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Educación - 46. página

Tecnología y educación

Aunque lo nieguen, no deja de ser

Apenas comenzó el Mundial y la batalla ya está perdida. Y quedó claro que la ganaron los chicos: aún en los colegios donde se permitió ver el partido de Argentina de ayer (el primero del torneo en día hábil), las aulas estuvieron vacías.

Esto fue particularmente notorio en el Nivel Polimodal (los más grandes), aunque en EGB también se hizo sentir, pero menos. En este último todavía los padres tienen el poder de decisión en la mayoría de los casos.

Soy testigo de que muchos docentes y directivos le dieron un contenido, un perfil muy interesante a la cuestión del Mundial. Incluso podría decirse que el CD que elaboró el Ministerio de Educación contenía un material por demás interesante.

Otros, en cambio, fueron la negación total: pusieron reuniones a la hora del partido, prohibieron los televisores o forzaron situaciones francamente absurdas y fracasaron aun más estrepitosamente.

Este último es el “Sindrome Sebrelli-Savater”, más conocido como el del “Perro del Hortelano”: no les gusta el Mundial y hacen todo lo posible para que el resto de los mortales nos sintamos los más idiotas del mundo por “seguir una pelotita”. Por supuesto, de Fontanarrosa, Soriano y otros por el estilo, que hacen una defensa apasionada de “un juego de brutos que embrutece a las masas”, ni hablar.

En cambio a mi, ¡cómo me gusta el Mundial! ¡Cómo me emocioné cuando Argentina salió a la cancha, cuando cantaron el Himno, cuando les “llenaron la canasta” a los pobres “Serbios y etc.”! Ví los goles cerca de 10 veces, casi en cada repetición y casi con la misma pasión con que veo el gol del Chango Cárdenas al Celtic o la gambeta de Maradona en el ’86.

Aunque lo nieguen no deja de ser. Aunque nieguen la locura, los goles, las camisetas, los cantitos, las caras albicelestes, los trapos, los papelitos; en fin, la pasión del futbol, no deja de ser. Como tantas pasiones populares convertidas en fenómenos sociales, el futbol no puede ser ignorado.

En general somos un país de “ignoradores”: suelen dejarse de lado e ignorarse personajes y hechos históricos y populares, muchas veces por actitudes funcionales a los poderes de turno.

Estemos de acuerdo o no, no se pueden negar. Estemos de acuerdo o no con Rosas, con Perón, con el Che; de acuerdo o no con los movimientos populares, con el tango, el floclore o el rock, o con cualquier otra manifestación del fervor popular, no dejan de ser.

Se pueden analizar, rechazar, criticar o amar, pero no negar. Y el futbol, en tanto expresión popular, tampoco puede ser ignorado. Lo que sucedió con el partido de Argentina, en algunos casos, fue querer tapar el sol con la mano, porque el fenómeno emergió igual con toda su fuerza.

Y mientras tanto escuela y sistema quedaron afuera, perdiendo la enorme oportunidad y perdiendo por goleada.

Resultado: Escuelas vacías – Alumnos fuera.

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Un cacho e'cultura

Hoy leía en un blog sobre el mundial un comentario a un post, en el que alguien describía amargamente algunas actitudes triunfalistas y en el límite con la soberbia que solemos tener los argentinos con el futbol en particular, y con la vida en general.

Esta persona muy enfáticamente afirmaba que las razones de este mal son culturales, en un texto con una cantidad de faltas de ortografía asombrosas.

Está bien, una tilde menos o una x por un par de c pueden no ser signos de incultura. Escribir “companía”, como escribió una colega días atrás en una nota puede ser sólo distracción. Pero se está escribiendo mal, muy mal, esa es la realidad.

Se han multiplicado los medios para expresar las ideas y opiniones, gracias a la cantidad de avenidas que abre la red para ello. Habría que tener un poco más de cuidado y usar un poco más el diccionario si se tienen dudas.

Después de todo, lo que decimos es importante. Pero cómo lo decimos (o escribimos), también.

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Bienvenida, Inteligencia

Quienes recorran nuestro sitio “Tecnología para todos” y este blog seguramente notarán, como ya lo han hecho nuestros allegados y colegas, que somos ‘victimas’ de una ‘enfermedad’ que nos aqueja y que nos ‘obliga’, a modo de antídoto, a leer a la Sra. Beatriz Sarlo.

Esa enfermedad, que podría recibir varios nombres, surge de la grave anemia de ideas inteligentes que nos rodea a quienes nos movemos en ámbitos de la tecnología en general, y las TIC en particular.

Si, claro, está lleno de ‘opinólogos’, de gurúes y especialistas, pero convengamos que es muy raro escucharlos decir algo inteligente, ocupados como están en ser los nuevos ‘negropontes’ que acierten en el pronóstico de como será el mundo tecnológico de aquí a diez, cien o mil años.

Ante tan apocalíptico panorama, el remedio: leerla a la Sra. Sarlo. Bueno, no es el único remedio. Hay otros pensadores que con similar sensibilidad y claridad de ideas (como por ejemplo, Luis Doval) aportan algo de luz a semejante oscuridad tecnológico-intelectual , pero acabo de leer algo que escribió la mencionada que es destacable.

En su columna de hoy en la revista Viva, la escritora y ensayista plantea que la idea de ‘alfabetización digital’ tiene mucho de engañoso porque nadie se alfabetiza dos veces, ‘precisamente por el carácter de límite entre un antes y un después que tiene el aprendizaje de las letras’. ¿Por qué? Porque aprender a leer traza un umbral, porque no se adquiere solamente una capacidad de descifrar signos, sino una máquina con la que se fabrica cualquier cosa. ‘Se trata, por lo tanto, de algo que no puede ser comparado con nada’.

Se debe reconocer, ya en esta primera aproximación a la idea motora del artículo, que no nos hemos detenido a pesar la importancia de las palabras y las ideas en este sentido. Entonces surge una lógica pregunta, que es respondida con igual coherencia:

‘¿Cuánto tiempo es necesario para aprender a manejar un procesador de textos, una hoja de datos sencilla, un cliente de correo electrónico y un buscador de contenidos en Internet? Cualquiera que haya inspeccionado las ofertas de cursos en el mercado sabe que, en el peor de los casos, sólo pocos meses. Por supuesto, no se trata de mandar a los maestros a la academia de la esquina, sino de definir bien cuál es el problema. Alguien que sepa leer y escribir sin faltas de ortografía y que haya cursado varios años de secundario dominará cualquier buscador de contenidos en dos días o en dos horas. Quiero decir que estará en condiciones de tipear algunas palabras y recorrer las páginas de resultados. Sólo es necesario que la tecnología y la conexión a Internet estén económicamente a su alcance. Logrado esto, empieza lo verdaderamente difícil.’

Hay una combinación de factores que se recortan de estos conceptos claramente: capacitación del docente, apoyo total del estado en el achicamiento de la brecha tecnológica, abaratamiento de costos, decisiones políticas tendientes a la masificación del medio.

Pero esto no es todo, porque si no consideramos el factor cultural del problema, corremos el riesgo de errar al diagnóstico y su cura:

‘Internet es un mundo sin índices ni jerarquías reconocibles a primera vista. Cuando se habla de miles de millones de páginas, la palabra páginas describe algo bastante aproximado a lo que sucede: pantallas y pantallas de información escrita, visual o sonora que sólo en algunos casos (y hay que saber cuáles son) entregan lo que prometen en términos de contenidos. Como si alguien debiera buscar las respuestas a sus interrogantes en medio de una tormenta de hojas de libros sin encuadernar y sin numerar. Lo difícil no es manejar esa tecnología sino estar intelectualmente preparado para navegar esa masa indócil de datos. Como no se trata de un videojuego, más que tipear rápido es necesario pensar bien y haber acumulado antes la mayor cantidad de informaciones: cuanto más se sabe, cuantos más libros se han leído, mejores hojas se pescan en el torbellino de la red, donde las buenas soluciones las encuentran quienes también son capaces de encontrar las buenas soluciones en los libros impresos.’

Va de nuevo: ‘…es necesario pensar bien y haber acumulado antes la mayor cantidad de informaciones’

Sra. Sarlo, humildememte le decimos: los docentes de tecnología la necesitamos en ciertos portales educativos; la necesitamos en el Ministerio de Educación; la necesitamos hablando, pensando, opinando, proponiendo, porque hasta ahora han tenido la ‘manija’ los opinólogos de turno, los gurúes de la tecnología de la brecha, y nadie lo ha dicho tan claro como usted.

Indudablemente estamos errando en las premisas elementales, por eso todo análisis cae en saco roto.

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El mundial y la escuela

Hay algo notable en la discusión por el próximo mundial de fútbol, si dejamos o no ver a los chicos los partidos en la escuela. Lo notable es que sigamos discutiendo el uso de las nuevas tecnologías en el aula, cuando no podemos meter ni a la fuerza una tecnología de tremenda antigüedad y de tan grande inserción social.

Entre la prohibición, que demuestra que aun los más ilustrados han aprendido poco del pasado reciente, y la excusa -inexcusable- de meter contenidos a la fuerza, hay un vacío enorme que ningún puente pedagógico ha podido salvar.

Leía el análisis que hace el periodista Orlando Barone sobre el conflicto, en un artículo titulado “El totalitarísmo del fútbol y las escuelas”, y puede decirse que está claro cual es el eje de la cuestión. Dice, entre otras cosas:

“(…) Aquellas opuestas posiciones educativas no marcan sino distintas formas de enfrentar o de defenderse de la fuerza imparable de la marea futbolística. Y optar por uno u otro recurso no cambiará el objetivo estudiantil que –con o sin permiso institucional- tendrá como destino colectivo las vicisitudes de los partidos y de los resultados.

Poco importará a los alumnos tratar de entender la historia de Croacia, la etnia de un país africano, el arte milenario de un país asiático o la trama histórica y política de Alemania. No es necesario que el sistema educativo se autojustifique tratando de emprender una aventura vana. Ellos estarán pendientes de los goles, del triunfo o la derrota del seleccionado, y no de recibir clases alusivas bienintencionadas y poco realistas.

(…) En un caso -dejar que se mire el mundial por televisión en las aulas- se trata de una forma flexible y progresista; en el otro, se trata de mantener, sin concesiones, la tradición y la razón de ser de la enseñanza. (…) Lo que los educadores deben sopesar es que si la selección fuera eliminada prontamente, la triste carga sicológica de los alumnos no variará y será igual en cualquiera de ambas opciones. Tendrán que asumir el correspondiente duelo de una sociedad futbolera. Y no importa si vieron o no televisión en la escuela. Pero si Argentina ganara el campeonato del mundo ya no importarán ni la educación ni la escuela ni la Universidad, ni el parlamento ni el Gobierno ni nada: la Argentina estará cerrada una semana. Y el ministro Filmus y Jaim Echeverry también se habrán convertido en masa.

Brillante. Muy claro.

La discusión pasa por otro lado.

Ese vacío enorme del que hablábamos al principio tiene que ver con que la pedagogía de la excusa está impidiendo que alcancemos un acuerdo, una estrategia común, de la que la tecnología sea un aporte, un soporte para proyectos que interesen y formen a todos.

Hay cuestiones que la escuela no puede -y a veces no sé si quiere- manejar, porque la resistencia a las nuevas tecnologías fue históricamente casi un paradigma. ¿Cuanto tiempo tardó en aceptar el boligrafo? ¿Cuanto se está tardando en construir espacios que acomoden a todos, aun a los de diferentes capacidades? ¿Cuanto tiempo se va a tomar discutiendo sobre los celulares? ¿Cuando va a terminar de incorporar una tecnología como la de la televisión, próxima a cumplir 56 años?

Un proyecto que es un intento

Una esperanzadora aproximación -a nuestro humildísimo criterio- parece ser el proyecto de Mendoza, una de las seis provincias del país en las que el Mundial de Fútbol será incluido como un tema de análisis en la escuela, a modo de contenido transversal a los programas de todas las materias de tercer ciclo de EGB. Para ello, preveen utilizar el libro “La escuela, los medios y el Mundial de Fútbol Alemania 2006”, auspiciado por la Embajada de Alemania en Argentina, y que contiene 70 actividades que fueron elaboradas por los coordinadores del programa Escuela y Medios de las distintas provincias.

Ariel Barrios, titular de ese programa de la Dirección General de Escuelas de Mendoza, destacó que “el objetivo es que los alumnos conozcan, relacionen e interpreten el rol de los medios -el énfasis es mio-. Eso permitirá vincular los contenidos curriculares de la escuela a la realidad cotidiana y a los eventos sociales, deportivos, artísticos, políticos, económicos que vive toda la sociedad.” Y agregó que cada establecimiento tendrá libertad para utilizarlo antes o después de un partido.

Al menos es un esfuerzo de darle un sentido desde lo institucional.

Pero el problema central no es el televisor o la tecnología en general. El problema es que llamamos a las cosas por otro nombre que el que tienen. Los progresistas no quieren parecer conservadores hablando de orden y disciplina; los conservadores no quieren -¡Dios nos libre!- parecer progresistas hablando de albedrío. En el medio, los chicos haciendo lo que quieren, porque el sistema no los contiene; porque los adultos, sus modelos, están discutiendo en los bordes del problema.

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¿Por qué será que no le gusta a Gates?

Bill Gates se expresó en forma negativa acerca del proyecto OLPC y las notebooks de u$s 100.- del MIT. Algunos diarios llegaron a referirse a dichos comentarios como “burlones”.

Sin entrar en juicios de valores acerca de la campaña o las cualidades del producto que promueve, he aquí dos de las razones por las que intuyo el porqué de los comentarios de Mr. Gates:

Sensación mía 1: El fundador de Google, Larry Page, anunció este año que su compañía respaldaba el proyecto del MIT. ¿Será que no pueden apoyar los dos las mismas campañas por una cuestión de competencia? En todo caso, bravo por Larry.

Sensación mía 2: Dijo Negroponte: “El software (Windows) ocupa demasiado y no es fiable, así que comenzamos con Linux”. ¿Será que Gates se enteró por este comentario que hay gente que prefiere Linux a Windows? Si es así, no se desquite con Negroponte, Sr. Gates. Hay bastante más gente con la misma opinión.

“Por interés baila el mono”, decía la abuela… ¿Y la cuestión solidaria del proyecto?

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Más sobre internet en la escuela

Muy interesante la nota publicada en Educ.ar sobre algunos aspectos negativos implicados en la prevención de los “riesgos de internet”.

Personalmente adhiero a todos los conceptos vertidos allì, aunque no coincida con eso de “matar al mensajero”, culpando al redactor del periódico por su nota, imbuída del error general que sobrevuela la cuestión internet. Si los expertos no alzan la voz y no participan de la discusión, alguien va a tomar su lugar. Hace falta hacer docencia. Mucha.

Sin embargo, y a pesar del caracter meramente comercial que se le da a las campañas de las empresas, también adhiero a ellas, no por ser yo ignorante del negocio fenomenal que representan los softwares de seguridad, sino porque también sirven para alertar sobre los riesgos ciertos.

Lo importante es que toda la discusión no empañe la revolución fenomenal que representa internet para la comunicación entre las personas. Estas mismas líneas, ¿serían posibles sin internet? No creo. En todo caso, estarían restringidas a un grupo limitado de lectores cercanos. En cambio ahora están publicadas a la vista de todo el mundo, y sin restricciones ni censura. Lo que escriba estará condicionado sólo por mi capacidad de expresar el mensaje.

¿Qué otro medio permite esto? Ninguno. No al menos con este alcance. Esto es parte de la naturaleza misma del medio. Sin restricciones, sin controles y sin dueños.

Ahora bien, el control de lo que se ve y se lee por internet se trasfiere de este modo al lector/observador. Qué ver, qué leer, qué escuchar, es prerrogativa y privilegio del receptor. En el mejor de los casos, tanto el emisor/generador de contenidos como el receptor deber ser educados para el intercambio, la lectura, la crítica, la ponderación, el análisis, el desenmascaramiento llegado el caso.

Que oportunidad se presenta ante el educador, de preparar individuos capaces de comunicarse, de emitir y recibir críticamente información para su provecho y el de los demás.

Las conductas extraviadas que se observan en internet son nada más que el reflejo de las diferentes conductas de los seres humanos. Decíamos alguna vez que el que delinque usando internet es un delincuente, esto es independiente del medio que use.

Protejamos a nuestros chicos enseñándoles lo bueno, y no sólo hablando de todo lo malo. En el aula hay mucho para proponer, desafiar, aprovechar creativamente. Si requerirá en todo caso una disposición al trabajo creativo que permita la aplicación de las buenas ideas que surgen del aprendizaje eficaz.

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Internet en la escuela

Al pensar la incorporación de Internet -y de las nuevas tecnologías en general- en el aula, surgen preguntas que suelen ser más o menos las mismas para todos los involucrados. Digo todos, porque estas preguntas ya exceden el marco de la informática, dado que la mayoría de los docentes podrían utilizar esta herramienta para sus diferentes espacios curriculares, y porque los directivos, responsables y especialistas también deberían tomar parte en la discusión.

Por ejemplo, en cuanto a Internet, ¿cuál debería ser el rol del docente para asegurar un buen uso de esa herramienta en el escuela?

En Internet hay de todo y para todos los gustos, por supuesto también aquellas cosas que no deseamos que los niños y jóvenes vean. ¿Cómo podríamos ejercer un sano control de un medio que por naturaleza no tiene controles?

Si pensamos que la prohibición “porque sí” no debería siquiera considerarse, ¿Cómo evitar que se acceda a información sin sentido o provecho?

Convengamos en que Internet no es una herramienta fácil de usar. Coincido completamente con la Sra. Sarlo cuando dice que se debe ser un muy buen lector (del libro físico, valga la aclaración) como para sacar algo en limpio de la maraña de información que hay en la red.

Como informático podría agregar entonces, que el acto mecánico de “copiar/pegar” no tiene ningún valor si no hay un análisis crítico para hacer una correcta selección del material encontrado. Pero, ¿cuando no hay que ser crítico? ¿Leyendo o viendo qué, hay que dejar la consideración, el análisis, la evaluación?

Pensamos que, en Tecnología, la herramienta más importante que debemos aprender a usar es el cerebro. Me gusta pensar que enseño a pensar, a reflexionar, a evaluar, a decidir bajo premisas o consignas claras, coherentes y conforme a nuestros derechos.

Todo esto viene a cuento de que Internet no es más ni menos, mejor ni peor que otras cosas que los docentes les enseñamos a usar (como docentes y como adultos), no sólo con el conocimiento que hemos adquirido, sino también con el bagaje de experiencias acumuladas como adultos.

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Nacido en Latinoamerica

Los argentinos somos diferentes a los brasileños: mientras nosotros destruímos el país imaginando ser lo más grande del mundo (incluso alguna vez pensamos, del primer mundo), ellos hacen lo que quieren porque creen realmente que son “o mais grande”.

Pero sin lugar a dudas (y esto es lo que núnca terminamos de entender) latinoamerica toda, argentinos y brasileños incluídos, estamos siendo complacientes con un proyecto global de empobrecimiento e ignorancia, funcional a los paises centrales.

Algo parecido suele suceder en Asia, pero con el tiempo ellos logran torcerle el brazo al poder económico (Japón en los ’80, luego Corea, más tarde Taiwan, ahora China), pero no sin costo.

Volviendo a latinoamerica, y en particular Argentina, tomemos por caso un par de noticias de estos días que hablan más y mejor que mil palabras.

– El 80% de los ingresantes a las universidades no llega a graduarse.
– Como dice Sarlo, el eufemismo chicos de la calle ya pasó a ser parte de una convivencia molesta para muchos en nuestras ciudades, sin tener real conciencia de que cada chico en la calle es uno menos en el aula.
– El gobierno no actúa por propia convicción en la defensa de los derechos de sus ciudadanos sino bajo presión de algunas instituciones, y deroga un decreto que legalizaba la invasión de nuestra privacidad.

¿Cual es la relación entre estas noticias, un pequeño ejemplo de lo mucho que sucede? En que son señales. Son la evidencia de que lentamente y sin que parezca grave, se continúan minando los derechos de los individuos con el único propósito de ya seamos incapaces de defender o reclamar algo en función de convertirnos en mano de obra barata.

Bienvenidos los esfuerzos de transformar esto con educación y trabajo, y en paz.

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Del dicho al hecho…

…Hay mucho trecho. Esa frase, típica de la abuelita, se ajusta muy adecuadamente a los dichos de ciertos teóricos de la tecnología. Y ni que hablar de los políticos.

En el último seminario del que participé se habló de aulas virtuales, nuevas tecnologías, etc. Todas cosas maravillosas a las que muchos dedicamos tiempo, estudio y trabajo. Pero mientras hablaban los disertantes (en particular, cuando lo hizo una representante del estado), se me ocurrió que cuando quisiera aplicar algunas de esas teorías sería bastante difícil de lograr, algo así como pretender teorías de Europa del norte en Africa central.

Me explico. Cuando el docente necesita quitarle tiempo y recursos a otras cosas para poder capacitarse, para desarrollar proyectos, para investigar, porque las escuelas (el sistema en general) pagan solo las horas frente al aula, es difícil reconocer que las nuevas competencias tecnológicas para todos los docentes son una realidad para la cual el docente debe capacitarse. Y estas son teorías que son sólo aplicables con docentes dedicados tiempo completo, que no tenga que correr de una escuela a otra para completar un sueldo magro.

Con sueldos pobres y sin soporte económico para el estudio, la investigación y la capacitación, es sumamente difícil progresar. Podría decirse, y con serias dudas que eso sea totalmente así en todos los casos, que sólo la universidad provee un margen para las actividades de investigación. El resto, poco y nada.

Las teorías más brillantes mueren de cara a la realidad si no se adecúan a ella. No estoy hablando de “nivelar hacia abajo”, negando el avance y la capacitación tecnológica, sino de que la cuestión académica sea resuelta siendo conscientes de la situación real del país, y consideando que cada integrante de la comunidad docente es parte fundamental para que el sistema funcione.

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Computación en la escuela.

Cuando se observa la enseñanza de la computación en las escuelas, a nuestro entender se apreciaría que existe una problemática que se presenta con dos realidades bien definidas.

Por un lado están las escuelas que no tienen acceso a estas tecnologías porque deben dedicar todos los recursos (escasos, por cierto) a otros menesteres, gracias a un estado ausente; por el otro, están las escuelas que cuentan con los recursos físicos, pero no con los recursos humanos adecuados para la tarea.

Es cierto que existen escuelas tanto públicas como privadas que hacen una tarea muy adecuada con los recursos que cuentan. Las públicas, por medio de donaciones, cooperadoras y clubes de padres que aportan lo mejor que se puede lograr en medio de la crisis general, y las privadas por medio de recursos propios o acuerdos con empresas; ambas con personal altamente calificado.

Sin embargo, estas últimas (tanto públicas como privadas) serían pocas y no alcanzarían a cubrir la enorme falta de recursos humanos calificados que tiene nuestro mercado laboral y académico.

Digo esto, porque como docente de Tecnología, Informática y Robótica de instituciones de todos los niveles (excepto universitario, pero seguramente el problema es el mismo), noto que los alumnos mayores llegan sin preparación previa, o con preparación deficiente, y las posibilidades de volver a ver todo lo básico de nuevo a veces es imposible, cosa que nos coloca a los docentes en un verdadero problema: se quiere avanzar, pero siempre se vuelve a los mismo temas. Muchos docentes de otras áreas manifiestan tener problemas similares.

En cuanto a las escuelas sin recursos, el problema es claro: si no se comienza a elaborar estrategias, como en otros países, donde las empresas e instituciones colaboran con recursos, se seguirá profundizando la brecha, generando “analfabetos tecnológicos” sin posibilidades de desarrollo laboral y académico.

Con respecto a las otras escuelas, que sí cuentan con recursos pero no con personal capacitado, de continuar en esa postura sólo se continuará trasladando el problema hacia adelante, hasta el momento en que el estudiante quiera insertarse en el mercado laboral y no lo consiga, o tenga que hacer cursos privados para aprender a hacer una carta con un procesador de textos…

Es tanto y tan rico lo que se puede hacer; hay tantas posibilidades que se abren cuando hay esfuerzo en pos de una idea; hay tanto para hacer, pero se debe tener un proyecto. Es una pena que pase el tiempo y se mire para un costado, como si estuviera todo bien…

Con un curso de Polimodal (chicos y chicas de 16 años) de la terminalidad Biotecnología, a quienes enseño Tecnología de la Información y la Comunicación, visitamos a mitad del año un laboratorio de análisis equipado con las últimas tecnologías informáticas para procesos que hasta no hace mucho tomaban horas y ahora se hacen en minutos. Los técnicos a cargo tienen que estudiar gruesos manuales para usar esos equipos. Y los alumnos salen asumbrados por lo que ven y escuchan, y con una idea un poco más clara del mundo tecnológico con el que se van a encontrar en no mucho tiempo más, luego de graduarse.

Hago esto porque considero que esa es la idea que debe permanecer en mente al enseñarles: el conocimiento sirve, nos prepara para enfrentar exitosamente el mundo que nos rodea, porque nos enseña a pensar, a ser independientes, a llegar donde queramos aun cuando el mundo entero intente convencernos de que no podemos. Creemos que el profesional a cargo de la enseñanza en una escuela debería tener no sólo los conocimientos, sino la inventiva y la motivación que apunte hacia esos objetivos.

Sé que suena a utopía, pero como diría Galeano, “La utopía está en el horizonte… Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Pensemos en eso al entrar a un aula a enseñar.

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