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Noticias y actualidad - 47. página

…con ojo crítico

La historia de nunca acabar.

En el campo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, cada tanto se repiten las discusiones y los análisis sesudos sobre competencias, liderazgos de mercado y avances de nuevos productos.

Cambian los nombres y las tecnologías, pero en esencia se trata de lo mismo.

Cuando aparecen estas discusiones no puedo dejar de recordar la vieja rencilla Netscape-Explorer o, aun más atrás en el tiempo, los largos artículos buscándole la vuelta a la penetración de mercado del DOS o las críticas hacia lo mal que funcionaba Excel en sus inicios frente a Lotus o Quatro Pro. En el ’96 el SO para redes que se decía se impondría era el Novell 4.1… aunque ud. no lo crea -o lo haya olvidado-.

Todavía guardo un ejemplar de una revista especializada que se preguntaba, ya desde la tapa, quien ganaría la batalla de los SO, si Windows 95 o el OS/2 Warp -¿se acordaban del OS/2?

Y hay más, mucho más que seguramente me estoy olvidando.

Las luces encandilan hoy con Google y su increíble capacidad de imponer titulares. Mientras tanto, Microsoft -raramente MS no ha sido el centro o alguna de las partes en alguna cuestión-, eterno perdedor en las preliminares, termina siendo el ganador absoluto.

Hagamos un poco de historia: MS vs. Apple; Ms vs. IBM; MS vs. UNIX; MS vs. Borland; Ms vs. el gobierno de EE. UU.; MS contra el mundo. Y el mundo, finalmente, a sus pies.

Tengo un par de soluciones como para no hacerse más problemas con estas batallas perdidas -por nosotros, no por ellos:

A nivel personal y como medida de salud mental, estoy a punto de decidir no leer más sobre Google, Microsoft o los varios etcéteras que hay.

Con respecto al resto de los mortales comunes y corrientes que usan computadoras sin saber cómo, y que lógicamente tienen problemas y no sabe cómo salir de ellos, les recomendaríamos volver a la vieja máquina de escribir. ¿O acaso usarían su automovil sin saber manejar, total, aprendemos sobre la marcha?

No, un curso no es una buena opción. Siempre habrá alguien a quien molestar, no importa la hora -el celular aniquiló ese problema de que el otro esté ocupado, por ejemplo.

Conste que ahora no menciono marcas, porque temo que comience de nuevo la historia con una guerra tipo “Olivetti vs. Remington”.

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Windows Vista… Gorda.

El fundador de Microsoft está en la ciudad de Bugsy hablando del nuevo Sistema Operativo de la compañía en la Feria Internacional de Electrónica CES 2006.

Si, ese que desde 2001 está llegando para reemplazar al XP, y que antes se llamaba Longhorn y ahora fue bautizado como Vista. Bueno, pero no se confundan: Windows 95 era Chicago antes de salir, así que es probable que en la empresa sufran como padres para encontrale un nombre al niño.

Los requerimientos mínimos (eufemismo para referirise a esa instalación que NUNCA funciona) para instalar Windows Vista son:

CPU de 1.6Ghz; 512MB de RAM; 64MB de video; disco de 7200 RPM con 16 de buffer.

Bueno, nada del otro mundo, dirá usted. Pero eso es lo MÍNIMO.

Lo recomendado para que funcione perfectamente (lo cual también es un eufemismo para referirise a que tendrá algunos cuelgues menos), es:

CPU 3.0Ghz; Ram 2 Gb; Video de 256Mb; HD de 15000 RPM

¡Dos Gigas de RAM! ¡Es una locura!

Dos Gigas de RAM, ¿para qué? ¿para tener ventanas que además eructan o botones con los colores del arcoiris con forma de la hebilla que usa mi hija para el pelo?

Lo que la compañía aun no aclaró es si todo esto sirve para evitar las terrorificas pantallas azules de colapso que AUN siguen apareciendo en XP, fieles compañeras del SO más vendido desde la época del 3.1.

Imaginemos: nos compramos una PC con 2 Gb de RAM -todavía me da escozor pensarlo-, con un disco de 2000 millones de revoluciones -porque siempre tememos que sea poco-, un procesador de la próxima generación; instalamos el WVista y en el primer reinicio… ¡aparece la pantalla azul!

Segudo escenario: Al día siguiente de instalarlo leo en mi web favorita, en la sección Catástrofes, que hay un nuevo virus que se mete por un agujero de seguridad que MS sabía que existía desde 1983, y me toma 4 hs. bajar el parche.

Escenario 3: Me dejo de joder, instalo cualquier otra cosa, y que MS se vaya a fabricar juntas para motores -esto dicho con todo respeto hacia los fabricantes de tan noble producto.

En un momento me pareció la opción 3 la más adecuada, pero después recordé los noticieros del ’95, ’98 y ’01 mostrando gente haciendo cola para comprar los respectivos Sistemas Operativos de la marca, y me deprimí.

Me volvió el aliento pensando en los esfuerzos de mucha gente por mejorar los sistemas basados en software libre, pero me volví a deprimir cuando recordé el tiempo y los esfuerzos que pierden discutiendo en los foros intentando convencernos de que Windows es una basura.

El mundo es un caos, es cierto, y sería muy pretencioso pedir que el ambiente informático no estuviera atravesado por ese caos. Pero, ¿habrá otro ámbito en el que se observe tanto esfuerzo de tanta gente para que sólo unos pocos se llenen de plata vendiendo espejitos -o ventanitas o pingüinitos o lo que sea- de colores?

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Que difícil lectura…

El presidente de CABASE dijo, reflexionando sobre los resultados de la Cumbre de Túnez, que “es mejor educar en el uso de Internet que limitarla con normativas estrictas. La Web es una herramienta pública, cada uno es dueño de un pedacito y con su aporte hace que crezca día tras día”.

¿Cómo no coincidir con semejante definición? Sin embargo, el hecho de que los EE. UU. mantengan el control del sistema de direcciones de Internet me hace dudar sobre si realmente cada uno es dueño de “un pedacito” de Internet.

En realidad, se parece más a un alquiler con la posibilidad que el dueño un día decida cambiar las reglas de juego, y quedemos -los pretendidos dueños- en la calle.

Quien conozca la historia de los inicios de la red seguramente tendrá aquella misma visión romantica del presidente de CABASE: libertad sin controles para todos. Recuerdo ahora que el primer nodo externo de la futura Internet fuera de los EE. UU. se estableció en Rusia en plena guerra fría. Que osadía. Que libertad. Al menos eso era lo que se decía en aquellos días.

Sin embargo hoy el control de la red existe y está repartido entre organismos gubernamentales y consorcios privados, todos norteamericanos, regidos por las leyes norteamericanas.

Volviendo a los inicios de la red de redes, se debe recordar también que en sus inicios fue un proyecto militar estadounidense, que creció y se expandió, sí, pero siempre bajo aquella atenta mirada.

Coincido plenamente en que no se debería haber politizado el control de Internet, como claramente se pretendió en esta Cumbre, pero es de destacar la cuestión de estado plateada por Washington: al dejar el sistema de direcciones de Internet en manos de un organismo internacional, cómo se pretende, “se podría frenar el avance tecnológico e incrementar la censura en la Red por parte de regímenes antidemocráticos“. ¿Cuales regímenes? Está claro. Basta leer el diario todos los días para darse cuenta. ¿Eso no es politizar el control?

Cuando surge un medio, sistema u organización con gran participación y aceptación por parte de la gente siempre habrá alguien que quiera tomar el control. Agreguemosle la enorme circulación de información y la cantidad de dinero que genera y mueve Internet, y tendremos un plato apetecible para cualquier trasnochado.

No quiero parecer descreído de toda buena intención de cualquiera de las partes, pero que difícil lectura tiene esta Cumbre de Túnez…

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El olfato de Bill

El hombre con una fortuna personal mayor que el PBI de algunos paises del planeta, Bill Gates, volvió a mostrar esta semana su olfato hiper desarrollado: salió a hablar del televisor en la PC.

Que negocio formidable tiene que ser, para que haya tantos peleándose para quedarse con él. Finalmente, y casi con total seguridad, será la empresa con el 95% del mercado de soft de base, Microsoft, quien se quede con el negocio. Por derecha o por la fuerza, como es su estilo.

No se puede negar que el olfato le funciona. Hace poco salió a hablar de la muerte del CD, lo cual seguramente sucederá; con ver sólo lo que está sucediendo en el mercado de las cámaras digitales, el avance de la memoria flash y los memory stick con una cada vez mayor penetración y mejores precios, es evidente que el mercado irá por ese lado.

Ahora bien, cuando leo las opiniones de este hombre de negocios no puedo dejar de recordar un capítulo de los Simpson’s en el que Homero inventa de la nada un negocio de Internet. Inmediatamente, el Sr. Windows se lo compra… para destruirlo.

Esperemos (aunque no soy muy optimista) que este avance tecnológico sea “por las buenas”, y que finalmente más allá del negocio se piense en el usuario… ¡Por una vez!

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Saber que tornillo apretar…

Recibí un e-mail con una historia muy simpática e ingeniosa que, como suelen hacerlo ciertas historias bien contadas, muestra la ironía de algunas situaciones cotidianas para quienes nos dedicamos a esto de trabajar brindando servicios. Dice así:

“Algunas veces es un error juzgar el valor de una actividad simplemente por el tiempo que toma realizarla…

Un buen ejemplo es el caso del ingeniero que fue llamado a arreglar una computadora muy grande y extremadamente compleja… una computadora que valía 12 millones de dólares.

Sentado frente a la pantalla, oprimió unas cuantas teclas, asintió con la cabeza, murmuró algo para sí mismo y apagó el aparato. Procedió a sacar un pequeño destornillador de su bolsillo y dio vuelta y media a un minúsculo tornillo. Entonces encendió de nuevo la computadora y comprobó que estaba trabajando perfectamente.

El presidente de la compañía se mostró encantado y se ofreció a pagar la cuenta en el acto.

– ¿Cuánto le debo? -preguntó.
– Son mil dólares, si me hace el favor.
– ¿Mil dólares? ¿Mil dólares por unos momentos de trabajo? ¿Mil dólares por apretar un simple tornillito? ¡Ya sé que mi computadora cuesta 12 millones de dólares, pero mil dólares es una cantidad disparatada! La pagaré sólo si me manda una factura perfectamente detallada que lo justifique.

El ingeniero asintió con la cabeza y se fue. A la mañana siguiente, el presidente recibió la factura, la leyó con cuidado, sacudió la cabeza y procedió a pagarla en el acto, sin chistar. La factura decía:

Servicios prestados:
Apretar un tornillo: 1 dólar
Saber qué tornillo apretar: 999 dólares
Total: 1.000 dólares”

¿No es fantástico? Mucha gente se comporta como este presidente de compañía, ¿No es cierto? Pareciera que si no hay “sudor y lágrimas” no es trabajo. Entonces todos los años de esfuerzo capacitándonos para saber “que tornillo tocar” no son tenidos en cuenta.

No me quiero poner serio porque me contaron esto como un chiste, pero debemos saber valorar los esfuerzos de la gente por aprender y saber hacer las cosas bien.

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Dejame que te cuente, mi cielo…

Recibí una queja por el diseño de nuestro sitio. Como toda opinión, muy valiosa y respetable. Era en realidad un detalle menor y tenía mis razones, así que me dispuse a explicarselas a la persona en cuestión.

Pero cuando quise responderle, el mail me volvió. Uds. pensarán que fuí muy ingenuo, y tal vez tengan razón, pero sigo prefiriendo la discusión abierta y de frente (que no es lo mismo que “frontal”), y esperaba eso.

La crítica anónima no sirve de mucho, porque no permite responder y aclarar dudas o, al menos, agradecer. Si me escribìs, dejame abierta la posibilidad de responderte para dialogar, discutir o agradecer la molestia.

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Contacto real.

Si colocás una opción de contacto en tu sitio web, debés asegurarte que leés los mensajes y los respondés.

Es muy frustrante para quien hace la consulta no ser respondido jamás, y es muy probable que no sólo no te escriba más, sino que recurra a alguien de la competencia, y pierdas definitivamente la posibilidad de crear un vínculo con el navegante.

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