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Más sobre seguridad en la red: ¿nadie está a salvo?

Mark Sanford, gobernador republicano del estado norteamericano de Carolina del Sur, le dijo cierta vez a su mujer que se iba en busca de soledad y tranquilidad para poder escribir un libro. Lo cierto es que el tipo se tomó un avión hacia Buenos Aires haciendo mutis por el foro para encontrarse con una de nuestras morochas argentinas, María Belén Chapur. A partir de allí, el caos: amarillismo, arrepentimiento, pedidos de renuncia y una ocasión de oro para los que, serrucho en mano, estaban esperando una oportunidad política.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver esta historia con un blog sobre tecnología como este? La seguridad, ciertamente. Traigo a colación este caso, no para hacer un juicio de valores sobre este personaje y la función pública, sino para hablar de la seguridad en la red.

El periódico más importante del propio estado del futuro ex-governor, el influyente The State, publicó el jueves 25 varios de los e-mails que se cruzaron entre Sanford y el crédito local, los cuales fueron rápidamente reproducidos por todos los medios del planeta.

El contenido de estos e-mails, que se “filtró” a la prensa sin mayores detalles -¿andaban por ahí, vieron una hendija y se metieron?-, tiene cierto voltaje erótico comprensible para una relación de este tipo, que los hizo muy atractivos a los medios.

Sin embargo, poco o nada se ha hablado de la violación a la privacidad que significa que esos mails hayan tomado estado público. Más allá de las razones por las que pudiera requerirse su lectura, sólo debería poder accederse a ellos mediante una orden judicial. Por caso, la inviolabilidad de la correspondencia es en nuestro país un derecho absoluto garantizado por nuestra Carta Magna,

La Constitución asegura el secreto de la correspondencia y de los papeles privados de cada uno, porque ambos atributos constituyen la esfera inviolable de la vida privada, que da mayor sentido a la libertad personal. En el mismo sentido la correspondencia tiene amparo en la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Convención Americana de Derechos Humanos.

Asimismo, la Ley 25.326 de Protección de los Datos Personales declara en su artículo 1ro. que,

La presente ley tiene por objeto la protección integral de los datos personales asentados en archivos, registros, bancos de datos, u otros medios técnicos de tratamiento de datos, sean éstos públicos, o privados destinados a dar informes, para garantizar el derecho al honor y a la intimidad de las personas, así como también el acceso a la información que sobre las mismas se registre, de conformidad a lo establecido en el artículo 43, párrafo tercero de la Constitución Nacional.

De este modo, no hay razón o excusa para que por cualquier medio se haga pública la correspondencia privada entre dos personas, sea del tenor que sea, sin la intervención de la justicia con motivos fundados.

Por otro lado el usuario promedio -si, como usted lector- nunca se pregunta que procesos intervienen entre la salida del e-mail desde su computadora hasta la de su destinatario.

¿Por qué manos pasa toda nuestra comunicación electrónica? Yo, alguna idea tengo. ¿Y usted?

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Sin garantías

Sin garantías por la seguridad de nuestros datos personales. Así estamos. Por lo visto, los organismos gubernamentales no pueden brindarla, aun siendo los responsables de la administración y almacenamiento de una gran cantidad de información sensible sobre cada uno de nosotros.

Clarin.com lo titula así: “Hackearon la página oficial del padrón electoral nacional”. Eso sería lo anecdótico, un hecho que muestra que algún geniecillo al estilo “The Big Bang Theory” se sacó las ganas de protestar contra el sistema desde sus propias entrañas.

Lo preocupante es que alguien, quien sea, pueda siguir metiéndose con la seguridad de nuestros datos.

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Magia veneno

La niña aparece como preocupada haciendo su pregunta en Yahoo! Respuestas. Pareciera que en un rapto de lucidez pensó en la seguridad de sus datos en MySpace, pero el tiro finalmente le salió pal’ otro lao.

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La inquietud de la señorita -o señora, vaya uno a saber con esta historia de las identidades ocultas- es saber que sucede con una cuenta de MySpace cuando el usuario muere, si se borra sola o alguien tiene que hacerlo. La respuesta del “experto” -así se los llama en el servicio– es acorde a la pregunta:

Se borra a si misma. Mirá, cuando mueras un pequeño microchip se apagará en tu cerebro e instantáneamente desactivará las cuentas que tuvieras. Son insertados unos meses después del nacimiento, todos tienen uno.

Resta por saber si la preguntona percibió la ironía en la respuesta o por el contrario, desde ese día no pudo dormir más buscándose en la cabeza el mentado chip y pensando en la Gran Conspiración Universal de los Robadores de Identidades Post mortem.

¿O será que en MySpace también los muertos votan?

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Metafísica

Cuando era alumno, me echaron del colegio por copiar en la prueba de metafísica. Miré en el alma de mi compañero de pupitre.
Alvy Singer, personaje interpretado por Woody Allen en la película Annie Hall

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Blogueros fieles quedamos pocos, según parece

Hay indicios de que la blogsfera se está convirtiendo en un pueblo fantasma, nomás. Según estadísticas divulgadas por Digitalk, el 95% de los blogs estarían abandonados. Lo cuentan asi:

Cuando se escucha hablar de los 133 millones de blogs que Technorati mantiene indexados en sus archivos, parece innegable la popularidad de este medio de comunicación personal en Internet, pero la realidad dista mucho de esto, apenas 7,4 millones de estos han sido actualizados en los últimos 120 días, convirtiendo a este ecosistema prácticamante en un pueblo fantasma de los que pululaban después de la fiebre del oro en Estados Unidos.

Mucha gente empezó la aventura de tener un blog cuando la web 2.0 apenas nacía, con sueños de ganar popularidad, tener muchos seguidores y comentarios y, quien sabe, quizás ganarse la vida a punta de una afilada pluma (o teclado). Como ya sabemos, esto es raro que pase, y la decepción de ver sus elaborados textos con pocas y ninguna visita rápidamente echaron abajo estos sueños, dejando incontables entradas abandonadas a su suerte en alguna cuenta olvidada.

Es innegable que muchos han preferido relaciones más casuales como Facebook, o cortitas y al pié como Twitter. Se entiende: escribir un blog toma más de 140 caracteres y a veces no te leen ni los parientes. Y esa, amigos, no es vida.

Pero yo le sigo apostando.

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