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Celulares y cáncer II: la mirada desde la ciencia

Confieso que creo que jamás podría explicar con claridad, por cuestiones propias de formación, la lógica del funcionamiento de aquellas ondas sospechadas de carcinógenas, de las que hablamos en un post anterior. Pero no me hace falta: cuando la ciencia -la verdadera, aquella despojada de factores exógenos que le dan un tinte de opinión- viene en auxilio de nuestras incertidumbres, no queda más que adherir a las certezas que nos proveen.

Todo esto para explicar la satisfacción que me produjo leer al físico Alberto Rojo, profesor de la Universidad de Oakland en Michigan, EE.UU., en una columna publicada hoy en el diario Clarín, titulada “Los celulares son tan inofensivos como el microondas”. Bueno, ya desde el título queda clara la postura del científico. La nota completa se lee haciendo clic aqui. A continuación, algunos párrafos para destacar:

Tengo amigos que no usan celular. Son pocos pero son. ¿Están más a salvo del cáncer que los incontables feligreses de la telefonía móvil? No. La razón, en tres palabras: la mecánica cuántica.

Me explayo: el celular recibe y emite radiación. Al hablar de radiación hablo de “luz”, una precisa coreografía de electricidad y de magnetismo en vibración por el espacio: las proverbiales ondas electromagnéticas. (…) Lo curioso es que la luz no es un fluido continuo sino que su estructura es granular, un chorro de municiones microscópicas, los cuantos de luz, cuya existencia postuló el gran Albert Einstein en 1905, la fecha de nacimiento de la hoy famosa mecánica cuántica, o física cuántica. Cuando la luz se emite o se absorbe, dice Albert, lo hace en cantidades fijas (…) Y lo más curioso todavía es que la energía de esas municiones (los “fotones”) depende del color, o la frecuencia de la luz. Un fotón de luz azul tiene más energía que uno de luz roja y mucho menos que uno de rayos X (que es invisible), que a su vez tiene mucha menos energía que uno de rayo gamma.

Lo fundamental aquí es que estas municiones de luz alteran -dañando o beneficiando- a los organismos vivos átomo a átomo, de a uno por vez. (…) Las mutaciones del ADN que dan lugar al cáncer son alteraciones a nivel atómico creados por radiación de alta frecuencia, donde los fotones (cada uno de ellos) son de energías altas. La incidencia de este tipo de radiación en el aumento de cáncer está muy establecida. En cambio, en el caso del teléfono celular, la frecuencia de la radiación es más o menos la misma que la del microondas de la cocina, donde la energía de cada fotón es insuficiente para arrancar un electrón de un átomo. El proceso de arrancar un electrón de un átomo es bautizado en jerga física por “ionizar”, y la radiación inculpada es ionizante.

Entonces, mientras un número relativamente chico de fotones de rayos gamma (radiación ionizante) puede alterar la química celular y dar lugar al cáncer, una horda de fotones visibles (los de la bombita de luz por ejemplo) o de microondas (los del celular) golpeándonos la piel cada segundo son inocuos. (…) Mas aún, las estadísticas no muestran un aumento de la incidencia de cáncer cerebral desde la invención de celular (incluso algunas muestran disminución), ni para los obreros que trabajan en las antenas de transmisión, donde la intensidad de la radiación es grande. Es cierto que las razones precisas de la génesis del cáncer son todavía objeto de estudio. Pero también es cierto que no hay un mecanismo físico plausible que vincule la radiación del celular con el cáncer, argumento suficiente para conjurar miedos infundados, y para acaso disuadir a mis amigos reticentes heresiarcas del roaming.

Por supuesto que hay posturas más o menos alarmistas sobre el tema, como aquellas que citamos alguna vez relevando miradas sobre la cuestión. El asunto es si nos quedamos con nuestros miedos sin más, o nos permitimos aprender y razonar.

Fuente: Clarin.com

No intentes esconderte: Latitude te encontrará

Google lanzó una nueva aplicación de mapas para teléfonos móviles que permite conocer, vía GPS, la ubicación exacta de los de celulares. Es gratuito y se activa desde una cuenta de correo electrónico, según nos anoticia hoy InfoBAE.com

Para acceder al servicio, denominado Latitude, sólo se requiere una cuenta de correo electrónico, y un celular de alta gama que sirve para determinar la posición del usuario.

La parte blanca de la aplicación es que serviría para conocer el paradero de un pariente o amigo o simplemente para arreglar un encuentro en un punto determinado de una ciudad.

“En adelante usted sabrá si su esposa está atascada en el tráfico, si uno de sus compañeros vino a la ciudad por el fin de semana, o tranquilizarse confirmando que un ser querido que viajaba en avión llegó a destino”, explicaron en Google.

Al anticiparse a las objeciones por las partes oscuras del servicio en cuestión, como por ejemplo las amenazas a la vida privada, la empresa hizo hincapié en las garantías de seguridad para quienes adquieran el nuevo servicio. Esto implica algunas medidas de seguridad en su uso: el usuario del teléfono móvil puede autorizar a qué y cuánto se acceda de sus datos, y quiénes puedan localizarlo. Por ahora el servicio está disponible en 27 países, 14 de ellos de la Unión Europea. Progresivamente se extenderá a otras regiones.

Finalmente, se anuncia que el servicio se puede setear en “modo escondido”, así que, muchachos, chicas, la trampa estará a salvo. Lo que, pensándolo bien, es lo único que podría llegar a preocupar verdaderamente a muchos de nuestros congéneres.

Fuente: InfoBAE.com

Aunque molesta, la cadena sobre el código IMEI no es falsa

Entre las cadenas de email que se repiten cíclicamente hay una en particular que tiene todas las características de un hoax, pero en este caso la información es cierta. Es aquella que informa sobre el uso del código IMEI ante la eventualidad de que nos roben el celular, a fin de bloquearlo e impedir su uso.

Hace un par de años escribí sobre esto en Tecnología para todos, en ocasión de recibir el mail por primera vez. Me puse a investigar sobre el tema y averigüé, entre otras cosas, que este código de los equipos móviles es un código pre-grabado en los teléfonos de tecnología GSM.

La sigla IMEI significa “International Mobile Equipment Identity”, (Identidad Internacional de Equipo Móvil).

En la Wikipedia se explica esto en forma detallada, lo cual demuestra que no es ningún secreto. Este código IMEI identifica al aparato unívocamente a nivel mundial, y es transmitido por el aparato a la red al conectarse a ésta. La empresa operadora puede usar el IMEI para verificar el estado del aparato mediante una base de datos denominada EIR (Equipment Identity Register).

¿Y qué es la EIR? Es una base de datos en la que existe información sobre el estado de los teléfonos móviles. Dentro de esta base de datos existen tres listas de IMEI: la blanca, la gris y la negra.

La lista blanca identifica a los equipos que están autorizados de recibir y realizar llamadas. Esta lista debe siempre existir en el EIR, aun cuando sea la única; las otras dos son opcionales. La lista gris identifica a los equipos que pueden hacer y recibir llamadas, pero que pueden ser monitoreados para descubrir la identidad del usuario utilizando la información almacenada en el chip [Tarjeta SIM]. La lista negra identifica a los equipos que a los que se les impide conectarse a la red. Por lo tanto, no pueden realizar ni recibir llamadas.

El código de IMEI consta de cuatro partes. La primera parte se denomina Type Approval Code (TAC), en donde los primeros dos dígitos indican el país. La segunda parte es el Final Assembly Code (FAC) e indica el fabricante del equipo. La tercera parte es el número de serie del teléfono. El último dígito, es el dígito verificador (usado para validar el IMEI).

El IMEI de un aparato habitualmente está impreso en la parte posterior del equipo, bajo la batería. Se puede marcar la secuencia *#06# para que aparezca en el display.

En caso de extravío o robo del celular, conviene informar al operador y darle este código. Éste podrá entonces bloquear el celular, aun cuando el caco cambiara la tarjeta SIM.

Otras lecturas (en inglés):
http://www.numberingplans.com
http://www.babt.com/default.asp

Manejar y enviar SMS es más peligroso que manejar alcoholizado

Así parecen confirmarlo ciertas pruebas efectuadas por la RAC Foundation, una institución no gubernamental británica que promueve el uso seguro de los vehículos, en continuidad con ciertas medidas que se vienen imponiendo en aquellas islas con respecto a manejo, seguridad y celulares.

Según informa hoy el Telegraph, de las pruebas se desprenden algunos datos sorprendentes:

  • El tiempo de reacción de los conductores mientras envían SMS se deteriora un 35%
  • En comparación, los conductores que se encuentran al límite legal de alcohol pierden un 12% de capacidad de reacción, mientras que aquellos bajo los efectos del cannabis están un 21% más lentos.
  • La combinación de incremento de la actividad mental requerida para escribir un SMS, el debilitamiento del control -causado por el acto físico de sostener el teléfono-, y el debilitamiento visual que produce estar continuamente cambiando la orientación visual entre el teléfono y el camino, da lugar a un deterioro de la capacidad de mantener un rumbo seguro en el andar con el vehículo.

El director de la RAC Foundation, Prof. Stephen Glaister, dijo al mencionado periódico al respecto, que:

Tenemos que asegurarnos de que los fanáticos de los SMS entiendan que enviar mensajes de texto es una de las cosas más peligrosas que se pueden hacer mientras se está al mando de un automóvil.

El castigo de ser ex-cliente de Movicom

Estoy bastante molesto con la nota de Clarín Económico del domingo último, a dos de los responsables de la firma Movistar. Bueno, no estoy molesto con Clarin -valga la aclaración-, sino con varias de las respuestas con las que estos caballeros explicaron algunos detalles de la fusión.

Hemos publicado parte de la nota en nuestro sitio, en la sección “Guía de navegantes”, como para que se entienda lo que estamos diciendo.

Los ex-clientes de Movicom, actuales clientes de Movistar, hemos sufrido un notable deterioro en el servicio.

Los más inquietos se preguntarán por qué no cambiamos de empresa: en mi caso particular tengo bastante papelería hecha con el número telefónico actual (tarjetas, boletas, etc.) además de gran cantidad de contactos con ese número, razón por la cual estoy evaluando los costos de una decisión así; pero si debería cambiar, ¿no es cierto?

El hecho es que contraté el servicio con Movicom a mediados del 2000; no había tenido mayores inconvenientes, a excepción de algunas peleítas que uno suele tener con estos prestadores, pero el servicio siempre fué adecuado, al punto que tengo dos equipos (uno está en casa), porque el servicio era bueno y conveniente.

Cuando se produce la fusión comienzan los problemas. La primera semana fue casi imposible usar el celular. Hechos los correspondientes reclamos, me explicaron que se debía a los cambios y me pidieron que tuviera paciencia.

Hoy, después de varios meses (Movicom arrancó la primera semana de abril) sigo teniendo problemas. Con respecto a las llamadas, el servicio es pobre, suelo tener un eco en la conversación, etc. etc.

Como si fuera poco, el servicio de Internet que contraté con Movicom -aclaremos: con el mismo equipo que tengo actualmente-, funciona mal. No puedo navegar ni puedo revisar mi correo, entre otras cosas que sí podía hacer antes de la fusión.

En uno de los tantos reclamos que hice, el operador del *611 me dijo que “el sistema está saturado; hay más clientes de lo que puede soportar”. Tal vez no sea esta la opinión más autorizada de la empresa, pero muestra el clima interno de desconfianza e inconformidad de los clientes que seguramente deben palpar estos trabajadores a diario.

No sé que pasa con los clientes nuevos. Probablemente estén conformes. Pero me molesta profundamente que además de tener que soportar que arbitrariamente me cambien de empresa para darme un peor servicio, además tenga que ser yo mismo quien se haga cargo de los costos si quiero cambiar, cuando no soy responsable del problema.

La pregunta del millón es: ¿donde estaban los organismos de contralor al momento de una fusión que traería tantos inconvenientes a una de las partes?

Las respuestas seguramente serán muchas y variadas. Pero eso es otra historia. La historia del ‘Yo, argentino’.

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