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contaminación

La huella de carbono de Google

Hace un tiempo nos ocupábamos de analizar en este blog, cierta obsesión de algunos científicos por la importancia relativa de las actividades de Google en el aumento de los niveles de contaminación ambiental. Sin negar la realidad ni entrar en defensa de Google, decíamos que hay industrias que contaminan más, mucho más y de modo más letal que la de los chicos del buscador, y definitivamente no atraen tanta atención. De todos modos, convengamos que nunca habían sido muy abiertos en cuanto a esta cuestión -alegaban que dando a conocer esa información quedaban en desventaja frente a sus competidores- y claro, eso los hacía más sospechosos, digamos.

La cuestión es que ahora finalmente se decidieron a blanquear la situación y revelar, no sin bombos y platillos, algunos numeros referidos a su aporte al deterioro ambiental.

Informa clarin.com hoy:

Esta semana, la empresa del buscador reveló –por fin- su huella de carbono, para alegría de los ecologistas. Aunque la cifra es impactante –su consumo de energía es de 1,46 millones de toneladas métricas al año- la compañía asegura que sus centros de operaciones son un 50 por ciento menos contaminantes que la media y que sus servicios en nube son 80 veces más eficientes que las alternativas tradicionales. Esta es la primera vez que Google accede a revelar cuánto dióxido de carbono emite su complejo sistema de bases de datos, buscador y servicios en Internet. Hasta ahora, se había negado a revelar esa información porque consideraba que podía brindarles datos claves a sus más férreos competidores.

Google viene demostrando desde hace rato un interés por las cuestiones medioambientales, como quedó demostrado con las inversiones que están haciendo en el terreno de la energía eólica.

A groso modo, estos son algunos de los números que brinda la empresa:

  • Sus centros de operaciones son un 50 por ciento menos contaminantes que la media.
  • Sus servicios en nube son 80 veces más eficientes que las alternativas tradicionales.
  • Durante todo el 2010 la empresa emitió 1,46 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, de las cuales 1,2 millones corresponden al consumo eléctrico de centros de datos y oficinas.
  • El consumo de electricidad durante el 2010 de Google fue de casi 2.6 millones de megawatts hora (MVh), un estimdo del 0,01 por ciento del consumo total del mundo.
  • Cien búsquedas equivalen a usar una laptop de 30 watts durante una hora o encender una lamparita de 60 watts durante 28 minutos.
  • La cantidad de energía que se utiliza para responder a un requerimiento en el buscador equivale a 0,0003 kilowatts hora (kWh), lo que equivale a emitir cerca de 0,2 gramos de dióxido de carbono.

Google asegura que desde 2007 no contamina en lo absoluto, a pesar de sus emisiones, gracias a las inversiones que ha hecho en parques eólicos y a la compra de energía renovable o créditos de carbono, que dejan su balance en cero. Mientras tanto, están revisando algunos de sus criterios constructivos para mejorar sus instalaciones -por ejemplo, su data center en Finlandia, de pronta apertura, utiliza agua de mar para refrigerar las instalaciones- y hasta el consumo de los usados para Street View.

Fuente: clarin.com

Teclópolis, una mirada cargada de poesía

Teclópolis, el corto ganador en la 59° edición del premio Cóndor de Plata como Mejor Cortometraje argentino de 2011, es una animación hecha en stop motion que tiene como protagonista a una cámara Súper 8 que sufre por los avances de la contaminación plástica. El Premio Cóndor de Plata es entregado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina.

Los responsables de esta maravilla, la productora Can Can Club, presentan en YouTube este corto animado de Javier Mrad:

Había una vez: revistas se agitan al viento, una cámara Super 8 se arrastra sobre una mesa mientras una vieja frazada va y viene. De repente, un ratón. Luego, una civilización corriendo hacia su destino inevitable. La contaminación plástica ha llegado a tal punto que ni las más lejanas playas estan a salvo.

Ese destino que advierten como inevitable, no impide la mirada poética de los creadores de esta genialidad. Para ver, disfrutar y pensar.

En el sitio de la productora Can Can Club se puede ver el making of del video. Pero claro, tal vez mirarlo haga perder algo del encanto…

Uso y abuso

Publica por estos días Muy Interesante:

El planeta cuenta con 595.814 km de litoral. Cerca del 40% de la población mundial vive a menos de 100 km de las costas, un área que apenas representa el 20% de la masa terrestre. Esto significa que son zonas muy pobladas con múltiples problemas.

Lo preocupante es que la degradación del medio marino se ha intensificado en los últimos 30 años. Se calcula que aproximadamente el 50% de los ecosistemas costeros ha sido alterado o destruido por las industrias, ciudades, acuicultura y turismo. Y que más de 70.000 productos químicos sintéticos se han vertido en los océanos. La sobreexplotación de los recursos biológicos marinos y la pérdida de hábitat es ahora una amenaza tan grave como la contaminación.

Fuente: Muy Interesante

Médicos confirman patologías respiratorias a partir de Botnia

El pasado 4 de enero, en una solicitada firmada por más de 200 médicos y bioquímicos de la localidad de Gualeguaychú, principal afectada por la presencia de la pastera Botnia, advirtieron sobre los problemas de salud por causas ambientales que ya han detectado en la población local.

Este documento cobra una relevancia notable, no sólo por las implicancias de su contenido sino también por su oportunidad, ya que por estos días el canciller argentino Héctor Timerman ha convalidado la autorización ambiental previa (AAP) que otorgó Uruguay a la empresa Montes del Plata para que construya otra pastera en territorio oriental. Dicha planta se ubicará en Punta Pereira (Colonia) y producirá 1 millón 300 mil toneladas anuales de pasta de celulosa, lo que representa un 23% más que Botnia.

En la solicitada, los profesionales de la salud de la ciudad entrerriana afirman que “el aumento de la frecuencia e intensidad de patologías de vías aéreas superiores, irritación y afectación de membranas mucosas, ocular y bronquial y reacciones alérgicas, sumado al agravamiento de afecciones preexistentes en los últimos años –comprobados por la mayoría de los profesionales médicos de la ciudad–, tienen vinculación estrecha con la presencia de estos contaminantes en el aire que respiramos”. Y añade: “ya se han producido alteraciones físicas, químicas y biológicas en el río Uruguay desde la puesta en funcionamiento de la planta (de Botnia) y que fueron demostradas por 80 científicos argentinos”.

En el documento se afirma, además, que “en numerosas ocasiones, a través de diversas intervenciones ante distintos organismos y funcionarios públicos se ha reclamado la continuación” de los controles medioambientales indispensables para conocer la verdadera situación, “y también se ha consultado qué instancias legales existen para iniciar el reclamo correspondiente”. Pero todo intento parece caer en saco roto: “No obstante, hasta el momento no se ha recibido información ni respuesta oficial al respecto.”

El documento:

El texto completo del documento es el siguiente:

De acuerdo a los informes presentados por la delegación argentina ante La Haya y a lo admitido por el Secretario de Medio Ambiente, Homero Bibiloni, en la conferencia dictada el 30-09-10 en la CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales), en referencia al estudio Atmosférico realizado por el equipo de profesionales de la Facultad de Ciencias Exactas–UBA y la CONEA, se detectó la presencia de ácido sulfhídrico en las costas argentinas de Ñandubaysal en 78 oportunidades durante un período de nueve meses de control y en varias ocasiones en la ciudad de Gualeguaychú. Esa sustancia es identificada por su olor característico a “huevo podrido”, que actúa como indicador de la contaminación. Se trata de un gas de elevada toxicidad que no debería estar presente en el aire en condiciones normales. Junto a este compuesto están presentes otros contaminantes atmosféricos tales como Óxidos de Nitrógeno, Óxidos del Azufre, Compuestos Reducidos del Azufre (TRS), Material Particulado, Monóxido y Dióxido de Carbono, Compuestos Orgánicos Volátiles (VOC), Compuestos Orgánicos Clorados (entre ellos Dioxinas y Furanos) con una pluma (sustancias contaminantes que salen de una chimenea) aerotransportada que ingresa 20 a 45 Km. dentro del territorio argentino.

El centro de la ciudad de Gualeguaychú se encuentra a unos 25 Km de la pastera. La contaminación atmosférica se ve agravada, ya que los vientos en un 72% por ciento de los días son predominantes desde el Uruguay a la Argentina, con una altura de capa de mezcla (altura del volumen de aire disponible para la dispersión de los contaminantes) muy baja, lo que impide una correcta dilución y dispersión de los contaminantes. Esto hace que permanentemente los habitantes de Gualeguaychú estemos respirando aire contaminado. En lo referente a los contaminantes atmosféricos provenientes de la planta de “Botnia-UPM” y que afectaron al territorio argentino, la CIJ de La Haya se declaró incompetente con el argumento que su regulación no estaba contemplada dentro del Estatuto de 1975. Obviamente, eso no significa que no exista un deber genérico de no dañar, que debe ser respetado por la empresa que los emite como por las autoridades de contralor.

Estos compuestos de naturaleza tóxica no se encontraban presentes en los estudios basales previos a la puesta en funcionamiento de Botnia-UPM por lo que su presencia revela una estrecha, directa e inequívoca vinculación con la instalación de la planta. Nuestra preocupación se agrava al desconocerse si en la actualidad se continúa con el estudio del aire, tal cual ocurrió hasta antes del fallo de la CIJ., mientras se fundamentó el reclamo ante ese tribunal. Si bien en numerosas ocasiones, a través de diversas intervenciones ante distintos organismos y funcionarios públicos se ha reclamado la continuación de estos controles y también se ha consultado qué instancias legales existen para iniciar el reclamo correspondiente. No obstante, hasta el momento no se ha recibido información ni respuesta oficial al respecto.

El aumento de la frecuencia e intensidad de patologías de vías aéreas superiores, irritación y afectación de membranas mucosas, ocular y bronquial y reacciones alérgicas, sumado al agravamiento de afecciones preexistentes en los últimos años -comprobados por la mayoría de los profesionales médicos de la ciudad-, tienen vinculación estrecha con la presencia de estos contaminantes en el aire que respiramos . Debemos advertir el efecto a largo plazo (crónico) de muchos de estos contaminantes presentes en la emisiones atmosféricas (Carcinogénesis, Malformaciones congénitas, Teratogénesis, alteraciones en la Reproducción, depresión del Sistema Inmunológico entre otras) patologías que lamentablemente se verán incrementadas a medida que transcurra el tiempo y la planta siga funcionando. Además sentimos una enorme preocupación por la alta incidencia de enfermedades oncológicas que ubican a Gualeguaychú al frente de la frecuencia de dichas patologías dentro de la Provincia.

Su origen en gran medida está relacionada con la presencia de contaminantes en el medio ambiente, lo que nos hace tener en cuenta otros temas vinculados a su preservación, como son el uso intensivo e irracional de plaguicidas, el tratamiento de los efluentes industriales del Parque Industrial de Gualeguaychú y su drenaje aguas arriba de la toma de agua, el destino de los transformadores contaminados con bifenilos policlorados (PCB) y el tratamiento de los residuos patológicos. Preocupados por el futuro, fundamentalmente el de las generaciones venideras, exhortamos a las autoridades y a la población a preocuparnos y ocuparnos de buscar entre todos, en la medida de sus responsabilidades, se arbitren medidas y acciones dirigidas a erradicar estos daños ambientales. Solo de esa forma se protegerá la salud de la población y se logrará una mejor calidad de vida.

La solicitada está firmada al pié por los más de 200 profesionales de la salud, preocupados como están por esta situación. La que por cierto parece ser un tema menor y aun inexistente, para nuestros políticos.

Fuente: Máxima Online

Mil años

Se informa hoy en la edición digital de Muy Interesante, que investigadores de la Universidad de Calgary simularon con ayuda de computadoras diferentes escenarios de evolución climática, para averiguar qué pasaría si dejásemos de usar combustibles fósiles y no emitiéramos más CO2 a la atmósfera desde ahora.

Su conclusión: el impacto del aumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera terrestre tendrá un efecto negativo sobre el clima durante al menos otros 1000 años.

Dichas conclusiones fueron publicadas en un artículo para la revista Nature Geoscience, firmado por Shawn Marshall y sus colegas de la Universidad de Calgary (Canadá). En el informe se auncia además, el colapso de las placas de hielo en el oeste de la Antártida y un aumento del nivel del mar de al menos cuatro metros para el año 3000.

El hemisferio norte no empezaría a recuperarse del calentamiento hasta finales de este milenio, mientras que las zonas australes tardarían aún más en reaccionar, provocando que el continuo incremento de temperaturas en el hemisferio sur. Esto llevaría hacia la desertización de un 30% de las tierras fértiles del norte del África, así como la desaparición de las placas de hielo en la Antártida occidental, donde las temperaturas del océano subirán cinco grados centígrados.

Fuente: Revista Muy Interesante, edición digital

Aportes creativos a un problema global

Ecomagination es, según define la propia empresa, “el compromiso de General Electric a imaginar y desarrollar soluciones innovadoras al desafío ambiental de hoy, mientras impulsa el crecimiento económico”.

Con este fin, la empresa propone evaluar diferentes soluciones creativas al problema; por supuesto que muchas de ellas implican el uso de productos GE, pero la intención cuenta.

Abordando problemáticas como el consumo de los artefactos más usados y estrategias en el uso de la electricidad en casa, hasta ecosoluciones para la reducción de las emisiones de CO2 en los vuelos de las aeronaves, el sitio se propone como una fuente de información para poder tomar decisiones que nos ayuden, no sólo a ahorrar dinero sino a contribuir en el cuidado del planeta desde nuestro pequeño lugar en el mundo.

Es interesante observar la sección dedicada a los artefactos del hogar y su consumo. Se muestran allí todos los artefactos, sus consumos en watt y en dólares (aunque esta última opción es sólo para habitantes de los EE.UU.), e incluye una explicación muy sencilla sobre cómo leer los valores en relación al consumo/hora.

Sin embargo, todas las secciones son por demás interesantes y muestran que aun las empresas grandes (y causantes del problema, en gran medida) encuentran soluciones al problema ambiental. Cuando quieren, claro.

Hilando bien finito: ¿Cuánto contamina Google?

No me parece que la causa de todos los males de este mundo, incluído el calentamiento global, sea culpa de Google. Bueno, al menos no exclusivamente. Pero es interesante que se pueda hilar tan fino en cuanto a las responsabilidades de las empresas en esta cuestión de arruinarnos el planeta al resto de los mortales. Cuestiones menores como el mercurio, los sulfuros, el humo, las aguas servidas mal tratadas, el petróleo derramado, las papeleras, la tala indiscriminada y una sarta de etcéteras no son importantes en la ocasión: ocupémonos por el momento de Google.

Se publica en Digitalk Blog:

Alex Wissner-Gross, un físico de la Universidad de Harvard está realizando estudios del calentamiento global relacionados a la tecnología y está estudiando cuánto CO2 emiten los sitios webs más famosos del mundo. Su estudio señala que el realizar dos búsquedas en Google genera una emisión de catorce gramos de dióxido de carbono (CO2). La compañía de la Web se defendió y sostuvo que las búsquedas sólo producen 0,2 gramos de CO2.

El autor de la investigación lo explica así, como para que lo entendamos: “Si se quiere proveer grandes y rápidos resultados, eso requerirá un mayor gasto de energía”. Entonces, la electricidad usada por las terminales de la empresa y la energía que consumen los centros de datos que opera la firma en todo el mundo, producen la emisión de dióxido de carbono que el científico denuncia. Y lo grafica: realizar dos búsquedas en Google es equivalente a hacer hervir agua en una pava eléctrica.

Google salió a responder, diciendo que los números presentados por Wissner-Gross son “mucho mayores” que los reales, y que en comparación hay industrias mucho más dañinas para el medio ambiente, como la automotriz.

Bueno, al menos en esto último, tienen razón.

Y como estos chicos tienen labia como para defenderse de acusaciones así y peores, argumentan: “una búsqueda en internet te ahorra muchísimas cosas, como ir a la biblioteca en auto o comprar mapas, hechos de papel”. Y dicen, porque autoestima no les falta, que la tecnología que poseen es tan eficiente que si una persona hace una búsqueda en Google el ordenador de la persona gastará más energía que los servidores de la empresa.

Bueno, Google ya fue desenmascarado. ¿Podemos ocuparnos ahora de los que realmente están destruyendo el planeta?

La Antártida, ¿un basurero?

Volando por el planeta con Google Earth llegué a la Base Argentina en la Antártida “Vicecomodoro Marambio”, uno de los asentamientos que marcan la presencia de nuestro país en el continente blanco. Muchos argentinos, militares y civiles, dedican años de su vida a sostener este bastión nacional con mucho sacrificio personal y familiar, por eso siempre tuvieron nuestro respeto y admiración.

Sin embargo, esta foto que publicamos a continuación nos hace pensar que algunas cosas no están del todo bien en el lugar:

La toma pertenece a la fotografa María Stenzel, y se encuentra publicada en el sitio de la National Geographic, al que llegué siguiendo, como suelo hacer, las referencias que la revista añade en Google Earth toda vez que algo que fue relevado por ellos merece mostrarse.

En el pié de la foto se explica de qué se trata:

A millas de casa y por años a millas de la vista de otros, las bases Antárticas han sido por lejos el contaminante más grande del continente. Detrás de la Estación Argentina Marambio en la Isla Seymore, tambores de acero oxidados dan testimonio de las décadas de depósito de basura sin cuidado.

Si bien se aclara que tanto Marambio como las bases de otras naciones mantienen limpio actualmente el lugar, el registro gráfico estaría mostrando que Marambio aún no limpió su basura vieja.

Recorriendo la red de redes en busca de más información al respecto, encuentro una referencia a un artículo del diario Clarín publicado en 1997 y reproducido en el sitio del SER2000, en el que se afirma lo siguiente:

El Instituto Antártico Argentino y la Fuerza Aérea fijaron un plan de 15 años para limpiar los seis destacamentos argentinos. Todos los años traen a Buenos Aires centenares de toneladas de desechos. (…) Por año, unas 300 toneladas de basura llegan al puerto de la ciudad de Buenos Aires. Vienen a bordo del rompehielos Almirante Irízar, que cada verano se da una vuelta por la gran reserva del mundo. Desde su oficina porteña, el jefe del Programa Ecología Terrestre y Medio Ambiente del Instituto Antártico Argentino, José María Acero, explicó que ‘traemos no sólo los desechos que se generan ahora sino también la basura histórica, que es la que se acumuló durante años y está enterrada’. Según Acero, la basura añeja que esconde la nieve ‘es la que se generó hasta los años 80, época en la que la conciencia ecológica no era tan fuerte’.

También se aclara en el artículo que,

  • Se fijó un plazo tan extenso de 15 años porque el clima permite trabajar sólo durante dos o tres meses al año, en verano.
  • Marambio es una de las bases más sucias porque se trata de un aeropuerto.

De hecho, según el informe Desarrollo de un Programa de Limpieza de residuos históricos en Base Marambio, Argentina, por Sánchez, R. A. y Ortúzar P. V, durante el período 1995-2007 más de 20 depósitos de residuos, con un volumen estimado en unos 1500 m3, han sido completamente removidos. Esto representa una reducción de más del 50% del volumen original de los depósitos de residuos presentes en los alrededores de la base Marambio. Asimismo, se han realizado tareas de clasificación y reagrupamiento de residuos en algunas otras áreas, con el objeto de facilitar su remoción en el futuro.

Según calculan organizaciones defensoras del medio ambiente, en la Antártida la totalidad de las bases existentes acumulan más de 300.000 toneladas de basura. En 1998 se firmó un acuerdo de preservación del medio ambiente, conocido como el Protocolo de Madrid, en el que los signatarios del Tratado Antártico se comprometen a proteger el entorno ecológico de la región.

Confiamos en que nuestras autoridades den el ejemplo, aunque con la salida de servicio del Rompehielos Irizar, cuyas tareas están siendo llevadas a cabo por el aviso ARA “Suboficial Castillo”, estimamos que se hará extremadamente difícil continuar con el plan previsto al menos hasta el año 2010, fecha prevista para el regreso a los mares del rompehielos.

Un pequeño pueblo en una gran demanda por contaminación

Kivalina es un pueblo de la costa de Alaska, habitado por unos pocos esquimales y pescadores de ballena. Pero ahora es noticia porque el Cuerpo de Ingenieros del ejército estadounidense hizo un estudio y determinó que el pueblo va a desaparecer en unos meses. ¿La razón? Las aguas de los hielos árticos derretidos inundarán esas tierras y los 400 habitantes tendrán que emigrar a zonas más altas. La causa del derretimiento de los hielos es la contaminación ambiental.

Lo explica el periodista Gustavo Sierra en su columna de los domingos del diario Clarín, titulada “La delgada línea roja”:

Kivalina será la punta de lanza de un grupo de defensores del medio ambiente que intentarán probar que el daño fue provocado por unas cuantas empresas petroleras que operan en la zona y que conspiraron para ocultar la información del desastre. La misma estrategia utilizada para quebrarles la mano a las grandes tabacaleras que contrataron científicos, profesores y periodistas para esconder el hecho de que el cigarrillo provoca cáncer.

Y para ese “megajuicio” que podría tener repercusiones mundiales como las tuvo el veredicto contra el tabaco –los efectos se sienten en todo el planeta–, los habitantes de Kivalina contrataron precisamente a los mismos abogados de aquel proceso que terminó en 1998 cuando las tabacaleras pagaron 200.000 millones de dólares a 13 Estados en compensación por los gastos en salud. Durante la “guerra del tabaco” los abogados Steve Susman y Steve Berman estuvieron en veredas opuestas. El primero representó a los damnificados y el segundo a las grandes empresas. Ahora, estarán juntos en el equipo que intentará probar que petroleras como BP America, Chevron o ExxonMobil intentan ocultar desde hace años las consecuencias que provocan en el medio ambiente las emisiones de gases de sus plantas y de la gasolina que producen. De acuerdo a Susman y Berman, ocho grandes compañías invirtieron al menos 16 millones de dólares en grupos antiambientalistas. Y en el proceso, esperan tener muchas más pruebas como las que aportó el químico Jeffrey Wigand, de una de las más grandes tabacaleras, cuando se presentó en el programa 60 Minutos con documentos que probaban que la empresa conocía los efectos nocivos de la nicotina desde hacía cuarenta años.

Seguiremos con atención el desarrollo de estos acontecimientos, porque nos afectan a todos. Aunque el problema esté al otro lado del planeta.

Todo el sistema es vulnerable

En un muy interesante y revelador análisis, el economista norteamericano Jeremy Rifkin plantea la inquietante pero real posibilidad de que toda la electrónica falle en su conjunto, y cuales serían sus nefastas consecuencias. A continuación transcribo la columna, que fué publicada en Clarín el último domingo.

Al mundo entero le preocupa la posibilidad de que Irán tenga armas nucleares. ¿Por qué? Lo que ahora saben nuestras autoridades políticas y estrategas militares —y la opinión pública ignora— es que una bomba nuclear desata una fuerza mucho más poderosa que la explosiva. Esa fuerza aumenta en capacidad destructiva en proporción directa a la extensión de la revolución de las comunicaciones globales.

En los últimos veinte años, los países industrializados del mundo integraron los avances en tecnología de chips, software y hardware de computación, y tecnología de telecomunicaciones para crear una compleja infraestructura electrónica para manejar los más mínimos detalles de la vida cotidiana.

¿Pero qué pasaría si todo chip de computadora, interruptor eléctrico y circuito que conecta y dirige nuestra economía se agotara de pronto en toda América del Norte o Europa, y todos al mismo tiempo? ¿Resulta imposible imaginarlo? Volvamos a 1962.

Los Estados Unidos hicieron explotar por primera vez una bomba nuclear en la atmósfera superior sobre el Océano Pacífico. Inesperadamente, los rayos gamma que provocó la explosión desencadenaron un impulso electromagnético que anuló luces, estaciones de radio, teléfonos y telecomunicaciones a más de 1.300 kilómetros de distancia, en Hawai.

Los funcionarios del Pentágono tomaron nota. El impulso electromagnético (EMP) se convirtió en algo temible en el ámbito militar, pero quedó relegado a la segunda línea de posibles amenazas que podrían enfrentar el país y el mundo.

Todo eso cambió luego de los atentados terroristas del 11 de septiembre contra el World Trace Center y el Pentágono. Los estrategas militares empezaron a preguntar qué pasaría si un régimen rebelde o un grupo de terroristas equiparan un misil Scud —algo que con toda facilidad puede comprarse en los mercados mundiales por unos cien mil dólares—, con un arma nuclear y lo hicieran detonar en la atmósfera superior sobre América del Norte o Europa. Los resultados serían catastróficos.

Un impulso electromagnético que llegara a la superficie de América del Norte o Europa a la velocidad de la luz podría destruir buena parte, o la totalidad, del equipo eléctrico, incluidos los transformadores gigantes que son la base de la red eléctrica. ¡Piénsenlo! Sin electricidad… la red eléctrica de todo un continente inutilizada. También quedarían arruinados los interruptores eléctricos que regulan el suministro de agua. Sin agua. Sin saneamiento. Los chips electrónicos y los circuitos de autos, ómnibus, camiones y trenes, también inutilizados. El tránsito se detendría de inmediato. Sin teléfonos, televisión ni radio… todo destruido. Los sistemas eléctricos que operan nuestros gasoductos y oleoductos. Sin combustible. Agotadas las computadoras, se detiene todo el flujo de información. Sólo hay alimentos para subsistir unas semanas. No hay forma de organizar una misión de rescate porque toda la maquinaria social está muerta.

¿Improbable? No lo es, según un informe detallado de una Comisión del Congreso de los Estados Unidos que evalúa la amenaza de un ataque con impulso electromagnético a los Estados Unidos. La comisión calificó el ataque de EMP “la amenaza del 11 de septiembre del futuro” y advirtió que, de desplomarse la red eléctrica, toda la infraestructura se caería. El resultado es que la sociedad podría retroceder cien años, hasta la era anterior a la electricidad.

Llevaría hasta dos años fabricar, enviar e instalar los grandes transformadores que constituyen la base de la red eléctrica… lo que supone dos años sin electricidad. ¡Inimaginable!

Hay que destacar que algunos especialistas, si bien coinciden en que un ataque con EMP sería catastrófico, consideran que no todo el equipo eléctrico quedaría destruido. Pero la verdad es que nadie lo sabe con certeza.

El punto es que el costado negativo de vivir en una civilización electrónica cada vez más compleja es que todo el sistema es más vulnerable a una completa devastación. Podríamos tratar de anticipar todas las amenazas posibles que plantea la creciente complejidad tecnológica de nuestra sociedad global. En eso residen las esperanzas de nuestras autoridades políticas. Ya se habla de acumular generadores de reserva, de hacer que el equipo sea más resistente, lo que también comprende el hardware militar, y de desplegar una defensa eficaz contra misiles balísticos ante la posibilidad de un ataque con EMP.

El problema es que, si bien la complejidad de la infraestructura de alta tecnología que creamos es visible, relativamente estable y cognoscible, las amenazas son en su mayor parte invisibles, inestables y tan variables como la imaginación de sus perpetradores. La única verdadera solución a la creciente complejización de la sociedad, producto de los avances tecnológicos, no es de naturaleza técnica sino psicológica y social.

Tenemos que empezar a analizar seriamente cómo modificar de manera radical el grado de conciencia de las personas para que el género humano pueda aprender a vivir en un planeta compartido. Eso exige visión, esperanza, empatía y paciencia, algo que parece estar agotándose en la humanidad.

Fuente: Clarin.com.ar

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