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Actualidad - 26. página

Toda una computadora en el bolsillo

¿Arrancar Linux desde donde quieras: en casa, la escuela o en la oficina, en cualquier PC? Para eso existe SLAX. slax

SLAX es un sistema operativo Linux. Corre directamente desde un CDROM o pen drive sin necesidad de instalación. El está basado en la distribución Slackware Linux y puede ser descargada desde Slax.org como un ISO. También están disponibles todos los scripts y códigos fuente, los cuales pueden ser utilizados para construir nuestro propio live CD. Además, a partir de la versión Slax-6.0.0pre6 Slax-6.0.0pre10 Slax-6.0.0rc2 – stable release, viene con un script para hacer booteable un dispositivo USB.

Cuando tu computadora arranca desde Live CD, es cargada la imagen del kernel de Linux (vmlinuz). Luego, un disco virtual (ramdisk) es creado en la RAM de la PC. La imagen con Rootdisk (initrd.gz) es desempaquetada y montada como raíz del sistema de archivos. Los directorios de gran tamaño (como /usr, /opt,…) son montados directamente desde el CDROM (en modo de solo lectura).

Lo probé en una pc con un AMD 2.2, 512 Mb de RAM, disco de 40 (ya viejita, si se quiere), Win XP SP2 y conexión cablemódem. Reinicié con el CD de Slax puesto… ¡y voló! Reconoció todo el hard, abrió todas las aplicaciones a velocidades inéditas en Win, navegó rapidísimo y, dado que lee todas las unidades tanto FAT como NTFS, no tuve problemas en guardar archivos creados con el procesador de textos, por ejemplo, en mi pen drive.

Nos gusta Slax y queremos ayudar en su desarrollo. Los detalles del sistema mencionados aquí están tomados del propio sitio de Slax.org.

La verdad es que está bárbaro trabajar con cualquier PC en cualquier lugar, y todo al costo (y al peso) de un cd o un pen drive. Lo recomendamos muy especialmente.

Sobre el estado de la escuela media, y más

t051dh03Hoy publica Clarín una entrevista a Guillermina Tiramonti, directora de FLACSO Argentina. Se exponen en ella algunas de las causas y efectos del estado actual de la escuela media y, ante semejante diagnóstico, algunas soluciones posibles. Aquí transcribimos párrafos de la entrevista de Liliana Moreno, que recomendamos leer completa. Dice la especialista:

“—Tenemos el mismo modelo escolar que a principios del siglo XX y le hacemos exigencias para las que no fue creado. Por un lado, hay un cambio cultural muy fuerte que exige que la escuela ‘dialogue’ con otros lenguajes y se descentre de ese lugar exclusivo de la cultura letrada. Por otro, le demandamos universalización —con lo que estoy de acuerdo—, pero a una institución que se creó para seleccionar sólo a un grupo de la población. Y a esta demanda de inclusión de nuevos grupos sociales —porque la tendencia es al crecimiento y a la ampliación de la matrícula— la escuela da respuesta fragmentando el sistema. Es decir, generando circuitos diferenciados para grupos sociales diferentes.

—¿Ghetos?

—Ghetos. Grupos de escuelas que se parecen entre sí y a las familias que atienden pero que se diferencian, a veces radicalmente, de otros grupos de escuelas que atienden a otros chicos de otros sectores sociales. Un ejemplo claro son las llamadas escuelas garaje que tienen la finalidad de contener a los chicos que están en una situación social de riesgo pero que están imposibilitadas de generar una propuesta pedagógica que los incorpore al saber contemporáneo.

—¿Cómo impactan estas fronteras en los chicos?

—Un buen ejemplo es el de la construcción del otro desde el famoso valor de la solidaridad. Todas las escuelas de clase media hacia arriba tienen programas de solidaridad social, que en realidad son programas de asistencia, donde los chicos construyen a los otros más pobres como sujetos de asistencia y a ellos como sujetos de la dádiva. Si uno piensa en una sociedad democrática aquí hay una ruptura fundamental. La idea de la democracia está basada en el principio de igualdad y, por lo tanto, la solidaridad es entre iguales no entre asimétricos. Entonces, uno de los problemas del gheto es que los otros son extraños: en las escuelas de los countries, por ejemplo, los que están afuera son una amenaza a la seguridad.

—La vieja escuela pública, en cambio, permitía cierto diálogo entre sectores sociales.

—Por lo menos de las clases medias. Siempre hubo escuelas para la elite y para los sectores más bajos. Pero ha habido un espectro de escuelas muy amplio que atendía a sectores bajos integrados y a todas las dimensiones de la clase media. Esto generaba cierta garantía de cohesión social. Y esa escuela desapareció.

—En este contexto ¿Cómo encaja la propuesta de la nueva Ley de Educación Nacional de universalizar la escuela media?

—Lo ideal es pensar en una nueva secundaria. Porque para universalizarla hay que transformarla. Para no degradarla más. Para recuperarla y hacer de ella una institución que retome la heterogeneidad social e incorpore a los chicos a un efectivo diálogo con la cultura contemporánea.

—Habló del desfazaje de la escuela actual frente a los cambios culturales ¿Cómo se manifiesta?

—Insistiendo en un modelo pedagógico basado en la lectoescritura. No quiero decir que haya que abandonarlo pero hay que pensar en una escuela media con mayor diálogo con todas las manifestaciones culturales del contexto: con las imágenes, con Internet, con las nuevas formas de habitar el mundo que tienen los jóvenes, que en muchos puntos nos es extraño. Hay un discurso que dice que los docentes perdieron la voluntad de enseñar y de transmitir. Y es posible que haya algo de esto, pero creo que tiene más peso el hecho de que el docente no está familiarizado con la nueva cultura entonces duda de lo que transmite, encuentra que pisa en falso con respecto a la cultura de los chicos. Hay que retornar la confianza del docente transformándolo en un interlocutor válido de la cultura contemporánea.

—¿Hay señales de que se avanza en el buen camino?

—Hay una búsqueda de construcción de una nueva cultura pedagógica para estas nuevas exigencias. Pero tenemos que participar de esta búsqueda y me parece que no se está participando, que se está insistiendo en la inclusión sin dar otras respuestas.”

Fuente (Texto y foto): Clarin.com

El mundial y la escuela

Hay algo notable en la discusión por el próximo mundial de fútbol, si dejamos o no ver a los chicos los partidos en la escuela. Lo notable es que sigamos discutiendo el uso de las nuevas tecnologías en el aula, cuando no podemos meter ni a la fuerza una tecnología de tremenda antigüedad y de tan grande inserción social.

Entre la prohibición, que demuestra que aun los más ilustrados han aprendido poco del pasado reciente, y la excusa -inexcusable- de meter contenidos a la fuerza, hay un vacío enorme que ningún puente pedagógico ha podido salvar.

Leía el análisis que hace el periodista Orlando Barone sobre el conflicto, en un artículo titulado “El totalitarísmo del fútbol y las escuelas”, y puede decirse que está claro cual es el eje de la cuestión. Dice, entre otras cosas:

“(…) Aquellas opuestas posiciones educativas no marcan sino distintas formas de enfrentar o de defenderse de la fuerza imparable de la marea futbolística. Y optar por uno u otro recurso no cambiará el objetivo estudiantil que –con o sin permiso institucional- tendrá como destino colectivo las vicisitudes de los partidos y de los resultados.

Poco importará a los alumnos tratar de entender la historia de Croacia, la etnia de un país africano, el arte milenario de un país asiático o la trama histórica y política de Alemania. No es necesario que el sistema educativo se autojustifique tratando de emprender una aventura vana. Ellos estarán pendientes de los goles, del triunfo o la derrota del seleccionado, y no de recibir clases alusivas bienintencionadas y poco realistas.

(…) En un caso -dejar que se mire el mundial por televisión en las aulas- se trata de una forma flexible y progresista; en el otro, se trata de mantener, sin concesiones, la tradición y la razón de ser de la enseñanza. (…) Lo que los educadores deben sopesar es que si la selección fuera eliminada prontamente, la triste carga sicológica de los alumnos no variará y será igual en cualquiera de ambas opciones. Tendrán que asumir el correspondiente duelo de una sociedad futbolera. Y no importa si vieron o no televisión en la escuela. Pero si Argentina ganara el campeonato del mundo ya no importarán ni la educación ni la escuela ni la Universidad, ni el parlamento ni el Gobierno ni nada: la Argentina estará cerrada una semana. Y el ministro Filmus y Jaim Echeverry también se habrán convertido en masa.

Brillante. Muy claro.

La discusión pasa por otro lado.

Ese vacío enorme del que hablábamos al principio tiene que ver con que la pedagogía de la excusa está impidiendo que alcancemos un acuerdo, una estrategia común, de la que la tecnología sea un aporte, un soporte para proyectos que interesen y formen a todos.

Hay cuestiones que la escuela no puede -y a veces no sé si quiere- manejar, porque la resistencia a las nuevas tecnologías fue históricamente casi un paradigma. ¿Cuanto tiempo tardó en aceptar el boligrafo? ¿Cuanto se está tardando en construir espacios que acomoden a todos, aun a los de diferentes capacidades? ¿Cuanto tiempo se va a tomar discutiendo sobre los celulares? ¿Cuando va a terminar de incorporar una tecnología como la de la televisión, próxima a cumplir 56 años?

Un proyecto que es un intento

Una esperanzadora aproximación -a nuestro humildísimo criterio- parece ser el proyecto de Mendoza, una de las seis provincias del país en las que el Mundial de Fútbol será incluido como un tema de análisis en la escuela, a modo de contenido transversal a los programas de todas las materias de tercer ciclo de EGB. Para ello, preveen utilizar el libro “La escuela, los medios y el Mundial de Fútbol Alemania 2006”, auspiciado por la Embajada de Alemania en Argentina, y que contiene 70 actividades que fueron elaboradas por los coordinadores del programa Escuela y Medios de las distintas provincias.

Ariel Barrios, titular de ese programa de la Dirección General de Escuelas de Mendoza, destacó que “el objetivo es que los alumnos conozcan, relacionen e interpreten el rol de los medios -el énfasis es mio-. Eso permitirá vincular los contenidos curriculares de la escuela a la realidad cotidiana y a los eventos sociales, deportivos, artísticos, políticos, económicos que vive toda la sociedad.” Y agregó que cada establecimiento tendrá libertad para utilizarlo antes o después de un partido.

Al menos es un esfuerzo de darle un sentido desde lo institucional.

Pero el problema central no es el televisor o la tecnología en general. El problema es que llamamos a las cosas por otro nombre que el que tienen. Los progresistas no quieren parecer conservadores hablando de orden y disciplina; los conservadores no quieren -¡Dios nos libre!- parecer progresistas hablando de albedrío. En el medio, los chicos haciendo lo que quieren, porque el sistema no los contiene; porque los adultos, sus modelos, están discutiendo en los bordes del problema.

La tecnología… da para todo

Dos noticias en el diario del fin de semana:

– Una empresa española ofrece una de las últimas novedades en materia funeraria: el “último mail”. Se trata de un postrero y definitivo correo electrónico. Quien quiera que ese correo sea enviado debe pagar mensualidades hasta el día de su muerte, y la empresa se ocupará de enviar el mensaje a las direcciones que el recién fallecido entregó en vida.

– En Japón se lanzó al mercado un teléfono que posee una cámara de visión nocturna, gracias a un filtro que, según dice la empresa, permite además ver a través de la ropa de la gente.

Se supone que son noticias serias, publicadas en un medio serio…

Como diría un publicitario amigo, en materia de productos los estúpidos no son los que hacen u ofrecen cosas estúpidas, sino los que las compran. Esa parece ser una nueva “Ley de Murphy”, que desde siempre ha impregnado al bendito mercado; la tecnología no parece ser la excepción.

Saber que tornillo apretar…

Recibí un e-mail con una historia muy simpática e ingeniosa que, como suelen hacerlo ciertas historias bien contadas, muestra la ironía de algunas situaciones cotidianas para quienes nos dedicamos a esto de trabajar brindando servicios. Dice así:

“Algunas veces es un error juzgar el valor de una actividad simplemente por el tiempo que toma realizarla…

Un buen ejemplo es el caso del ingeniero que fue llamado a arreglar una computadora muy grande y extremadamente compleja… una computadora que valía 12 millones de dólares.

Sentado frente a la pantalla, oprimió unas cuantas teclas, asintió con la cabeza, murmuró algo para sí mismo y apagó el aparato. Procedió a sacar un pequeño destornillador de su bolsillo y dio vuelta y media a un minúsculo tornillo. Entonces encendió de nuevo la computadora y comprobó que estaba trabajando perfectamente.

El presidente de la compañía se mostró encantado y se ofreció a pagar la cuenta en el acto.

– ¿Cuánto le debo? -preguntó.
– Son mil dólares, si me hace el favor.
– ¿Mil dólares? ¿Mil dólares por unos momentos de trabajo? ¿Mil dólares por apretar un simple tornillito? ¡Ya sé que mi computadora cuesta 12 millones de dólares, pero mil dólares es una cantidad disparatada! La pagaré sólo si me manda una factura perfectamente detallada que lo justifique.

El ingeniero asintió con la cabeza y se fue. A la mañana siguiente, el presidente recibió la factura, la leyó con cuidado, sacudió la cabeza y procedió a pagarla en el acto, sin chistar. La factura decía:

Servicios prestados:
Apretar un tornillo: 1 dólar
Saber qué tornillo apretar: 999 dólares
Total: 1.000 dólares”

¿No es fantástico? Mucha gente se comporta como este presidente de compañía, ¿No es cierto? Pareciera que si no hay “sudor y lágrimas” no es trabajo. Entonces todos los años de esfuerzo capacitándonos para saber “que tornillo tocar” no son tenidos en cuenta.

No me quiero poner serio porque me contaron esto como un chiste, pero debemos saber valorar los esfuerzos de la gente por aprender y saber hacer las cosas bien.

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