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Acerca de la tragedia de Cromañón

No quiero opinar sobre el incidente en Cromañón, el pasado 30 de Diciembre. No quiero, no puedo, no soy quien. Además es el mío un sitio de tecnología, y no faltará quien diga que no es un espacio para polemizar sobre esas cuestiones.

Sucede que me conmovió una nota del periódico electrónico Hispanidad, editado en España, en la que se dice lo siguiente, entre otros conceptos relativos a la ausencia de liderazgo político en esa instancia:

“La Argentina llora a sus muertos con pasión, como todo lo que hace ese pueblo, probablemente el más inteligente del planeta y probablemente el más frágil. De todos los pueblos hispanos, ninguno tan capaz como los argentinos, y ninguno tan vulnerable y tan necesitado de afecto. Pero como el viejo chiste la Argentina es uno de los países más bellos del mundo, por eso Dios, para contrarrestarla, la llenó de políticos. (…) Lo de menos es que Néstor Kirchner no haya interrumpido sus vacaciones tras la masacre colectiva, lo de más es que todo apunta a que la causa de la masacre se debe, no a negligencia, sino a corrupción”, concluyó el texto.

Digo que esto me conmovió, como lo hizo la ayuda y solidaridad de la gente hacia las victimas y sus familiares. Y otra vez la gente: siempre es la gente, con su presencia y participación la que hace que soportemos tragedias como esta. Y nada más que la gente, porque la agenda politica pareciera no tener cabida para la gente y sus dramas.

El agua, la comida, el soporte para los familiares y amigos que sufrieron además, como si el dolor de las pérdidas fuera poco, el maltrato de las autoridades, lo aportó la gente. Y los politicos, mientras tanto, pasandose la pelota de las culpas.

No sé si somos los más inteligentes del planeta, como dice el periodista. Los seguimos votando.

Felices fiestas

Saludamos a todos nuestros visitantes, lectores y amigos, deseándoles un excelente comienzo de año.

Y ya que estamos (porque no puedo con mi genio), y a pesar de lo que pronostican los medios sobre el auge de las ventas de tecnología (celulares, pads, dvd, etc.) como regalos para estas fiestas, una recomendación (respetuosamente, digo, y no es que me meta…):

¿Por qué no regalar simplemente un buen libro? ¿Por qué no “regalarse” una buena compañía, para disfrutar juntos? Me gusta mantenerlo simple, porque no son tiempos de ponerse en gastos y compromisos económicos.

Por mi parte, con una tarjetita de alguien que me aprecia, me conformo.

Felices fiestas.

Del dicho al hecho…

…Hay mucho trecho. Esa frase, típica de la abuelita, se ajusta muy adecuadamente a los dichos de ciertos teóricos de la tecnología. Y ni que hablar de los políticos.

En el último seminario del que participé se habló de aulas virtuales, nuevas tecnologías, etc. Todas cosas maravillosas a las que muchos dedicamos tiempo, estudio y trabajo. Pero mientras hablaban los disertantes (en particular, cuando lo hizo una representante del estado), se me ocurrió que cuando quisiera aplicar algunas de esas teorías sería bastante difícil de lograr, algo así como pretender teorías de Europa del norte en Africa central.

Me explico. Cuando el docente necesita quitarle tiempo y recursos a otras cosas para poder capacitarse, para desarrollar proyectos, para investigar, porque las escuelas (el sistema en general) pagan solo las horas frente al aula, es difícil reconocer que las nuevas competencias tecnológicas para todos los docentes son una realidad para la cual el docente debe capacitarse. Y estas son teorías que son sólo aplicables con docentes dedicados tiempo completo, que no tenga que correr de una escuela a otra para completar un sueldo magro.

Con sueldos pobres y sin soporte económico para el estudio, la investigación y la capacitación, es sumamente difícil progresar. Podría decirse, y con serias dudas que eso sea totalmente así en todos los casos, que sólo la universidad provee un margen para las actividades de investigación. El resto, poco y nada.

Las teorías más brillantes mueren de cara a la realidad si no se adecúan a ella. No estoy hablando de “nivelar hacia abajo”, negando el avance y la capacitación tecnológica, sino de que la cuestión académica sea resuelta siendo conscientes de la situación real del país, y consideando que cada integrante de la comunidad docente es parte fundamental para que el sistema funcione.

La tecnología… da para todo

Dos noticias en el diario del fin de semana:

– Una empresa española ofrece una de las últimas novedades en materia funeraria: el “último mail”. Se trata de un postrero y definitivo correo electrónico. Quien quiera que ese correo sea enviado debe pagar mensualidades hasta el día de su muerte, y la empresa se ocupará de enviar el mensaje a las direcciones que el recién fallecido entregó en vida.

– En Japón se lanzó al mercado un teléfono que posee una cámara de visión nocturna, gracias a un filtro que, según dice la empresa, permite además ver a través de la ropa de la gente.

Se supone que son noticias serias, publicadas en un medio serio…

Como diría un publicitario amigo, en materia de productos los estúpidos no son los que hacen u ofrecen cosas estúpidas, sino los que las compran. Esa parece ser una nueva “Ley de Murphy”, que desde siempre ha impregnado al bendito mercado; la tecnología no parece ser la excepción.

El olfato de Bill

El hombre con una fortuna personal mayor que el PBI de algunos paises del planeta, Bill Gates, volvió a mostrar esta semana su olfato hiper desarrollado: salió a hablar del televisor en la PC.

Que negocio formidable tiene que ser, para que haya tantos peleándose para quedarse con él. Finalmente, y casi con total seguridad, será la empresa con el 95% del mercado de soft de base, Microsoft, quien se quede con el negocio. Por derecha o por la fuerza, como es su estilo.

No se puede negar que el olfato le funciona. Hace poco salió a hablar de la muerte del CD, lo cual seguramente sucederá; con ver sólo lo que está sucediendo en el mercado de las cámaras digitales, el avance de la memoria flash y los memory stick con una cada vez mayor penetración y mejores precios, es evidente que el mercado irá por ese lado.

Ahora bien, cuando leo las opiniones de este hombre de negocios no puedo dejar de recordar un capítulo de los Simpson’s en el que Homero inventa de la nada un negocio de Internet. Inmediatamente, el Sr. Windows se lo compra… para destruirlo.

Esperemos (aunque no soy muy optimista) que este avance tecnológico sea “por las buenas”, y que finalmente más allá del negocio se piense en el usuario… ¡Por una vez!

Siempre dudando…

Suele suceder con algunos jefes, directores, encargados y demás personajes en puestos de ¿responsabilidad?, que tienen la ferrea convicción de que algún problema siempre habrá con nosotros, y por eso están obligados a tratarnos como sospechosos eternos.

Siempre la duda, la observación vigilante, la mirada furtiva en busqueda de actitudes “sospechosas”; en definitiva, el maltrato constante y gratuito.

Hace poco estuve en una reunión en la que el responsable trató a los presentes, profesionales y docentes, como niños maleducados y descuidados.

Este trato paternalista invade cada acto de los que tienen poder (por pequeño o grande que este poder sea; ya sea un director de escuela, un politico, u otro). Sucede con el chofer de colectivos que en su pequeña dosis de poder no se detiene y te deja a pié (ese es su espacio de poder); con el municipio que pone “lomos de burro” en cada calle para que algunos no corran y los demás rompamos el auto; con el inspector de tránsito que tiene el poder de retenerte y hasta mandarte al corralón si lo desea (ni hablar de justicia…).

Considero que todas las personas tienen derecho a demostrar quienes son, que pueden hacer, que intenciones tienen, y a la luz de los resultados evaluar sus desempeños. Bajo sospecha nadie da su mejor esfuerzo.

En todo caso habría que revisar los atributos de conducción de aquellos que ocupan cargos de poder, para saber si realmente saben tener gente a su cargo, o sólo buscan el oropel de la posición y el poder sobre esclavos genuflexos.

Escribimos más, pero… ¿mejor?

Los analistas del fenomeno internet de estos tiempos dicen, con razón, que el correo electrónico y el chat lograron recuperar para la humanidad (al menos para el porcentaje que puede acceder a internet) el hábito de la escritura.

El acto de escribir siempre fue común a las relaciones entre las personas; existen bibliotecas completas de libros conteniendo el registro del intercambio epistolar entre próceres, escritores, amantes, gente común, y más. Así que ver a tanta gente escribiéndose simultaneamente de un rincón a otro del planeta es ciertamente alentador, sobre todo después de un período en el que parecía que la gente dejaba todo para mirar la tele, y suplía con el teléfono los brevísimos y escasísimos contactos necesarios.

Si, es cierto, se escribe más, pero no mejor.

Cada día recibo correo con increíbles faltas de ortografía, o con una sintaxis digna de un chino hablando quechua (esto dicho con todo respeto hacia ambas culturas). Y hablo de gente preparada (eso dicen). Gente grande, che.

Así que, humildemente hago un modestísimo llamado todo aquel que escribe y envía un correo electrónico: no sólo escribamos más; también hagamos un esfuerzo por escribir mejor.

A pesar de los medios y, sobre todo, de la tele.

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