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Un tecnólogo en Macondo - 2. página

Desbaratando el pensamiento mágico en la tecnología

Tus datos no son tuyos, son el negocio de otros

El Congreso de Estados Unidos ha eliminado las garantías de privacidad en Internet. Si, así como se lee: la Cámara de Representantes de aquel país ratificó el pasado martes 28 de marzo una ley impulsada por el Senado que permite a los proveedores de conexión a internet comercializar los historiales de búsqueda de los usuarios sin su conocimiento.

El texto de la ley, de hecho una de las mayores desregulaciones del sector de las telecomunicaciones en EE.UU., fue aprobado en menos de un mes. No hubo debates ni audiencias, y tampoco se ha escuchado la palabra de los expertos en la materia.

Esta ley que el presidente republicano está a punto de firmar representa una importante victoria para las compañías que proveen la conexión a Internet en Estados Unidos. Empresas como Comcaest o Verizon, que venían rechazando todos los intentos previos de protección de la privacidad y el principio de la neutralidad en la red, finalmente tendrán su victoria de manos de Trump.

La exigencia previa a los proveedores de conexión a Internet de que obtengan el permiso de los usuarios para vender sus datos -el historial de búsqueda, las aplicaciones que descargan, desde que dispositivo navegan, el tiempo que pasan en una página concreta, etc.- queda sin efecto. En cuanto la nueva ley entre en vigor, las compañías podrán vender a los anunciantes los datos de los usuarios sin necesidad de obtener su consentimiento. Es decir, dejan de pertenecer al usuario.

El principal problema, según lo explican los defensores de la privacidad online, es que las empresas que ofrecen conexión pueden conocer todas las actividades del usuario mientras esté conectado. Es decir, se le ha entregado a las grandes empresas proveedoras en bandeja de plata la privacidad de los usuarios.


Fuente: El País (España)
Imagen: nCubeHome

Los diarios argentinos conmemoran Malvinas con un papelón

Es probable que no sean muchas las personas en estos lados del planeta las que sepan que el 1 de abril el mundo anglosajón y parte de Europa celebra el April Fools’ Day, algo así como el “Día de los inocentes” que ¿celebramos? por estos lares en diciembre, bromas incluidas.

Pero que varios medios periodísticos no lo sepan y caigan en la trampa, es grave. Sobre todo, porque no se tomaron ni siquiera el tiempo de googlear el nombre del supuesto especialista que lo anuncia, un tal Loof Lirpa. Tal vez así se hubieran enterado que el fulano no existe. Claro, el nombre solo es la frase “April Fool” al revés.

En fin. Cómo diría un conocido, es lo que hay.

Producir con un sistema a favor de la vida

El Colectivo Tierra Viva Bolívar, un grupo de vecinos y vecinas de aquella ciudad de la provincia de Buenos Aires preocupados por el medio ambiente y los crecientes problemas de salud en esa comunidad y en el país, se ha comprometido a contribuir en cambiar el modelo de producción agrícola actual, por considerarlo responsable de tal situación.

Se proponen dos vías para lograr ese objetivo: una de ellas, poniendo el tema en la agenda pública. La otra, trabajando interdisciplinariamente con instituciones y expertos en la materia, con la convicción de que es posible otro modo de producir. Lo llaman agroecología: un sistema a favor de la vida en consonancia con el medio ambiente y las personas, que además genere rentabilidad.

En línea con estos objetivos, el pasado jueves 16 de marzo el Colectivo organizó las II Jornadas de Agroecología Bolívar. Disertaron en la oportunidad el Ingeniero Agrónomo Eduardo Cerdá, por la Facultad de Agronomía y Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de La Plata, y la periodista Fernanda Sández, autora de “La Argentina fumigada” (Ed. Planeta), una formidable investigación sobre la cuestión de los agroquímicos y los problemas de salud que acarrean para la población.

A continuación un fragmento de la disertación de Fernanda, a quién agradecemos el permiso para reproducirlo en este espacio, hablando sobre las experiencias recogidas a lo largo de su investigación.


Por más información y contacto con el Colectivo Tierra Viva Bolívar, escribir a tierravivabolivar@gmail.com

Illich y la necesidad de un cambio profundo

Lo que enseña el maestro no tiene ninguna importancia, desde el momento en que los niños deben pasarse centenares de horas reunidos en clases por edades, entrar en la rutina del programa (o currículum) y recibir un diploma en función de su capacidad de someterse a él. ¿Qué se aprende en la escuela? Se aprende que cuantas más horas se pase en ella, más vale uno en el mercado. Se aprende a valorar el consumo escalonado de programas. Se aprende que todo lo que produce una institución prioritaria tiene valor, incluso lo que no se ve, como la educación y la salud. Se aprende a valorar la promoción jerárquica, la sumisión y la pasividad, y hasta la desviación tipo, que el maestro interpretará como síntoma de creatividad. Se aprende a solicitar sin indisciplina los favores del burócrata que preside las sesiones cotidianas: el profesor en la escuela, el patrón en la fábrica. Se aprende a definirse como detentador de un lote de conocimientos en la especialización en que se ha invertido el tiempo. Se aprende, finalmente, a aceptar sin rebelarse su lugar dentro de la sociedad, es decir, la clase y la carrera precisas que corresponden respectivamente al nivel y al campo de especialización escolares.
Ivan Illich, filósofo austríaco, un crítico de las instituciones clave en la cultura moderna, citado en “¿Dónde quedó la educación para la emancipación?”

Demoledor informe italiano sobre los agroquímicos en Argentina

Una investigación difundida por el programa italiano “Le Iene” expone los efectos dañinos de los agroquímicos en la producción agrícola durante los últimos 20 años en nuestro país.

¿Por qué el interés de los europeos en este problema? Entre otras razones, porque aquí se producen alimentos para sus animales. Es decir, quieran o no, la maldición de los venenos les llega a sus mesas de todos modos.

Fuente: Dario LQSustentable

El Garrahan necesita la verdad tanto como a las tapitas

El título de esta entrada no significa que despreciemos o neguemos la importancia de la campaña. Al contrario, la hemos apoyado y alentado tanto desde este espacio como en las escuelas en las que trabajamos. Sin dudas, la campaña del Hospital Garraham convocando a la comunidad a donar tapitas de gaseosas, ha logrado mucho: por ejemplo, que el dinero de la venta se destine a la construcción del nuevo Centro de Atención Integral del Paciente Oncológico de un Hospital que es el máximo referente de salud pública, gratuita y de alta complejidad pediátrica de la Argentina.

Pero semejante tarea necesita también, imperiosamente y urgentemente, de la verdad.

Leyendo el libro “La Argentina fumigada” de Fernanda Sández, me encuentro con el relato de Mechi Méndez, una enfermera de Cuidados Paliativos en Oncología Pediátrica del Garrahan. Ella cuenta lo que sucede puertas adentro: “se atiende a Fulanito que tiene una leucemia” dice, “no a Fulanito que tiene una leucemia y viene de un pueblo fumigado. El tema es que lo otro no lo ven, se van a seguir produciendo enfermos”.

Se trata de nada menos que el crudo relato de quién vive en carne propia el sufrimiento ajeno. No se lo han contado. Lo ve todos los días en muchos de los niños a su cuidado.

En el video a continuación la enfermera Méndez, que además ha creado un canal de You Tube como ayuda en su esfuerzo en concientizar y comprometer a directivos, médicos y personal intermedio del hospital, cuenta su derrotero desde que se percató del problema en 2011.

La historia completa de esta lucha y otras, se relatan en el libro de Fernanda, de imprescindible lectura.

La hipocresía se viste de rosa

Escribe la periodista, investigadora y escritora Fernanda Sández en su libro “La Argentina fumigada – Agroquímicos, enfermedad y alimentos en un país envenenado”, editado por Planeta: 

(…) A excepción de la producción orgánica o agroecológica, no hay cultivo en nuestro país -no importa si peras, papas, acelgas, soja o los árboles para la industria forestal- que no reciba una enorme carga química a lo largo de todo su ciclo. Así lo han comprobado trabajos tanto del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) como de varias universidades nacionales. Parte de esa química permanece en las frutas, hojas y cereales que comemos, y de allí el establecimiento de algo llamado “límite máximo de residuos” o LMR. Esto es, la cantidad de restos de pesticidas que (dice la industria, dice el Estado a través de sus organismos, dicen todos los que lucran con esta naturalización de lo que no lo es) podemos comer sin que nuestra salud se vea afectada. (…) Para el neolenguaje de la tranquilidad -el idioma que hablan al unísono empresas, profesionales de la agronomía, aplicadores de plaguicidas, el Estado y todos aquellos involucrados en el floreciente negocio de la agricultura química- no hay nada de qué preocuparse. Más aún: todo esto es no solo aceptable sino indispensable. Es, aseguran, comer venenos o quedarse con la panza vacía. No hay, insisten, ninguna otra respuesta posible frente al hambre. (…) Al mismo tiempo, el agronegocio seguirá repicando su campana pacificadora: podemos comer tranquilos. Comer día tras día, comida tras comida, pequeñas dosis de insecticidas, funguicidas, herbicidas y unos cuantos ‘cidas’ más que no solo se pueden rastrear en la comida, sino también en nuestros propios cuerpos. La industria miente, la sangre no.

En esta Argentina sojera en la que todos somos el campo pero no entramos en el reparto de las ganancias,  el neolenguaje de la tranquilidad del que habla Sández a veces también se traduce en gestos y señales: fue presentada en Expoagro 2017 una silobolsa -de esas que los sojeros usan para acumular más y más semilla cuando los silos de metal ya no alcanzan-  de color rosa, cuyo objetivo es colaborar en la lucha contra el cáncer. Cada productor que compre estas bolsas estará donando 10 dólares: ocho se destinarán a la Fundación para combatir la leucemia (Fundaleu) y dos al sector oncológico del hospital Santamarina de Tandil.

Más adelante en el libro de Sández, refiriéndose a investigaciones de entidades y universidades de los EE.UU. acerca de la toxicidad de los herbicidas como el 2,4-D, la autora dice:

Una de esas investigaciones (…) demostró que los agricultores expuestos al 2,4-D tenían hasta seiscientas veces más chances de desarrollar cáncer linfático. (…) En la Argentina se lo aplica en el cultivo de trigo, cebada, centeno, arroz, sorgo, maíz caña de azúcar, lenteja y papa. (…) Es uno de los herbicidas más utilizado en nuestro país, en especial desde que el glifosato (…) comenzó a mostrarse impotente ante el avance de malezas cada vez más aguerridas.

La iniciativa de las bolsas rosas luce como una buena causa, sin dudas. Salvo que la sangre no miente. 


Fuente: AgroVoz

¿Quién gana y quién pierde con la automatización?

Semanas atrás nos referíamos en este espacio al proyecto presentado en la Comisión Europea proponiendo las seis leyes de la robótica, una especie de remedo de las 3 leyes de Asimov que revela hasta que punto el tema dejó de ser producto de la ciencia ficción desde hace mucho tiempo, para convertirse en un debate de profundas implicancias y con resultado imprevisible.

Uno de los puntos más controvertidos de la propuesta europea, decíamos en aquel artículo, es que de aprobarse los robots deberán pagar impuestos como una forma de reducir el impacto social del desempleo provocado justamente por su uso.

En medio de todo este debate, no deja de sorprender que el propio Bill Gates haya propuesto algo parecido hace un par de semanas: en un articulo publicado por BBC Mundo, el multimillonario fundador de Microsoft sugirió que parte del financiamiento de las nuevas actividades realizadas por robots  -reemplazando al operador o empleado humano- podría proceder de los impuestos sobre las ganancias generadas por el ahorro en pago de mano de obra derivado de la automatización.

Las palabras de Gates despertaron curiosidad e interés, no sólo por ser él mismo parte fundante de la industria que habilitó un avance sin precedentes en el área, sino además por su mirada del otro lado del mostrador: algunos economistas afirman que la automatización barata ya desvió los ingresos de los trabajadores hacia los propietarios de las empresas. 

La discusión sobre la diferencia entre la máquina que complementa al hombre y la que lo reemplaza marcó el origen mismo de la Revolución Industrial con el movimiento ludita, una breve pero violenta revolución encabezada por artesanos ingleses en el siglo XIX que protestaban contra las nuevas máquinas -el telar industrial y la máquina de hilar. Ellos se sabían amenazados por esas tecnologías que reemplazaban a los artesanos con trabajadores menos calificados y de salarios más bajos, dejándolos sin trabajo.

Esta discusión se continuó a través de las épocas, centralmente desde el punto de vista del trabajador. Dudas cuasi filosóficas tales como si la máquina reemplazará al hombre o qué hacer con la mano de obra desempleada por la automatización ocultaron un debate que, sospechamos, es hacia donde apuntan los economistas: cada centavo que se ahorra de pagarle al trabajador humano queda ahora en el bolsillo del empresario. Un reparto más justo se hace necesario.

Gates sugiere a los gobiernos que eleven los impuestos y reduzcan la velocidad de la automatización, de modo que pueda gestionarse el proceso desplazamiento de trabajadores en un amplio rango de empleos. El impuesto a los robots permitiría financiar, dice, el entrenamiento de las personas desplazadas por la automatización para empleos en los cuales los seres humanos son especialmente aptos, como el cuidado de los ancianos o la educación de los niños.

En respuesta a esto, algunas compañías tecnológicas sugieren que sean los consumidores y no las empresas las que paguen ese impuesto, ya que el costo de los productos fabricados por los robots es menor. Siempre y cuando, añadiríamos nosotros, los empresarios ajusten los precios a valores que realmente reflejen ese cambio tecnológico. En tiempos en que, por usar un ejemplo, el petróleo baja y el combustible sigue subiendo, se hace difícil confiar en semejante gesto de su parte.

Varios especialistas están trabajando en propuestas superadoras a la idea del impuesto, que anticipan podría perjudicar la automatización al frenar la innovación. Una de esas propuestas es que el Estado baje los impuestos a los trabajadores humanos y redistribuya mejor los ingresos de los robots.

Mientras tanto, los que pierden en este juego parecen ser siempre los mismos. Y los que ganan, también.


Fuentes: Suplemento Economía de Clarín – BBC Mundo
Imagen: Media Telecom

Glifosato en la orina de los marplantenses

Según informa Ecoportal.net, un estudio realizado por la Asociación Civil Bios en el partido General Pueyrredón en la provincia de Buenos Aires, arrojó como resultado que tanto habitantes de zonas rurales como urbanas tenían glifosato o su metabolito en la orina.

En la ciudad de Mar del Plata, cabecera del partido, la orina del 70% de las personas sometidas al estudio contenía glifosato.

Silvana Buján, referente de Bios, lo cuenta en una gacetilla de prensa:

“Hicimos una prueba con muestras de orina de personas que viven en ámbitos urbanos y con personas que se encuentran en ámbitos rurales pensando que íbamos a encontrar diferentes resultados y no fue así, ambas poblaciones tenían glifosato o su metabolito, es decir, lo que se genera en el cuerpo cuando el glifosato se metaboliza. (…) Lo que encontramos es que la mayoría de nuestros alimentos industrializados contiene algo con soja, ya sea lecitina de soja, harina o proteína. Por otra parte el agua y los suelos, aunque no sean rociados con glifosato, lo reciben por la lluvia.”

Buján menciona también los resultados de los muestreos realizados entre octubre de 2012 y abril de 2014 en las provincias de Bs. As., Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos -dimos cuenta de ellos en su momento en este blog. El glifosato fue el herbicida más detectado con 90% de resultados positivos. 

El glifosato fue calificado como “cancerígeno” por la Organización Mundial de la Salud y pese a su impacto en el medio ambiente y en la salud humana, es el herbicida más vendido del mundo. Sus excipientes no se degradan ni desaparecen después de aplicados. “Se dice muchas veces que sin agrotóxicos no se podría sostener la producción de alimentos, y esto es falso, la mayoría de la producción de soja no es para consumo humano.” Y concluye, lapidaria: “No es increíble querer cambiar este modelo, lo increíble es aceptarlo cómo está.


Fuentes:
– Ecoportal.net
– Bios Argentina

Vendedores de humo

Suelo pensar que con las encuestas se puede decir, justificar o explicar cualquier cosa. Y también con las estadísticas.

Hay mucho humor escrito al respecto, como aquel chiste que se burla de las encuestas afirmando que de cada 100 hombres, 50 son la mitad, o que la principal causa de divorcio es el matrimonio. Lo mismo sucede con las estadísticas: podría demostrarse que en el Vaticano hay 4 Papas por kilómetro cuadrado -si se tiene en cuenta que hay dos pontífices, uno en ejercicio y otro emérito, y la superficie del Estado Vaticano es de medio kilómetro cuadrado-, y también que si un hombre tiene dos vacas y usted ninguna, el promedio es una vaca por persona.

El ejemplo a continuación podría explicar las razones -todas menos las científicas- detrás de ciertas estadísticas. Si uno fuera vendedor de humo, claro. 

 

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