la necesidad de resolver las contradicciones y de establecer acuerdos en cuanto al uso de las nuevas tecnologías en el aula. La resistencia del sistema fue vencida: ya se metieron de prepo en lo cotidiano y, sin dudarlo, en la escuela. Porque claro, que es la escuela sino el reflejo de la vida como un todo. No solo de lo que pasa entre sus paredes.

El artículo completo, para el que pudimos hacer nuestro aporte -¡gracias una vez más, Fernanda!-, se puede leer haciendo clic aquí.


Otras referencias en este blog al tema en cuestión:
La diferencia conceptual entre un alumno escolarizado y el alfabetizado
Usar la tecnología como extensión de las capacidades cognitivas
Una aproximación al pensamiento de la autora de “Una mirada al mundo de los chicos y las pantallas”, Roxana Morduchowicz
Las tecnologías en la escuela necesitan de contenidos, no de modas

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La innovación no es como la pintan

¿Y si para mejorar las habilidades de lectoescritura debemos volver a las lecturas diarias en el aula, a la medición de velocidades lectoras y a un aumento de las pruebas de comprensión lectora? ¿Por qué en lugar de buscar una app que nos solucione el problema no volvemos a lo que les funcionaba a muchos maestros? No es moderno decir lo anterior pero… a pintar uno disfruta y aprende más pringándose con témperas que haciendo diseños con el iPad. Bueno, eso hasta que les introducimos de forma subrepticiamente la necesidad de estar pegados a una pantalla. ¿Es malo usar pantallas para el aprendizaje? Claro que no. El problema es dotarlas de una falsa necesidad y ver si realmente no estamos perdiendo el tiempo haciendo ciertas cosas que, al final, pueden hacerse a mano de manera mucho más sencilla. La innovación de los pequeños detalles. La innovación como respuesta a un mal concepto de innovación que nos llevan vendiendo demasiado tiempo.
Jordi Martí, en ‘¿Y si lo más innovador en educación fuera no innovar?’

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La escuela es un lugar desagradable

Vivimos en una sociedad donde predomina el interés privado, el dinero, el mercado, el consumismo y el miedo frente al interés público, la responsabilidad compartida, los valores y las instituciones democráticas. Esto acaba con la comunidad, la justicia, la igualdad y el bien común y, por el camino, elimina la educación entendida como un bien público y la pedagogía como práctica empoderadora. (…) La pedagogía, tal y como está planteada en muchas escuelas actuales, ataca en vez de educar y no logra que los alumnos se reconozcan en lo que hacen. La multitud de pruebas y exámenes, modelos de aprendizaje que apagan la chispa crítica y crean espacios sin ningún tipo de imaginación, los sistemas de organización represivos y basados en el castigo, la memorización y el conformismo crean un ambiente donde los alumnos comprenden rápidamente que la escuela es un lugar desagradable y que no existe nada parecido a la satisfacción de aprender.
Henry Giroux, profesor y estudioso estadounidense, pionero en el campo de la pedagogía crítica, en aulaPlaneta.

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Acerca de la evaluación

Sólo las máquinas bien construidas, podemos pensar, no comenten errores. ¿Por qué, entonces, penalizar siempre el error en contextos de aprendizaje? Sólo corre el riesgo de perderse quien se mueve por iniciativa propia; y sólo corre el riesgo de cometer errores quien se atreve a pensar por cabeza propia y a tomar decisiones ante situaciones nuevas, no conocidas. Sólo en la ortodoxia conductista, como advierte Allal (1980), se descarta el aprendizaje sin error. Pero al mismo tiempo, prescinde de los procedimientos de la evaluación formativa que atienda a las dificultades de aprendizaje del alumno. ¿Por qué penalizar sistemáticamente el error, antes incluso de averiguar las causas que lo provocan?
Juan Manuel Álvarez Méndez en “Evaluar para aprender: los buenos usos de la evaluación”, citado por Débora Kozak en “¿Es necesario tomar exámenes para evaluar?”

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