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Ciencia - 2. página

Un mundo plástico que requiere urgente atención

Está en todas partes. Lo necesitamos y queremos. Lo encontramos en lugares inesperados. Un mundo sin el plástico es inconcebible, pero ¿conocemos las consecuencias de nuestro consumo autoindulgente de plástico?

La película a continuación, muestra muchos de los problemas asociados al plástico y sus posibles soluciones.

Para obtener más información, nuestros lectores pueden visitar itsaplasticworld.com (en inglés)

Créditos
Productor: Andreas Tanner (andix.ch)
Productor asociado:  Guave Motion (guavemotion.ch)
Música y Diseño de Sonido: Alexander Rösch
Locución: Thomas Lüthi
Diseño web: Malte Vollmerhausen
Traducción (subtítulos): Sarah Edelman


Fuentes: Tierra Sana (foto) / Talking Oceans – Andreas Tanner

La sonda Cassini inicia la última fase de su misión

La sonda Cassini de la NASA ha comenzado la fase final de su periplo de 22 órbitas alrededor de Saturno tras un último encuentro con la luna nebulosa Titán. Google ha dedicado hoy su ‘doodle’ a la nave por este motivo.

El gran hallazgo de la nave espacial en sus casi 20 años de misión ha sido el reconocimiento de que Encélado, una de las lunas de Saturno, tiene condiciones para albergar vida. La sonda Cassini detectó en el 2015 hidrógeno y dióxido de carbono allí, unos compuestos esenciales para las formas de vida más básicas. Si en ella hubiera formas de vida primitivas, como bacterias, podrían sustentar su supervivencia en estos compuestos. La combinación de hidrógeno y dióxido de carbono ha convertido a Encélado en el mejor candidato a sitio habitable fuera de la Tierra, según la NASA.

La nave hizo su 127º y último acercamiento a Titán el 22 de abril a las 6.08 UTC, pasando a una altitud de aproximadamente 979 kilómetros sobre la superficie de la luna.

El sobrevuelo también puso a la sonda en curso hacia su último acto, conocido como Gran Final. A medida que la nave espacial pasaba por encima de Titán, la gravedad de la luna alteró la órbita de la sonda robótica para que en lugar de pasar justo fuera de los anillos principales de Saturno, comenzara una serie de 22 inmersiones entre los anillos y el planeta el 26 de abril. La misión concluirá con una inmersión en la atmósfera del planeta el 15 de septiembre, lo que provocará la autodestrucción de la sonda. El robot espacial se romperá, derretirá, vaporizará hasta convertirse en parte del mismo planeta al que partió hace 20 años para explorar.

La sonda fue lanzada al espacio en octubre de 1997, y desde entonces ha estado investigando el inmenso planeta, sus anillos y su campo magnético, especialmente desde el 2004, año en que llegó a sus inmediaciones y empezó el estudio de Titán, la luna mayor de Saturno, y sus otros satélites. Pese a que se suponía que la sonda debía concluir sus trabajos a finales de 2008, se mantuvo activa con sus 12 instrumentos transmitiendo información del sistema, por lo que la NASA decidió en 2010 prolongar su misión hasta este año.

El video muestra a la nave espacial Cassini, de la NASA, que sobrevuela Saturno, al momento de completar la fase de maniobras fuera del plano de los anillos del planeta para llegar a una órbita polar.


Fuentes: Universe SignalElPeriodico.com – Google.com

Monsanto, culpable de daños a la salud y ecocidio

Monsanto, empresa multinacional comprada el año pasado por Bayer que desde principios del siglo XX ha comercializado productos altamente tóxicos, como el PCB, el 2,4,5-T, el herbicida Lasso y el famoso Roundup elaborado a base de glifosato, fue sometida a un tribunal ético. Para ello se utilizaron los mismos procedimientos que utiliza la Corte Penal Internacional de La Haya. La compañía se negó a participar.

El pasado 18 de abril el Tribunal Internacional de La Haya, integrado por cinco prestigiosos jueces, entre ellos la argentina Eleonora Lamm, subdirectora de derechos humanos de la Suprema Corte de Mendoza, encontró a la empresa culpable del delito de ecocidio, de crímenes de guerra, de violaciones de los derechos a un medio ambiente sano y equilibrado, a la salud y a la alimentación, y de quebrantar la libertad científica. La idea fue impulsada por más de mil organizaciones no gubernamentales de todo el mundo.

Si bien el tribunal era simbólico, sus conclusiones empezarán a ser usadas en demandas a lo largo y ancho del planeta. Se intentará conseguir la modificación del Estatuto de Roma para que se incluya la figura del ecocidio.

Con respecto a este último concepto, la conclusión de los jueces no dejó lugar a dudas: “Si el delito de ecocidio se reconociera en el derecho penal internacional, las actividades de Monsanto posiblemente constituirían un delito de ecocidio en la medida en que causan daños sustanciosos y duraderos a la diversidad biológica y los ecosistemas, y afectan a la vida y la salud de las poblaciones humanas”, advirtió el fallo.

El primer punto tratado en el fallo es si Monsanto vulneró el derecho a un ambiente sano y equilibrado, que es una pre condición para el ejercicio de todos los derechos humanos. Para ello, los expertos analizaron testimonios de investigadores que detectaron casos de malformaciones en Argentina y Francia causadas por el glifosato, enfermedades renales crónicas por la aplicación de Roundup en Sri Lanka y la suba de las tasas de cáncer en Brasil. También se mencionó la pérdida de diversidad y fertilidad de los suelos, la contaminación de las explotaciones agrícolas con transgénicos, y las deficiencias de salud de los cerdos alimentados con plantas modificadas genéticamente.

Frente al nivel de pruebas, la conclusión fue tajante: “Monsanto ha incurrido en conductas que tienen efectos graves y negativos en el medio ambiente y han afectado a innumerables personas y comunidades de muchos países, así como a la salud del propio entorno, con las consiguientes repercusiones en las plantas y los animales y en la diversidad biológica”, estimó el tribunal.

El segundo punto a tratar, el derecho a la alimentación, llama la atención porque el combo “siembra directa + transgénicos + agroquímicos” fue presentado desde el minuto cero como la tríada que pondría fin al hambre en el mundo, algo que no ocurrió. Según el fallo, el mundo siempre estuvo en condiciones de producir alimentos para todos apelando a la agricultura tradicional.

El tribunal destacó que los “daños producidos en el suelo, en los nutrientes, influyeron negativamente en las condiciones que requieren los cultivos y en las corrientes de agua utilizadas para el mismo trabajo agrícola”.

Además, tuvo en cuenta el testimonio de dos argentinos. Por un lado, el médico rosarino Damián Verzeñassi, quién señaló que en “donde anteriormente se habían producido alimentos, ahora había plantas transgénicas toxicodependientes que habían afectado a la producción lechera y ganadera”. El otro es el productor Diego Fernández, quién posee 150 hectáreas en Santa Fe y contó cómo lo afectó la producción de soja transgénica a partir de 1996:  cada vez requería un mayor uso de Roundup. “Antes de la conversión del campo utilizaba 1 litro de Roundup por hectárea cada año; después de la conversión utilizaba entre 10 y 12 litros, lo que causó la compactación del suelo, la muerte de las raíces y una reducción de la actividad microbiológica. La compactación del suelo provocó también inundaciones porque el agua había dejado de filtrarse. Otra consecuencia que señaló fue la aparición de plantas invasivas resistentes a los herbicidas”, recordaron los jueces. Hubo además testimonios similares de agricultores de México, de la India, de Burkina Faso y de Bangladesh.

“Los testimonios citados revelan que, en todos los casos, se ha producido una vulneración del derecho a la alimentación de la que han sido víctimas los testigos y las comunidades, así como las personas mencionadas por los testigos”, indicaron los jueces.

La afectación al derecho a salud fue posiblemente la más fácil de demostrar, ya que incluso hay jurisprudencia en varios países. En este punto fue muy sólida la exposición del médico Verzeñassi, quien dirige el Instituto de Salud Socioambiental, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario. El experto encabeza un proyecto titulado “Campamento sanitario” en cuyo marco se han realizado estudios en 27 localidades de cuatro provincias argentinas. Después de recopilar datos de 96.874 personas de dichas localidades, observó que en esas zonas hay altísimas tasas de una serie de enfermedades vinculadas al uso de cultivos de organismos modificados genéticamente y en la exposición al glifosato producido y comercializado por Monsanto.

Al respecto, los magistrados no sólo hicieron hincapié en los daños a la salud física sino también la mental, y pusieron énfasis en los efectos perjudiciales del PCB, el glifosato y los transgénicos.

Varios testimonios, al decir del tribunal, coincidieron en que “Monsanto ha empleado de modo habitual tácticas deshonestas, engañosas y opacas para conseguir la aprobación de sus cultivos obtenidos por ingeniería genética y sus herbicidas asociados”. La empresa está acusada de operar para desacreditar y paralizar las investigaciones científicas y debates que suponen una amenaza para sus intereses comerciales.

El último tema que se analizó fue si Monsanto fue cómplice de un crimen de guerra, ya que fabricó el Agente Naranja que los Estados Unidos utilizaron durante la contienda bélica en Vietnam. El tribunal aclaró que “no se ha presentado ante el Tribunal ninguna evidencia relevante”, pero aun así concluyó que “habría que dar crédito a la hipótesis de que se disponía de pruebas pertinentes en relación con los hechos de que Monsanto”, porque la empresa “proporcionó los medios necesarios para la campaña estadounidense en Vietnam; sabía cómo se utilizarían sus productos y tenía información sobre los efectos perjudiciales para la salud y el medio ambiente”.

A continuación, el video doblado al castellano de la presentación en público de la opinión legal de los Jueces del “Tribunal Monsanto”.

Monsanto Tribunal – presentación de la opinión legal 18 de abril de 2017 from Monsanto Tribunal on Vimeo.

Fuentes: InfobaeInternational Monsanto

‘Azul un ala…’

Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) han descubierto que el color de la bandera argentina más antigua era de un tono correspondiente al pigmento azul de ultramar en sus extremos superior e inferior.

El estudio fue realizado por científicos del Centro de Química Inorgánica (CEQUINOR, Conicet – UNLP), junto a investigadores de la Universidad de Federal de Juiz de Fora (Brasil). Llegaron a tal conclusión luego de analizar unas hebras de la bandera argentina del templo de San Francisco en la provincia de Tucumán, la que según algunos historiadores es la más antigua que se conserva. Las muestras, que no han mantenido su color original, fueron analizadas mediante fluorescencia de rayos X, espectroscopia Raman y análisis químicos para la detección de los componentes originales.

Si bien no fue esta la bandera que se izó por primera vez en febrero de 1812 a orillas del río Paraná, hay motivos para creer que Bernabé Aráoz, primer gobernador intendente de Tucumán y síndico del templo, tomó el modelo de Manuel Belgrano, de quién era cercano.

En el video a continuación, los investigadores explican el procedimiento, y las conclusiones a las que arribaron:


Fuente: Impulso Negocios

La Luna que no vemos

La Luna gira sobre su eje en aproximadamente 27.32 días y se traslada alrededor de la Tierra en el mismo intervalo, de allí que siempre nos muestre la misma cara. Pero este fascinante video de la NASA nos muestra como la veríamos si su rotación nos permitiera apreciar ambas caras.

Las imágenes fueron capturadas utilizando el Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA, que orbita nuestro satélite natural a una altitud de 50 km.


Fuente: The Mind Awake

Producir con un sistema a favor de la vida

El Colectivo Tierra Viva Bolívar, un grupo de vecinos y vecinas de aquella ciudad de la provincia de Buenos Aires preocupados por el medio ambiente y los crecientes problemas de salud en esa comunidad y en el país, se ha comprometido a contribuir en cambiar el modelo de producción agrícola actual, por considerarlo responsable de tal situación.

Se proponen dos vías para lograr ese objetivo: una de ellas, poniendo el tema en la agenda pública. La otra, trabajando interdisciplinariamente con instituciones y expertos en la materia, con la convicción de que es posible otro modo de producir. Lo llaman agroecología: un sistema a favor de la vida en consonancia con el medio ambiente y las personas, que además genere rentabilidad.

En línea con estos objetivos, el pasado jueves 16 de marzo el Colectivo organizó las II Jornadas de Agroecología Bolívar. Disertaron en la oportunidad el Ingeniero Agrónomo Eduardo Cerdá, por la Facultad de Agronomía y Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de La Plata, y la periodista Fernanda Sández, autora de “La Argentina fumigada” (Ed. Planeta), una formidable investigación sobre la cuestión de los agroquímicos y los problemas de salud que acarrean para la población.

A continuación un fragmento de la disertación de Fernanda, a quién agradecemos el permiso para reproducirlo en este espacio, hablando sobre las experiencias recogidas a lo largo de su investigación.


Por más información y contacto con el Colectivo Tierra Viva Bolívar, escribir a tierravivabolivar@gmail.com

Demoledor informe italiano sobre los agroquímicos en Argentina

Una investigación difundida por el programa italiano “Le Iene” expone los efectos dañinos de los agroquímicos en la producción agrícola durante los últimos 20 años en nuestro país.

¿Por qué el interés de los europeos en este problema? Entre otras razones, porque aquí se producen alimentos para sus animales. Es decir, quieran o no, la maldición de los venenos les llega a sus mesas de todos modos.

Fuente: Dario LQSustentable

El Garrahan necesita la verdad tanto como a las tapitas

El título de esta entrada no significa que despreciemos o neguemos la importancia de la campaña. Al contrario, la hemos apoyado y alentado tanto desde este espacio como en las escuelas en las que trabajamos. Sin dudas, la campaña del Hospital Garraham convocando a la comunidad a donar tapitas de gaseosas, ha logrado mucho: por ejemplo, que el dinero de la venta se destine a la construcción del nuevo Centro de Atención Integral del Paciente Oncológico de un Hospital que es el máximo referente de salud pública, gratuita y de alta complejidad pediátrica de la Argentina.

Pero semejante tarea necesita también, imperiosamente y urgentemente, de la verdad.

Leyendo el libro “La Argentina fumigada” de Fernanda Sández, me encuentro con el relato de Mechi Méndez, una enfermera de Cuidados Paliativos en Oncología Pediátrica del Garrahan. Ella cuenta lo que sucede puertas adentro: “se atiende a Fulanito que tiene una leucemia” dice, “no a Fulanito que tiene una leucemia y viene de un pueblo fumigado. El tema es que lo otro no lo ven, se van a seguir produciendo enfermos”.

Se trata de nada menos que el crudo relato de quién vive en carne propia el sufrimiento ajeno. No se lo han contado. Lo ve todos los días en muchos de los niños a su cuidado.

En el video a continuación la enfermera Méndez, que además ha creado un canal de You Tube como ayuda en su esfuerzo en concientizar y comprometer a directivos, médicos y personal intermedio del hospital, cuenta su derrotero desde que se percató del problema en 2011.

La historia completa de esta lucha y otras, se relatan en el libro de Fernanda, de imprescindible lectura.

Monsanto pierde un round

“Una vez que un químico está incorporado en la lista, el fabricante tiene un año para etiquetar el producto como causante de cáncer”, dijo Sam Delson, de la Oficina de Evaluación de Riesgos Ambientales de la Salud del estado de California, en los EE.UU.

El fabricante al que se refiere es Monsanto. El producto es el herbicida Roundup, estrella de la compañía, compuesto a base de glifosato. La lista, que es pública, es la que elabora la Oficina mencionada detallando los químicos cancerígenos.

En una decisión firme tomada el pasado 10 de marzo, la jueza Kristi Culver Kapetan encontró que Monsanto no tenía ninguna razón suficiente para sostener su negativa -interpuesta en los tribunales, de allí la decisión de la jueza- a lucir en los envases del producto una etiqueta que avise sobre su riesgo como producto cancerígeno.

La empresa se lamentó por la disminución en las ventas que traería aparejado el uso de la etiqueta. Sin embargo, ha tenido suerte: aun no se ha prohibido definitivamente su uso.

Sin dudas, un pequeño paso para la justicia pero un gran salto para la salud pública.


Fuente: Periódico digital Pausa (texto e imagen)

La hipocresía se viste de rosa

Escribe la periodista, investigadora y escritora Fernanda Sández en su libro “La Argentina fumigada – Agroquímicos, enfermedad y alimentos en un país envenenado”, editado por Planeta: 

(…) A excepción de la producción orgánica o agroecológica, no hay cultivo en nuestro país -no importa si peras, papas, acelgas, soja o los árboles para la industria forestal- que no reciba una enorme carga química a lo largo de todo su ciclo. Así lo han comprobado trabajos tanto del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) como de varias universidades nacionales. Parte de esa química permanece en las frutas, hojas y cereales que comemos, y de allí el establecimiento de algo llamado “límite máximo de residuos” o LMR. Esto es, la cantidad de restos de pesticidas que (dice la industria, dice el Estado a través de sus organismos, dicen todos los que lucran con esta naturalización de lo que no lo es) podemos comer sin que nuestra salud se vea afectada. (…) Para el neolenguaje de la tranquilidad -el idioma que hablan al unísono empresas, profesionales de la agronomía, aplicadores de plaguicidas, el Estado y todos aquellos involucrados en el floreciente negocio de la agricultura química- no hay nada de qué preocuparse. Más aún: todo esto es no solo aceptable sino indispensable. Es, aseguran, comer venenos o quedarse con la panza vacía. No hay, insisten, ninguna otra respuesta posible frente al hambre. (…) Al mismo tiempo, el agronegocio seguirá repicando su campana pacificadora: podemos comer tranquilos. Comer día tras día, comida tras comida, pequeñas dosis de insecticidas, funguicidas, herbicidas y unos cuantos ‘cidas’ más que no solo se pueden rastrear en la comida, sino también en nuestros propios cuerpos. La industria miente, la sangre no.

En esta Argentina sojera en la que todos somos el campo pero no entramos en el reparto de las ganancias,  el neolenguaje de la tranquilidad del que habla Sández a veces también se traduce en gestos y señales: fue presentada en Expoagro 2017 una silobolsa -de esas que los sojeros usan para acumular más y más semilla cuando los silos de metal ya no alcanzan-  de color rosa, cuyo objetivo es colaborar en la lucha contra el cáncer. Cada productor que compre estas bolsas estará donando 10 dólares: ocho se destinarán a la Fundación para combatir la leucemia (Fundaleu) y dos al sector oncológico del hospital Santamarina de Tandil.

Más adelante en el libro de Sández, refiriéndose a investigaciones de entidades y universidades de los EE.UU. acerca de la toxicidad de los herbicidas como el 2,4-D, la autora dice:

Una de esas investigaciones (…) demostró que los agricultores expuestos al 2,4-D tenían hasta seiscientas veces más chances de desarrollar cáncer linfático. (…) En la Argentina se lo aplica en el cultivo de trigo, cebada, centeno, arroz, sorgo, maíz caña de azúcar, lenteja y papa. (…) Es uno de los herbicidas más utilizado en nuestro país, en especial desde que el glifosato (…) comenzó a mostrarse impotente ante el avance de malezas cada vez más aguerridas.

La iniciativa de las bolsas rosas luce como una buena causa, sin dudas. Salvo que la sangre no miente. 


Fuente: AgroVoz

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