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En el aula - 15. página

El aula, en cualquier momento y en cualquier lugar

Computación en la escuela.

Cuando se observa la enseñanza de la computación en las escuelas, a nuestro entender se apreciaría que existe una problemática que se presenta con dos realidades bien definidas.

Por un lado están las escuelas que no tienen acceso a estas tecnologías porque deben dedicar todos los recursos (escasos, por cierto) a otros menesteres, gracias a un estado ausente; por el otro, están las escuelas que cuentan con los recursos físicos, pero no con los recursos humanos adecuados para la tarea.

Es cierto que existen escuelas tanto públicas como privadas que hacen una tarea muy adecuada con los recursos que cuentan. Las públicas, por medio de donaciones, cooperadoras y clubes de padres que aportan lo mejor que se puede lograr en medio de la crisis general, y las privadas por medio de recursos propios o acuerdos con empresas; ambas con personal altamente calificado.

Sin embargo, estas últimas (tanto públicas como privadas) serían pocas y no alcanzarían a cubrir la enorme falta de recursos humanos calificados que tiene nuestro mercado laboral y académico.

Digo esto, porque como docente de Tecnología, Informática y Robótica de instituciones de todos los niveles (excepto universitario, pero seguramente el problema es el mismo), noto que los alumnos mayores llegan sin preparación previa, o con preparación deficiente, y las posibilidades de volver a ver todo lo básico de nuevo a veces es imposible, cosa que nos coloca a los docentes en un verdadero problema: se quiere avanzar, pero siempre se vuelve a los mismo temas. Muchos docentes de otras áreas manifiestan tener problemas similares.

En cuanto a las escuelas sin recursos, el problema es claro: si no se comienza a elaborar estrategias, como en otros países, donde las empresas e instituciones colaboran con recursos, se seguirá profundizando la brecha, generando “analfabetos tecnológicos” sin posibilidades de desarrollo laboral y académico.

Con respecto a las otras escuelas, que sí cuentan con recursos pero no con personal capacitado, de continuar en esa postura sólo se continuará trasladando el problema hacia adelante, hasta el momento en que el estudiante quiera insertarse en el mercado laboral y no lo consiga, o tenga que hacer cursos privados para aprender a hacer una carta con un procesador de textos…

Es tanto y tan rico lo que se puede hacer; hay tantas posibilidades que se abren cuando hay esfuerzo en pos de una idea; hay tanto para hacer, pero se debe tener un proyecto. Es una pena que pase el tiempo y se mire para un costado, como si estuviera todo bien…

Con un curso de Polimodal (chicos y chicas de 16 años) de la terminalidad Biotecnología, a quienes enseño Tecnología de la Información y la Comunicación, visitamos a mitad del año un laboratorio de análisis equipado con las últimas tecnologías informáticas para procesos que hasta no hace mucho tomaban horas y ahora se hacen en minutos. Los técnicos a cargo tienen que estudiar gruesos manuales para usar esos equipos. Y los alumnos salen asumbrados por lo que ven y escuchan, y con una idea un poco más clara del mundo tecnológico con el que se van a encontrar en no mucho tiempo más, luego de graduarse.

Hago esto porque considero que esa es la idea que debe permanecer en mente al enseñarles: el conocimiento sirve, nos prepara para enfrentar exitosamente el mundo que nos rodea, porque nos enseña a pensar, a ser independientes, a llegar donde queramos aun cuando el mundo entero intente convencernos de que no podemos. Creemos que el profesional a cargo de la enseñanza en una escuela debería tener no sólo los conocimientos, sino la inventiva y la motivación que apunte hacia esos objetivos.

Sé que suena a utopía, pero como diría Galeano, “La utopía está en el horizonte… Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Pensemos en eso al entrar a un aula a enseñar.

¿Que puede hacer una computadora?

Tengamos en cuenta primero lo que NO puede hacer: por obvio que parezca, una computadora no piensa; una computadora no toma decisiones por sí sola, y mucho menos las decisiones que usted debe tomar, así que nunca deje que ella tome el control poniéndolo nervioso por lo que no sabe, o frustrado porque nada funciona.

Una computadora SI puede: procesar grandes cantidades de información en un tiempo muy corto, sin cansarse (otra obviedad), y con solo programarla por medio de un conjunto de instrucciones adecuado.

¿Que significa procesar información? Significa que la computadora puede darle cierto tratamiento a los datos suministrados por alguien para generar nuevos datos. El ejemplo más sencillo es cuando usted digita dos números y la computadora le responde con un tercero que es la suma de los anteriores. Por definición, entonces, y en términos generales, una computadora es un dispositivo electrónico capaz de procesar información de acuerdo a instrucciones previamente dadas por un operador.

Usted seguramente recuerda esa especie de “duelo de titanes”, la partida de ajedrez entre el campeón Gary Kasparov y la computadora Deep Blue de IBM en 1997, ganada por esta última. Más allá del fenómeno publicitario y económico que significó para los involucrados (no para usted ni para mi), podría constituirse en el paradigma de la fantasía que impregna el pensamiento de algunas personas: la máquina venció al hombre.

La realidad es que Deep Blue no hizo otra cosa que la que debía hacer: contando con todas las jugadas y variantes posibles almacenadas en su memoria, las combinó a una velocidad increíblemente alta y las presentó al operador humano, quien efectuó las jugadas. En todo caso, parece que Kasparov perdió la partida por esa cosa que los seres humanos a veces tenemos, gracias a Dios: se puso nervioso.

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