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En el aula - 2. página

El aula, en cualquier momento y en cualquier lugar

Illich y la necesidad de un cambio profundo

Lo que enseña el maestro no tiene ninguna importancia, desde el momento en que los niños deben pasarse centenares de horas reunidos en clases por edades, entrar en la rutina del programa (o currículum) y recibir un diploma en función de su capacidad de someterse a él. ¿Qué se aprende en la escuela? Se aprende que cuantas más horas se pase en ella, más vale uno en el mercado. Se aprende a valorar el consumo escalonado de programas. Se aprende que todo lo que produce una institución prioritaria tiene valor, incluso lo que no se ve, como la educación y la salud. Se aprende a valorar la promoción jerárquica, la sumisión y la pasividad, y hasta la desviación tipo, que el maestro interpretará como síntoma de creatividad. Se aprende a solicitar sin indisciplina los favores del burócrata que preside las sesiones cotidianas: el profesor en la escuela, el patrón en la fábrica. Se aprende a definirse como detentador de un lote de conocimientos en la especialización en que se ha invertido el tiempo. Se aprende, finalmente, a aceptar sin rebelarse su lugar dentro de la sociedad, es decir, la clase y la carrera precisas que corresponden respectivamente al nivel y al campo de especialización escolares.
Ivan Illich, filósofo austríaco, un crítico de las instituciones clave en la cultura moderna, citado en “¿Dónde quedó la educación para la emancipación?”

Eco y el conocimiento: ‘El sentido sólo puede ofrecerlo la escuela’


La siguente columna de Umberto Eco, el recordado escritor, filósofo y docente italiano, titulada “¿De qué sirve el profesor?”,  se publicó en La Nación de Bs. As. el 21 de mayo de 2007 y se convirtió desde ese momento en una referencia para varios artículos de este blog, en particular aquellos relativos al uso de internet en la educación. Hoy la publicamos completa, como una mirada necesaria en un momento en el que se discute fuertemente la cuestión de la educación. Ojalá sume al debate y brinde luz al respecto de la función del docente frente al aula.


¿De qué sirve el profesor?

En el alud de artículos sobre el matonismo en la escuela he leído un episodio que, dentro de la esfera de la violencia, no definiría precisamente al máximo de la impertinencia… pero que se trata, sin embargo, de una impertinencia significativa. Relataba que un estudiante, para provocar a un profesor, le había dicho: “Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?”

El estudiante decía una verdad a medias, que, entre otros, los mismos profesores dicen desde hace por lo menos veinte años, y es que antes la escuela debía transmitir por cierto formación pero sobre todo nociones, desde las tablas en la primaria, cuál era la capital de Madagascar en la escuela media hasta los hechos de la guerra de los treinta años en la secundaria. Con la aparición, no digo de Internet, sino de la televisión e incluso de la radio, y hasta con la del cine, gran parte de estas nociones empezaron a ser absorbidas por los niños en la esfera de la vida extraescolar.

De pequeño, mi padre no sabía que Hiroshima quedaba en Japón, que existía Guadalcanal, tenía una idea imprecisa de Dresde y sólo sabía de la India lo que había leído en Salgari. Yo, que soy de la época de la guerra, aprendí esas cosas de la radio y las noticias cotidianas, mientras que mis hijos han visto en la televisión los fiordos noruegos, el desierto de Gobi, cómo las abejas polinizan las flores, cómo era un Tyrannosaurus rex y finalmente un niño de hoy lo sabe todo sobre el ozono, sobre los koalas, sobre Irak y sobre Afganistán. Tal vez, un niño de hoy no sepa qué son exactamente las células madre, pero las ha escuchado nombrar, mientras que en mi época de eso no hablaba siquiera la profesora de ciencias naturales. Entonces, ¿de qué sirven hoy los profesores?

He dicho que el estudiante dijo una verdad a medias, porque ante todo un docente, además de informar, debe formar. Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera. Es cierto que lo que ocurre en Irak lo dice la televisión, pero por qué algo ocurre siempre ahí, desde la época de la civilización mesopotámica, y no en Groenlandia, es algo que sólo lo puede decir la escuela. Y si alguien objetase que a veces también hay personas autorizadas en Porta a Porta (programa televisivo italiano de análisis de temas de actualidad), es la escuela quien debe discutir Porta a Porta. Los medios de difusión masivos informan sobre muchas cosas y también transmiten valores, pero la escuela debe saber discutir la manera en la que los transmiten, y evaluar el tono y la fuerza de argumentación de lo que aparecen en diarios, revistas y televisión. Y además, hace falta verificar la información que transmiten los medios: por ejemplo, ¿quién sino un docente puede corregir la pronunciación errónea del inglés que cada uno cree haber aprendido de la televisión?

Pero el estudiante no le estaba diciendo al profesor que ya no lo necesitaba porque ahora existían la radio y la televisión para decirle dónde está Tombuctú o lo que se discute sobre la fusión fría, es decir, no le estaba diciendo que su rol era cuestionado por discursos aislados, que circulan de manera casual y desordenado cada día en diversos medios –que sepamos mucho sobre Irak y poco sobre Siria depende de la buena o mala voluntad de Bush. El estudiante estaba diciéndole que hoy existe Internet, la Gran Madre de todas las enciclopedias, donde se puede encontrar Siria, la fusión fría, la guerra de los treinta años y la discusión infinita sobre el más alto de los números impares. Le estaba diciendo que la información que Internet pone a su disposición es inmensamente más amplia e incluso más profunda que aquella de la que dispone el profesor. Y omitía un punto importante: que Internet le dice “casi todo”, salvo cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información.

Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales).

El problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe enseñar el arte de la selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero por lo menos sabe que debería saberlo, y si no sabe dar instrucciones precisas sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo, mostrando a alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet pone a su disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento de reorganizar sistemáticamente lo que Internet le transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas pero no la relación sistemática entre estas dos nociones.

El sentido de esa relación sólo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo. Si no es así, las tres I de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solamente la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo.


Fuente: La Nacion/L’Espresso (Distributed by The New York Times Syndicate) / Traducción: Mirta Rosenberg

Touraine y las nuevas tecnologías

¿Las nuevas tecnologías ayudan a socializar o a desocializar, en el mundo educativo? Depende de las tecnologías. La mayor parte de las tecnologías son colectivas, son máquinas. Yo diría que lo importante en las tecnologías es la información, porque no hay conocimiento sin información. Pero la información no tiene que estar aislada de la comunicación, que es fundamental, ni de las emociones, de lo afectivo. Es una idea clásica muy elemental pero fundamental. Del mismo modo, no se debe aislar lo mejor de lo inferior, que no hable solo la elite científica. No es fácil, porque necesitamos una elite científica, y no cualquier persona puede estudiar, por ejemplo, matemáticas a un nivel alto. Pero lo importante es que esta gente tenga la capacidad de ascender en su imaginación y no oponerse, no decir: ‘si tu eres bueno en matemáticas, no pierdas tu tiempo con pintura, juegos, amistades, conflictos o peleas’. Hay que subir hacia la abstracción y la creación científica o intelectual, pero en relación con toda la vida, como conjunto de experiencias afectivas y de comunicación. El éxito de una nación o un individuo está en la capacidad de pensar de forma abstracta y científica, pero eso no puede eliminar lo concreto, porque eso es una motivación de clase social.
Alain Touraine, sociólogo francés, a Aika Educación.

La paradoja de los analfabetos digitales

Es ciertamente una paradoja de estos tiempos: sobredosis de tecnologías de última generación para analfabetos digitales… Llenamos a nuestros chicos y jóvenes de tecnología dando por sentado que son quienes mejor se manejan en el cibermundo, pero parece que este panorama está bastante alejado de la realidad.

De esto habla el artículo “Jóvenes analfabetos digitales: Cuando las apariencias engañan”, escrito por Fernanda Sández para Border Periodismo, y para el que pudimos aportar nuestro punto de vista.

Esperemos que nuestras autoridades tomen nota, y no como un ataque sino como un aporte.

El artículo completo se lee haciendo clic aquí.

Reconocer y resistir

La promesa de Amazon [de eliminar todo tipo de intermediación] se basa en dos estrategias retóricas que aman los solucionistas. La primera es la del “discurso de la innovación”, que consiste en tratar a la innovación en general como buena en sí misma, más allá de sus consecuencias sociales o políticas. En definitiva, la innovación es progreso ¿y cómo puede ser malo el progreso? La segunda estrategia es el “discurso de las herramientas”, que busca reformular cualquier debate sobre la tecnología para presentarlo como un debate sobre herramientas y, por extensión, sobre cómo esas herramientas podrían empoderar a los usuarios. Ambos discursos empobrecen nuestro debate sobre las tecnologías digitales; se debe reconocer a ambos tempranamente, y oponerles resistencia.
Evgeny Morozov, fragmento de “Los peligros de la mediación algorítmica”, en “La locura del solucionismo tecnológico”, Ed. Katz, Cap. 5

El bullying y la banalización de la violencia

El psicólogo Mario Goldenberg, docente de la UBA, fue entrevistado en el programa “TV Pública Noticias” en ocasión de la presentación del libro “Bullying, acoso y tiempos violentos”, una compilación de trabajos de distintos profesionales al respecto de la problemática del bullying o acoso escolar.

En la breve conversación con los conductores, Goldenberg propone algunas claves para la comprensión del fenómeno y su recrudecimiento actual. Por caso, la declinación de la autoridad y la banalización de la violencia, como algunas de las causas.

Ciudadanos digitales, escuela y realidades

El pasado 27 de diciembre estuve invitado a “El circo de la vida”, programa radial conducido por Pablo  Pallares y Nahuel Diviani, con la participación del periodista y escritor Raúl Astorga,  que se emite por FM Latina 94.5 MHz.  de Rosario.

El siguiente es un recorte de algunas de mis intervenciones en el programa, aquellas en las que tratamos temas complejos de la realidad cotidiana y el impacto social del uso de las tecnologías digitales en la escuela y en la vida.

Muchas gracias a los conductores por la invitación y por crear un clima de camaradería para una charla distendida que disfruté mucho.

El programa completo se puede escuchar haciendo clic aquí.

Nativos digitales, una idea dañina en el campo de la educación

En el ámbito de la educación, en cuanto a la adquisición de competencias para el uso adecuado de los dispositivos digitales las decisiones se encuentran obturadas por la falacia de los “nativos digitales” -un concepto que ni el propio Marc Prensky, su creador, sostiene actualmente, y que se refiere al cambio generacional en el que las personas son definidas por la cultura tecnológica con la que están familiarizadas-. Esta idea, que en un lenguaje coloquial podría traducirse como que “los pibes nacen sabiendo usarlas”-, ha derivado en la eliminación de la enseñanza de la computación en la escuela.

La periodista Fernanda Sández desarrolla el problema en su artículo para La Nación, “Nativos digitales que naufragan en el mar de la Web”, y concluye a partir de opiniones de especialistas, que “a hacer un uso creativo de la tecnología no se aprende sin un otro allí; a razonar, todavía menos. Si hoy son cada vez más los adolescentes que creen en lo que dice Internet, eso habla de una sola cosa: de que nunca hubo nadie allí que los ayudara a cambiar de idea.”

Agradezco a la periodista por mencionar en el artículo algunas ideas que compartimos en un largo intercambio vía email. El artículo se lee completo haciendo clic aquí.

Reinventar la esperanza

Lo más importante en educación es reinventar la esperanza en la gente que ha perdido la esperanza, y no solamente hacer una educación para pocos. El problema más grande que tiene el sistema educativo es la forma en la que se está comparando la calidad, que hace que la calidad disminuya. Estos sistemas de medición dan cosas por sentado. Los exámenes miden lengua, matemática y algo de ciencias naturales. Pero qué hay de la literatura, de la poesía; qué hay de la historia. No hay técnicas para aprender a escribir que tengan una relación más rica con la comunidad, con la cultura, con el mundo.
Soy muy crítico de PISA por el método que utiliza. Creo que tiene enormes problemas metodológicos que no han sido discutidos. La idea de PISA no fue hacer una competencia entre países, y lo sé porque conozco a los profesores que la crearon, si no sugerir que cada uno creara un sistema propio de medición que pueda hacerlos reflexionar y cambiar. El premio Nobel de Economía James Heckman fue muy crítico, pues PISA no incluye lo que él llama el conocimiento no cognitivo, como las habilidades sociales y humanistas.
Creo en el intercambio, en tomar puntos de referencia a nivel educativo para generar un encuentro entre países para reflexionar en todos los niveles. Lo anterior tiene que ver con una filosofía de controlar y desarrollar, y su relación. Si controlás de una manera, en una sola dimensión, podés dañar el desarrollo. No podés medir cosas que son imposibles de medir; la calidad es muy difícil de medir. Pero podés buscar, sí, algunas señales, y esto es importante. No estoy diciendo que no hagamos nada. Estoy diciendo que esto no es suficiente. Que tenemos que esforzarnos en estimular la participación de los padres y construir esa confianza entre la sociedad y la escuela.
Harold Göthson, especialista en educación sueco, al diario Clarín

Extraordinaria jornada sobre privacidad e internet en la EESOPI 2037

Intensa y enriquecedora jornada la de hoy, en la EESOPI N° 2037 “Verbo Encarnado”. En el marco de las jornadas de “Escuela Abierta”, el programa de formación docente permanente de la Provincia de Santa Fe, fui invitado por las autoridades del Colegio para presentar la charla “Internet no olvida”  y organizar un taller con los alumnos y docentes de la institución.

Bajo estas consignas, la jornada se desarrolló en tres momentos. En el primero, presentamos la charla a docentes y alumnos del nivel secundario. Luego los alumnos, por curso y con sus docentes se reunieron para debatir y reflexionar sobre una serie de casos propuestos como disparadores, los que mostraban situaciones puntuales de problemáticas emergentes del uso de los medios digitales. Finalmente, el momento de puesta en común y propuestas de acción, como cierre, junto a docentes y directivos.

Se trató de una larga jornada de trabajo, enriquecedora y muy dinámica gracias al interés y entusiasmo de los participantes. Una de las palabras recurrentes a lo largo de la jornada fue “concientizar” .  Bienvenido sea si ese fue nuestro aporte.

Mi agradecimiento a los directivos, docentes y alumnos de la institución por proponer y facilitar eventos de este tipo. Y por supuesto, por todas las atenciones recibidas.

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