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En el aula - 15. página

El aula, en cualquier momento y en cualquier lugar

Lo que muchos pensamos sobre la cuestión “nativos vs. inmigrantes”

Hoy leía los últimos post de Alejandro Tortolini en su blog Kybernetes, escritos con claridad conceptual y fundamento teórico, y no podía dejar de coincidir con muchas de sus apreciaciones.

Una de las impresiones que tengo es que habemos muchos docentes (en particular, de Tecnología, pero de otras áreas también) que tenemos posiciones tomadas al respecto, muy similares a las expresadas allí.

Quiero destacar un concepto entre todos, aun a riesgo que ser injusto con todo lo que allí se dice, porque me parece que es el eje central del asunto. Dice Tortolini:

“Creo que los adultos tenemos la obligación de dar criterios a los jóvenes, no para coartar creatividades sino porque es parte de nuestra responsabilidad social y evolutiva (…)”

La observación que haría para añadir mis impresiones a ese concepto, es que se necesita para ello un alto grado de madurez, despojamiento y nobleza de parte de los adultos; salir de la propia cáscara para pensar en tiempo futuro sobre lo que les dejamos, pero también en lo que necesitan aprender para continuar.

En vista del deterioro ambiental que les dejamos, por un lado, y de la pobreza conceptual guiada por intereses mezquinos de lo que se legisla en materia educativa, por el otro, podría decirse que, al menos en las esferas de poder, el adulto está practicamente ausente.

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¿Cuál es la razón de la tan mentada “brecha tecnológica”?

No es esta una pregunta para la cual tenga una respuesta final y definitiva. No puedo tenerla porque descreo del discurso demagógico de, por ejemplo, prometer computadoras a personas que no tienen siquiera luz. O descreo de noticias como la que acabo de leer, que dice más o menos así:

“Con el objetivo de acortar la brecha digital existente en el país, el Banco Nación anunció que brindará financiamiento para la compra de equipos de Hewlett-Packard y Compaq. Además, HP planea acercar la tecnología de última generación al interior de la Argentina, adaptando los productos a las necesidades de cada uno de sus consumidores. Así, la entidad financiera lanzó una promoción a través de la cual sus clientes podrán adquirir…” etc., etc.

Consumidores, financiera, productos. Que palabritas.

Hace unos meses Hector Ciapuscio decía en un reportaje que “la tecnología es buena cuando actúa como herramienta de igualación social; no lo es cuando acentúa las diferencias entre los poderosos y los débiles, entre los ricos y los pobres.”

Si la “brecha digital” fuera la distancia existente en el acceso a la tecnología entre ricos y pobres, habría entonces una tecnología que no sólo puede fracasar en cerrar la brecha sino, peor, profundizarla, acentuarla.

Vuelvo a Ciapuscio: “Hasta mediados del siglo XX, la tecnología proveyó abundantemente bienes socialmente niveladores: la luz eléctrica, la heladera, la radio, el teléfono, las vacunas, las fibras sintéticas, los antibióticos, la televisión… Fueron factores de igualación social. Beneficiaron la vida de ricos y pobres, disminuyeron la brecha entre unos y otros. Pero en los últimos cuarenta años no ha sido tan así: el desarrollo tecnológico no ha venido de la mano de la equidad.”

Habría que destacar en esto que la tecnología, neutra como es en su contenido semántico, no es la causante de la brecha. El uso que se hace de ella sería en todo caso lo que la hace que la inequidad y la desigualdad se acentúen, o que las posibilidades y expectativas se acerquen.

Personalmente no me parece que con créditos o financiamiento, ni siquiera regalando las computadoras la tan mentada brecha vaya a cerrarse.

Cierro con Ciapuscio:”Es entender que no hay desarrollo de un país sin un amplio movimiento cultural y socioeconómico que lo sustente y políticas estatales que lo promuevan.”

Los docentes tenemos mucho que ver en esto.

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Efectos colaterales no deseados de OLPC

Otra de Engadget:

“Parece que no han habido noticias muy interesantes hoy, porque la que más llama la atención es el asombro que los reporteros de Reuters demostraron al saber que los estudiantes nigerianos estaban usando los OLPC XO para hacer lo que cualquier otro adolescente, lleno de hormonas, ha hecho desde el principio de los tiempos: intentar ver mujeres desnudas. Claro, estos ordenadores no fueron diseñados para permitir ese uso, pero tampoco se pensó en prohibirlo, aunque en todo caso, pronto se empezarán a instalar filtros para que los malcriados niños no vayan a sitios que no sean educativos y didácticos. Con esto, no estamos diciendo que lo que hacen está bien, pero tampoco nos parece que debería causar tanto asombro.”

Coincidimos. Y agregamos, como diría la abuelita, “no hay peor ciego que el no quiere ver”

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¿Una laptop por chico o una confusión a lo grande?

Admiro y sigo con entusiasmo el trabajo de la gente de Educ.ar. He tenido algún contacto con ellos participando en presentaciones y cursos, y suelo meterme a opinar a veces.

Pero en este asunto del proyecto ‘OLPC’ (‘Una computadora por niño’, tal el significado de las siglas en nuestro idioma), tengo mis dudas y disiento con cierta perspectiva pseudo-utópica, como que todos tienen el interés puesto en la tecnología y en el proyecto pedagógico, únicamente.

Alguien dijo una vez, no recuerdo quien, ‘No soy pesimista. Soy un optimista informado’, y algo de eso me sucede con este asunto. Pero hay algunos en Educ.ar que ven operaciones de prensa detrás de las críticas.

Por lo pronto, hace un par de días se informó que el precio no es 100 dólares sino 150. Si bien en el blog oficial del proyecto se explica la cuestión de esta diferencia, el asunto sigue sin estar claro.

Educ.ar publicó fotos del aparato en cuestión, desde la caja cerrada hasta gente usandola, al mejor estilo de un padre primerizo que le saca fotos hasta al cordón umbilical. Poco serio.

¿Por qué Educ.ar no está girando por el país mostrando la máquina, informando sobre la verdadera esencia del proyecto y escuchando nuestras dudas, preguntas y comentarios?

Adrián Paenza dice en un video publicado por Educ.Ar, mientras pregunta como se dice ‘laptop’ en castellano, que apoya el proyecto siempre y cuando no aparezca nada extraño. No lo dice exactamente así pero casi. El hombre ha visto algunas manchas en la cosa pública, seguramente, y lanza el alerta.

Creo que nadie duda de la genialidad de mucha de la producción del MIT. Son innovadores, geniales y artífices de gran parte de los avances en materia de computación e informática. Ese es su arte y en eso descollan. Si quisieran fabricar computadoras con latas vacías y botellas recicladas, y lo lograran, nuestra admiración no podría más que crecer.

Pero en este caso entran a jugar otros factores: los ministerios de educación se entusiasman, los gobiernos compran el paquete, circula gran cantidad de efectivo, y ni una sola consulta con los interesados, leáse docentes, niños, técnicos, etc. etc.

Ya sé que alguien al leer esto podría decir ‘¿quién es este para opinar?’, y creo que es ese justamente el meollo de la cuestión: falta el ‘ciudadano común’. ¿Cuando se tomarán decisiones consensuadas, con intervención de, en este caso, los usuarios finales?

Un párrafo aparte para hablar de sensaciones. Adivino que a nadie le importan las mías, pero las comparto porque quizás alguien siente lo mismo: que rara sensación me produce ver las fotos ‘oficiales’ con esas caritas de chicos de piel oscura y apariencia ‘no-desarrollada’, es decir, en vías de desarrollo.

Tengo que ser franco y decir que vi cierta preocupación de parte de ciudadanos comunes en los EEUU. En los comentarios al artículo del blog mencionado antes, una señorita se queja porque no se les entregarán a los niños en ese país. Dice así: ‘What about the children in OUR country? I donated my old laptop to a hispanic family (el énfasis es mío) who’ve never had a computer.”

No, si son unos tipos bárbaros. ¿A gente como esta, con estas ideas, le vamos a confiar la tan mentada alfabetización tecnológica de nuestros chicos?

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¿De qué hablamos cuando hablamos de 'Nuevas Tecnologías'?

En una revista dominical de la ciudad se publicó un artículo interesante, sobre cómo la irrupción de las nuevas tecnologías en la vida diaria cambió nuestros hábitos.

Entre nativos e inmigrantes digitales (por cierto, una división discutible, por subjetiva y bastante antipática), comparaciones nostágicas (típicas de los que pasaron los treinta…) y opiniones de opinólogos, en el mencionado artículo se entremezclan Biblia y calefón.

Los que saben dicen que la tecnología, en una aproximación elemental, nace de necesidades, responde a demandas e implica el planteo y la solución de problemas concretos, ya sea de las personas, empresas, instituciones, o del conjunto de la sociedad. Esto incluye computadoras, celulares, chat e i-pod, por supuesto, pero no se restringe a estos artilugios, sino que se extiende a todo desarrollo o creación humana tendiente a mejorar la calidad de vida (si, ya se, no siempre funciona…)

El encandilamiento que producen estos chiches (gadgets en inglés), hace que muchas veces, parafraseando a Les Luthiers, ‘ellos se quedan con el oro y nosotros con las baratijas…’

Es indudable que el mundo ha cambiado vertiginosamente desde la invención del transistor. Basta con revisar una “Mecánica Popular” de los años ’50 para darse cuenta de que el planeta ha girado al revés de lo que los especialistas y futurólogos imaginaban en esas épocas.

Quizás esos cambios han mareado a todo el mundo, por eso se termina confundiendo las llamadas “nuevas tecnologías” con “el planteo y la solución de problemas concretos” que viene brindando la tecnología desde que alguien dejó de hacer las cosas con las manos para usar una herramienta.

Deberíamos llamar a las cosas por su nombre, y sobre todo recordar cuando escribimos que, al decir de D. Dickson, “los problemas sociales asociados a la tecnología provienen de la utilización que de ella se hace y no de la propia naturaleza de la tecnología”. Sea antigua o moderna, electrónica o a vapor.

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¿Por qué será que no le gusta a Gates?

Bill Gates se expresó en forma negativa acerca del proyecto OLPC y las notebooks de u$s 100.- del MIT. Algunos diarios llegaron a referirse a dichos comentarios como “burlones”.

Sin entrar en juicios de valores acerca de la campaña o las cualidades del producto que promueve, he aquí dos de las razones por las que intuyo el porqué de los comentarios de Mr. Gates:

Sensación mía 1: El fundador de Google, Larry Page, anunció este año que su compañía respaldaba el proyecto del MIT. ¿Será que no pueden apoyar los dos las mismas campañas por una cuestión de competencia? En todo caso, bravo por Larry.

Sensación mía 2: Dijo Negroponte: “El software (Windows) ocupa demasiado y no es fiable, así que comenzamos con Linux”. ¿Será que Gates se enteró por este comentario que hay gente que prefiere Linux a Windows? Si es así, no se desquite con Negroponte, Sr. Gates. Hay bastante más gente con la misma opinión.

“Por interés baila el mono”, decía la abuela… ¿Y la cuestión solidaria del proyecto?

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Más sobre internet en la escuela

Muy interesante la nota publicada en Educ.ar sobre algunos aspectos negativos implicados en la prevención de los “riesgos de internet”.

Personalmente adhiero a todos los conceptos vertidos allì, aunque no coincida con eso de “matar al mensajero”, culpando al redactor del periódico por su nota, imbuída del error general que sobrevuela la cuestión internet. Si los expertos no alzan la voz y no participan de la discusión, alguien va a tomar su lugar. Hace falta hacer docencia. Mucha.

Sin embargo, y a pesar del caracter meramente comercial que se le da a las campañas de las empresas, también adhiero a ellas, no por ser yo ignorante del negocio fenomenal que representan los softwares de seguridad, sino porque también sirven para alertar sobre los riesgos ciertos.

Lo importante es que toda la discusión no empañe la revolución fenomenal que representa internet para la comunicación entre las personas. Estas mismas líneas, ¿serían posibles sin internet? No creo. En todo caso, estarían restringidas a un grupo limitado de lectores cercanos. En cambio ahora están publicadas a la vista de todo el mundo, y sin restricciones ni censura. Lo que escriba estará condicionado sólo por mi capacidad de expresar el mensaje.

¿Qué otro medio permite esto? Ninguno. No al menos con este alcance. Esto es parte de la naturaleza misma del medio. Sin restricciones, sin controles y sin dueños.

Ahora bien, el control de lo que se ve y se lee por internet se trasfiere de este modo al lector/observador. Qué ver, qué leer, qué escuchar, es prerrogativa y privilegio del receptor. En el mejor de los casos, tanto el emisor/generador de contenidos como el receptor deber ser educados para el intercambio, la lectura, la crítica, la ponderación, el análisis, el desenmascaramiento llegado el caso.

Que oportunidad se presenta ante el educador, de preparar individuos capaces de comunicarse, de emitir y recibir críticamente información para su provecho y el de los demás.

Las conductas extraviadas que se observan en internet son nada más que el reflejo de las diferentes conductas de los seres humanos. Decíamos alguna vez que el que delinque usando internet es un delincuente, esto es independiente del medio que use.

Protejamos a nuestros chicos enseñándoles lo bueno, y no sólo hablando de todo lo malo. En el aula hay mucho para proponer, desafiar, aprovechar creativamente. Si requerirá en todo caso una disposición al trabajo creativo que permita la aplicación de las buenas ideas que surgen del aprendizaje eficaz.

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Internet en la escuela

Al pensar la incorporación de Internet -y de las nuevas tecnologías en general- en el aula, surgen preguntas que suelen ser más o menos las mismas para todos los involucrados. Digo todos, porque estas preguntas ya exceden el marco de la informática, dado que la mayoría de los docentes podrían utilizar esta herramienta para sus diferentes espacios curriculares, y porque los directivos, responsables y especialistas también deberían tomar parte en la discusión.

Por ejemplo, en cuanto a Internet, ¿cuál debería ser el rol del docente para asegurar un buen uso de esa herramienta en el escuela?

En Internet hay de todo y para todos los gustos, por supuesto también aquellas cosas que no deseamos que los niños y jóvenes vean. ¿Cómo podríamos ejercer un sano control de un medio que por naturaleza no tiene controles?

Si pensamos que la prohibición “porque sí” no debería siquiera considerarse, ¿Cómo evitar que se acceda a información sin sentido o provecho?

Convengamos en que Internet no es una herramienta fácil de usar. Coincido completamente con la Sra. Sarlo cuando dice que se debe ser un muy buen lector (del libro físico, valga la aclaración) como para sacar algo en limpio de la maraña de información que hay en la red.

Como informático podría agregar entonces, que el acto mecánico de “copiar/pegar” no tiene ningún valor si no hay un análisis crítico para hacer una correcta selección del material encontrado. Pero, ¿cuando no hay que ser crítico? ¿Leyendo o viendo qué, hay que dejar la consideración, el análisis, la evaluación?

Pensamos que, en Tecnología, la herramienta más importante que debemos aprender a usar es el cerebro. Me gusta pensar que enseño a pensar, a reflexionar, a evaluar, a decidir bajo premisas o consignas claras, coherentes y conforme a nuestros derechos.

Todo esto viene a cuento de que Internet no es más ni menos, mejor ni peor que otras cosas que los docentes les enseñamos a usar (como docentes y como adultos), no sólo con el conocimiento que hemos adquirido, sino también con el bagaje de experiencias acumuladas como adultos.

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Computación en la escuela.

Cuando se observa la enseñanza de la computación en las escuelas, a nuestro entender se apreciaría que existe una problemática que se presenta con dos realidades bien definidas.

Por un lado están las escuelas que no tienen acceso a estas tecnologías porque deben dedicar todos los recursos (escasos, por cierto) a otros menesteres, gracias a un estado ausente; por el otro, están las escuelas que cuentan con los recursos físicos, pero no con los recursos humanos adecuados para la tarea.

Es cierto que existen escuelas tanto públicas como privadas que hacen una tarea muy adecuada con los recursos que cuentan. Las públicas, por medio de donaciones, cooperadoras y clubes de padres que aportan lo mejor que se puede lograr en medio de la crisis general, y las privadas por medio de recursos propios o acuerdos con empresas; ambas con personal altamente calificado.

Sin embargo, estas últimas (tanto públicas como privadas) serían pocas y no alcanzarían a cubrir la enorme falta de recursos humanos calificados que tiene nuestro mercado laboral y académico.

Digo esto, porque como docente de Tecnología, Informática y Robótica de instituciones de todos los niveles (excepto universitario, pero seguramente el problema es el mismo), noto que los alumnos mayores llegan sin preparación previa, o con preparación deficiente, y las posibilidades de volver a ver todo lo básico de nuevo a veces es imposible, cosa que nos coloca a los docentes en un verdadero problema: se quiere avanzar, pero siempre se vuelve a los mismo temas. Muchos docentes de otras áreas manifiestan tener problemas similares.

En cuanto a las escuelas sin recursos, el problema es claro: si no se comienza a elaborar estrategias, como en otros países, donde las empresas e instituciones colaboran con recursos, se seguirá profundizando la brecha, generando “analfabetos tecnológicos” sin posibilidades de desarrollo laboral y académico.

Con respecto a las otras escuelas, que sí cuentan con recursos pero no con personal capacitado, de continuar en esa postura sólo se continuará trasladando el problema hacia adelante, hasta el momento en que el estudiante quiera insertarse en el mercado laboral y no lo consiga, o tenga que hacer cursos privados para aprender a hacer una carta con un procesador de textos…

Es tanto y tan rico lo que se puede hacer; hay tantas posibilidades que se abren cuando hay esfuerzo en pos de una idea; hay tanto para hacer, pero se debe tener un proyecto. Es una pena que pase el tiempo y se mire para un costado, como si estuviera todo bien…

Con un curso de Polimodal (chicos y chicas de 16 años) de la terminalidad Biotecnología, a quienes enseño Tecnología de la Información y la Comunicación, visitamos a mitad del año un laboratorio de análisis equipado con las últimas tecnologías informáticas para procesos que hasta no hace mucho tomaban horas y ahora se hacen en minutos. Los técnicos a cargo tienen que estudiar gruesos manuales para usar esos equipos. Y los alumnos salen asumbrados por lo que ven y escuchan, y con una idea un poco más clara del mundo tecnológico con el que se van a encontrar en no mucho tiempo más, luego de graduarse.

Hago esto porque considero que esa es la idea que debe permanecer en mente al enseñarles: el conocimiento sirve, nos prepara para enfrentar exitosamente el mundo que nos rodea, porque nos enseña a pensar, a ser independientes, a llegar donde queramos aun cuando el mundo entero intente convencernos de que no podemos. Creemos que el profesional a cargo de la enseñanza en una escuela debería tener no sólo los conocimientos, sino la inventiva y la motivación que apunte hacia esos objetivos.

Sé que suena a utopía, pero como diría Galeano, “La utopía está en el horizonte… Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Pensemos en eso al entrar a un aula a enseñar.

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¿Que puede hacer una computadora?

Tengamos en cuenta primero lo que NO puede hacer: por obvio que parezca, una computadora no piensa; una computadora no toma decisiones por sí sola, y mucho menos las decisiones que usted debe tomar, así que nunca deje que ella tome el control poniéndolo nervioso por lo que no sabe, o frustrado porque nada funciona.

Una computadora SI puede: procesar grandes cantidades de información en un tiempo muy corto, sin cansarse (otra obviedad), y con solo programarla por medio de un conjunto de instrucciones adecuado.

¿Que significa procesar información? Significa que la computadora puede darle cierto tratamiento a los datos suministrados por alguien para generar nuevos datos. El ejemplo más sencillo es cuando usted digita dos números y la computadora le responde con un tercero que es la suma de los anteriores. Por definición, entonces, y en términos generales, una computadora es un dispositivo electrónico capaz de procesar información de acuerdo a instrucciones previamente dadas por un operador.

Usted seguramente recuerda esa especie de “duelo de titanes”, la partida de ajedrez entre el campeón Gary Kasparov y la computadora Deep Blue de IBM en 1997, ganada por esta última. Más allá del fenómeno publicitario y económico que significó para los involucrados (no para usted ni para mi), podría constituirse en el paradigma de la fantasía que impregna el pensamiento de algunas personas: la máquina venció al hombre.

La realidad es que Deep Blue no hizo otra cosa que la que debía hacer: contando con todas las jugadas y variantes posibles almacenadas en su memoria, las combinó a una velocidad increíblemente alta y las presentó al operador humano, quien efectuó las jugadas. En todo caso, parece que Kasparov perdió la partida por esa cosa que los seres humanos a veces tenemos, gracias a Dios: se puso nervioso.

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