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Internet en la escuela

Al pensar la incorporación de Internet -y de las nuevas tecnologías en general- en el aula, surgen preguntas que suelen ser más o menos las mismas para todos los involucrados. Digo todos, porque estas preguntas ya exceden el marco de la informática, dado que la mayoría de los docentes podrían utilizar esta herramienta para sus diferentes espacios curriculares, y porque los directivos, responsables y especialistas también deberían tomar parte en la discusión.

Por ejemplo, en cuanto a Internet, ¿cuál debería ser el rol del docente para asegurar un buen uso de esa herramienta en el escuela?

En Internet hay de todo y para todos los gustos, por supuesto también aquellas cosas que no deseamos que los niños y jóvenes vean. ¿Cómo podríamos ejercer un sano control de un medio que por naturaleza no tiene controles?

Si pensamos que la prohibición “porque sí” no debería siquiera considerarse, ¿Cómo evitar que se acceda a información sin sentido o provecho?

Convengamos en que Internet no es una herramienta fácil de usar. Coincido completamente con la Sra. Sarlo cuando dice que se debe ser un muy buen lector (del libro físico, valga la aclaración) como para sacar algo en limpio de la maraña de información que hay en la red.

Como informático podría agregar entonces, que el acto mecánico de “copiar/pegar” no tiene ningún valor si no hay un análisis crítico para hacer una correcta selección del material encontrado. Pero, ¿cuando no hay que ser crítico? ¿Leyendo o viendo qué, hay que dejar la consideración, el análisis, la evaluación?

Pensamos que, en Tecnología, la herramienta más importante que debemos aprender a usar es el cerebro. Me gusta pensar que enseño a pensar, a reflexionar, a evaluar, a decidir bajo premisas o consignas claras, coherentes y conforme a nuestros derechos.

Todo esto viene a cuento de que Internet no es más ni menos, mejor ni peor que otras cosas que los docentes les enseñamos a usar (como docentes y como adultos), no sólo con el conocimiento que hemos adquirido, sino también con el bagaje de experiencias acumuladas como adultos.

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Juro que es cierto…

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Nacido en Latinoamerica

Los argentinos somos diferentes a los brasileños: mientras nosotros destruímos el país imaginando ser lo más grande del mundo (incluso alguna vez pensamos, del primer mundo), ellos hacen lo que quieren porque creen realmente que son “o mais grande”.

Pero sin lugar a dudas (y esto es lo que núnca terminamos de entender) latinoamerica toda, argentinos y brasileños incluídos, estamos siendo complacientes con un proyecto global de empobrecimiento e ignorancia, funcional a los paises centrales.

Algo parecido suele suceder en Asia, pero con el tiempo ellos logran torcerle el brazo al poder económico (Japón en los ’80, luego Corea, más tarde Taiwan, ahora China), pero no sin costo.

Volviendo a latinoamerica, y en particular Argentina, tomemos por caso un par de noticias de estos días que hablan más y mejor que mil palabras.

– El 80% de los ingresantes a las universidades no llega a graduarse.
– Como dice Sarlo, el eufemismo chicos de la calle ya pasó a ser parte de una convivencia molesta para muchos en nuestras ciudades, sin tener real conciencia de que cada chico en la calle es uno menos en el aula.
– El gobierno no actúa por propia convicción en la defensa de los derechos de sus ciudadanos sino bajo presión de algunas instituciones, y deroga un decreto que legalizaba la invasión de nuestra privacidad.

¿Cual es la relación entre estas noticias, un pequeño ejemplo de lo mucho que sucede? En que son señales. Son la evidencia de que lentamente y sin que parezca grave, se continúan minando los derechos de los individuos con el único propósito de ya seamos incapaces de defender o reclamar algo en función de convertirnos en mano de obra barata.

Bienvenidos los esfuerzos de transformar esto con educación y trabajo, y en paz.

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Aclaración final al inicio

A fin de evitar malos entendidos, advertimos a nuestros visitantes que las noticias publicadas en este espacio denominado “Humormática” surgen de la febril imaginación de los autores (en parte) y de la febril realidad de todos los días (en otra parte), las que nos atrevemos a comentar con humor.

Generalmente, las segundas son más increíbles que las primeras, excepto los comentarios de los humoristas Groucho Marx y Bill Gates, que son más increíbles todavía. Bueno, los del segundo son más increíbles que los del primero. O algo así.

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Acerca de la tragedia de Cromañón

No quiero opinar sobre el incidente en Cromañón, el pasado 30 de Diciembre. No quiero, no puedo, no soy quien. Además es el mío un sitio de tecnología, y no faltará quien diga que no es un espacio para polemizar sobre esas cuestiones.

Sucede que me conmovió una nota del periódico electrónico Hispanidad, editado en España, en la que se dice lo siguiente, entre otros conceptos relativos a la ausencia de liderazgo político en esa instancia:

“La Argentina llora a sus muertos con pasión, como todo lo que hace ese pueblo, probablemente el más inteligente del planeta y probablemente el más frágil. De todos los pueblos hispanos, ninguno tan capaz como los argentinos, y ninguno tan vulnerable y tan necesitado de afecto. Pero como el viejo chiste la Argentina es uno de los países más bellos del mundo, por eso Dios, para contrarrestarla, la llenó de políticos. (…) Lo de menos es que Néstor Kirchner no haya interrumpido sus vacaciones tras la masacre colectiva, lo de más es que todo apunta a que la causa de la masacre se debe, no a negligencia, sino a corrupción”, concluyó el texto.

Digo que esto me conmovió, como lo hizo la ayuda y solidaridad de la gente hacia las victimas y sus familiares. Y otra vez la gente: siempre es la gente, con su presencia y participación la que hace que soportemos tragedias como esta. Y nada más que la gente, porque la agenda politica pareciera no tener cabida para la gente y sus dramas.

El agua, la comida, el soporte para los familiares y amigos que sufrieron además, como si el dolor de las pérdidas fuera poco, el maltrato de las autoridades, lo aportó la gente. Y los politicos, mientras tanto, pasandose la pelota de las culpas.

No sé si somos los más inteligentes del planeta, como dice el periodista. Los seguimos votando.

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