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«Los desafíos son enormes, todo el mundo se tuvo que adaptar»

Angela Paladino, Micaela Villalba y Matías Miguel, miembros de la revista científica Palabra clave y de la carrera de Bibliotecología de la Universidad Nacional de La Plata, entrevistaron a Alejandro Tortolini, docente e investigador especializado en cultura digital, videojuegos y educación, y autor de la frase que encabeza esta entrada.

En la entrevista, publicada bajo el título «Tecnologías, inclusión digital y alfabetización informacional en pandemia (y postpandemia), Alejandro se refiere a la actual situación de exigencias tecnológicas en plena pandemia con sus carencias, limitaciones y necesidades en un plano realista, afirmando que, «en primer lugar los más perjudicados son aquellos que no tenían las herramientas adecuadas para conectarse por internet a los recursos educativos. En segundo lugar, aquellos que no tienen conocimientos. Entonces, obviamente, quienes van a ser los peores afectados son los que no tienen herramientas y los conocimientos. Después hay todo un arco en el otro extremo que, podemos decir, son los que tienen la conexión, conocimiento y, lo que yo llamo, fluidez tecnológica».

Repleta de reflexiones y con una mirada que busca correrse del solucionismo para abordar respuestas reales a los desafíos de la hora, la entrevista completa puede leerse haciendo clic AQUÍ.

Zuboff y el capitalismo de vigilancia

El capitalismo busca hace siglos cosas que no son aún parte de la dinámica del mercado para convertirlas en mercancías. Hoy tenemos un nuevo mundo, el digital. Pequeñas compañías intentaron averiguar cómo hacer dinero en él. Hubo una burbuja por las puntocom y explotó. Las compañías estaban desesperadas y los inversores se retiraban. En esa emergencia las compañías no tenían tiempo y en Google descubrieron un bosque virgen como nuevo espacio de extracción y mercantilización: nosotros, sobre todo nuestras experiencias privadas. Han plantado sus banderas en nuestras vidas. Y han dicho que es su material bruto y gratis, sus activos privados que vender como mercancía. Así nace el capitalismo de vigilancia y explica las capitalizaciones de Google, Facebook, cada vez más de Amazon, Microsoft, Apple y miles de compañías no solo en el sector tecnológico. El CEO de Ford dice que quiere atraer financiación como la de Google y Facebook pero nadie está interesado. Así que cambiarán Ford y será un sistema operativo de transporte que extraerá datos de la gente que conduce sus coches y los agregará con lo que tienen de ellos en Ford Credit para crear grandes bases de datos y atraer inversores. Es el dividendo de la vigilancia. (…) Con el 11-S se dejó de discutir en el Congreso sobre protección de derechos de privacidad. A esas compañías ya conocidas por su asalto a la privacidad se las dejó que se desarrollaran de manera que invadieran nuestra privacidad porque las agencias de inteligencia en EE.UU. y Europa, que no pueden recolectar esos datos, los obtendrían de ellas. Así, el capitalismo de la vigilancia ha tenido 20 años para desarrollarse sin ninguna ley que lo impida y se ha hecho tan peligroso para la gente, la sociedad y la democracia.

Shoshana Zuboff, catedrática emérita de la Harvard Business School, quién acaba de publicar ‘La era del capitalismo de la vigilancia’, en La Vanguardia

Fotografías de otros mundos

Además de los de Marte y de la Luna, existen registros fotográficos de las superficies de otros mundos. De hecho, los primeros viajes interplanetarios fueron los del programa soviético Venera a Venus, así como lo fueron las primeras fotos desde la superficie de otro planeta. Los ingenieros soviéticos fueron pioneros en el uso de cámaras en naves espaciales

La primera nave en posarse en otro mundo fue la Venera 7, el 15 de diciembre de 1970. Logró transmitir datos durante unos 20 minutos con enorme dificultad, pero no llevaba cámaras. Le siguió la Venera 8 el 22 de julio de 1972, aún sin cámaras pero sí con fotómetros. Finalmente, la Venera 9 aterrizó y transmitió imágenes el 22 de octubre de 1975, seguida por la Venera 10 tres días después y a 2.200 km de la anterior:

Según parece, el interés primario de la misión era «mirar al suelo» lo más cerca posible. Sin embargo, también pudo verse algo del cielo:

Hubo más misiones Venera: las mejores imágenes las sacaron las últimas que lo hicieron, como la Venera 14, el 4 de noviembre de 1981, dándoles tiempo incluso a realizar un barrido parcial en color antes de que el insoportable calor y la presión de la superficie venusiana las destruyera:

Venera 14, cámara 1

Venera 14, cámara 2

Otras experiencias, aunque relacionadas con lunas y no planetas, fueron -a no asombrarse- la sonda también soviética Luna 9, el primer objeto construido por el hombre en posarse suavemente en otro cuerpo celeste, nuestra Luna, en 1966:

Panorámica tomada por Luna 9 en febrero de 1966

Y en la luna Titán de Saturno se posó el módulo de descenso europeo Huygens de la sonda Cassini-Huygens el 14 de enero de 2005. Es lo más lejos que ha aterrizado una máquina hecha por manos humanas. Transmitió datos durante unos 90 minutos, incluyendo imágenes:

Fotografía tomada durante el descenso, a 2 km de altitud.

De otros planetas con superficie, existen fotos de Mercurio -sondas Mariner 10 y MESSENGER que se acercaron pero no descendieron. Se han tomado también fotos y vídeos de otros satélites de Saturno, y de Júpiter, Urano y Neptuno, pero esos gigantes gaseosos no tendrían una superficie sólida, de tal modo que lo que se retrató fue su atmósfera superior.


Fuentes:
Quora
El Imparcial
Cámaras espaciales soviéticas
Programa Venera

La disociación sociedad/escuela

La cuestión de la disociación sociedad/escuela, peliaguda en los detalles, es, sin embargo, sencilla en la «big picture»: los procesos de socialización, especialmente los digitales, son conductistas. Pero la educación se presupone constructivista. Ante ello, la escuela tiene dos opciones: a) dejarse arrastrar por el mainstream conductista (y entonces cae en metodologías circenses, scores y plataformas de actividades basadas en tests, eso sí de brillantes colores)… b) mantenerse en sus principios de aprendizaje constructivista (y entonces degenera en falsas proclamas sobre el aprender a aprender, las emociones, la autoconstrucción y el descubrimiento mágico del saber). Conclusión: estamos perdidos.
Francesc Llorens, filósofo y Doctor en Educación y Tecnologías de la Información.

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