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cultura - 3. página

La educación y sus cambios a paso lento… muy lento

Mientras hacían reparaciones en una sala de clases de una escuela de Oklahoma, en los EE.UU., los constructores encontraron pizarras con escritos y dibujos que rondan los 100 años.

No puedo dejar de pensar en que, si hiciéramos la comparación entre un automóvil, un avión o una máquina de cálculo de 1917 con una actual, las diferencias serían abismales, tanto que se harían casi irreconocibles. En cambio, cuando miro estas imágenes de 1917 me remiten a lo que suele verse en muchas escuelas hoy.

No podemos negar que muchas cosas han cambiado en la educación, particularmente en cuanto a teorías pedagógicas, pero ¡qué parecidas se ven!


Fuente: Infobae

La diferencia conceptual entre un alumno escolarizado y el alfabetizado

Leyendo a Michel Serres, filósofo y ensayista francés, en Pulgarcita -reconozco que tardíamente, es un trabajo de 2012- se mezclan muchas convicciones y algunas tristezas. Serres promueve y augura los cambios necesarios en la educación al tiempo que reconoce la dificultad central en esa cuestión: quienes organizan las reformas lo hacen según modelos perimidos desde hace largo tiempo. Mientras tanto –pensamos- el actor principal sigue creando su propio ecosistema -o “digitosistema”a su ritmo y frente a las incertidumbres -o inoperancia- de los adultos.

No puedo más que coincidir con esa mirada. Históricamente, la escuela fue un ámbito mayormente cerrado, un mundo particular girando en su propia galaxia ajena y aislada de lo cotidiano.  El mundo no entraba en la escuela, la escuela salía a él para mirarlo como un espectador, y en el mejor de los casos, analizarlo pero sin mezclarse. Ya en una excursión, una vista a una fábrica o un recorrido por el museo, eran todas excursiones al afuera como turistas de una realidad que de todos modos habitábamos, pero después de la campana de salida.

Hace varios años escribí un artículo que titulé El aula, en cualquier momento y en cualquier lugar, a partir de algunas ideas que fueron surgiendo mientras preparaba una serie de talleres que presenté luego en una escuela local, sobre algunas herramientas y servicios digitales que los docentes teníamos -tenemos- a la mano para utilizar en nuestras clases. Ese texto se convirtió luego en el eje de mi tesis final de la capacitación docente, así de relevante me resultó.

La experiencia viene a cuento porque aquel escrito tuvo una cantidad de comentarios entusiastas -en el mismo post y en charlas personales-, todos ponderando el acceso a esos recursos y el conocimiento de ellos. Pero uno en particular me llamó la atención: una docente innovadora, con años de experiencia en el aula y en la gestión, me hizo la salvedad de que reconocía el valor de los recursos digitales, pero reivindicaba espacio-aula como el lugar más relevante de la escuela. Siempre creí que esa, aun en boca de una hacedora, fue una confesión de incertidumbre.

La escuela, o mejor dicho los adultos que la habitan, necesitan, anhelan, se exigen cerrarse sobre si mismos y proteger ese territorio que temen perder. 

Pero años después la realidad demuestra lo que ya sospechábamos: aquella resistencia fue vencida y el mundo -el digital- se metió con toda su prepotencia en la escuela, y aquella incertidumbre convirtió a sus referentes adultos, en muchos, tal vez demasiados casos, en espectadores absortos, que solo atinan a criticar aquello que los confunde: la nueva realidad de chicos hiperconectados que reclaman nuevas maneras de organizarse, de aprender, de cuestionarse, de actuar y aún de ser. 

En palabras del propio Serres, “hoy la pedagogía cambia por completo con las nuevas tecnologías, cuyas novedades son sólo una variable cualquiera dentro de la decena o la veintena que (…) podría enumerar. Este cambio (…) repercute poco a poco en todo el espacio de la sociedad mundial y el conjunto de sus instituciones caducas”.  De allí es que entendemos aquella insistencia de los reformistas de la educación: opinan, proponen, legislan y arriesgan sobre los viejos modelos perimidos, concebidos para una escuela que ya no existe, porque es aquella sociedad que los propuso la ya no existe. Como en una noria, cada propuesta parece ser una vuelta más en redondo sobre las mismas viejas ideas. Los avances no son avances, son solo una vuelta más. Rascando la superficie de cada novedosa teoría vuelve a emerger el pasado.

Algunos ejemplos de decisiones desacertadas por lo anacrónico -como la prohibición de uso de los celulares en la escuela o la eliminación del espacio específico para adentrarse en el mundo digital-, y aun la cara del especialista que hablaba loas del pretendido cambio del libro por la netbook de Conectar Igualdad cuando le pregunté “¿Y eso que cambia?”, hablan a las claras, entendemos, de aquella incertidumbre a la que nos referíamos párrafos más arriba.

Los nuevos paradigmas englobados en “neologismos pedagógicos” que pueblan las propuestas en apariencias innovadoras, suelen esconder otros propósitos, algunos comerciales -onerosas conferencias, elevadas cuotas escolares, etc.-, otros desviados de la realidad -meritocracia y evaluaciones que solo sirven para llenar estadísticas-, ninguno de ellos orientados, presumo, a lograr consensos y cambios genuinos.

La educación experimenta hoy un cambio cultural que necesita de la reflexión y la participación de todos sus actores, con la certeza de que en la base de ese cambio se encuentra la enorme diferencia conceptual que existe entre un alumno escolarizado -en tanto parte del sistema- y el alfabetizado que cuenta con recursos para enfrentar las realidades y exigencias del siglo XXI. 


Imagen: Blog Biblioteca UniZar

La educación, entre la necesidad de cambio y los modelos perimidos

Del mismo modo que la pedagogía fue inventada por los griegos (paideia), en el momento de la invención y la propagación de la escritura, se transformó luego con el surgimiento de la imprenta, durante el Renacimiento, y así también, hoy la pedagogía cambia por completo con las nuevas tecnologías, cuyas novedades son sólo una variable cualquiera dentro de la decena o la veintena que (…) podría enumerar. Este cambio tan decisivo de la enseñanza -cambio que repercute poco a poco en todo el espacio de la sociedad mundial y el conjunto de sus instituciones caducas, un cambio que no afecta, ni por asomo, tan sólo a la enseñanza, sino también al trabajo, las empresas, la salud, el derecho y la política, en suma, al conjunto de nuestras instituciones-, sentimos que lo necesitamos con urgencia, pero que todavía estamos lejos. Es probable que se deba a que aquellos que se mueven en la transición entre los últimos estados todavía no se jubilaron, aun cuando son quienes organizan las reformas, según modelos perimidos desde hace largo tiempo.
Michel Serres, filósofo y ensayista francés, en Pulgarcita (2012)

Una alfabetización para el pizarrón

Hoy nadie puede considerarse alfabetizado si está en situación de comprender mensajes simples, saber firmar o leer libros con léxico y sintaxis simplificada. Desde finales del siglo XX estamos asistiendo a una revolución en la que la digitalización de la información es parte de la vida cotidiana y la escuela ni se ha dado cuenta. Entonces sigue preparando para leer un conjunto limitadísimo de textos, sigue haciendo una alfabetización para el pizarrón. Trabajar con la diversidad de textos y alfabetizar con confianza y sin temor a circular a través de los múltiples tipos de textos y de soportes textuales del mundo contemporáneo es indispensable.
Emilia Ferreiro, educadora, en una entrevista para La Web del Maestro.

Galeano y la desmemoria

Chicago está llena de fábricas. Hay fábricas hasta en pleno centro de la ciudad, en torno al edificio más alto del mundo. Chicago está llena de fábricas, Chicago está llena de obreros.

Al llegar al barrio de Haymarket, pido a mis amigos que me muestren el lugar donde fueron ahorcados, en 1886, aquellos obreros que el mundo entero saluda cada primero de mayo.

-Ha de ser por aquí-, me dicen. Pero nadie sabe.

Ninguna estatua se ha erigido en memoria de los mártires de Chicago en la ciudad de Chicago. Ni estatua, ni monolito, ni placa de bronce, ni nada.

El primero de mayo es el único día verdaderamente universal de la humanidad entera, el único día donde coinciden todas las historias y todas las geografías, todas las lenguas y las religiones y las culturas del mundo; pero en los Estados Unidos, el primero de mayo es un día cualquiera. Ese día, la gente trabaja normalmente, y nadie, o casi nadie, recuerda que los derechos de la clase obrera no han brotado de la oreja de una cabra, ni de la mano de Dios o del amo.

Tras la inútil exploración de Haymarket, mis amigos me llevan a conocer la mejor librería de la ciudad. Y allí, por pura casualidad, descubro un viejo cartel que está como esperándome, metido entre muchos otros carteles de cine y música rock.

El cartel reproduce un proverbio del África: Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.

-Eduardo Galeano, La desmemoria/4, de El libro de los abrazos.


Imagen: Wikipedia

PreCrimen

La policía también está encontrando poderosos aliados en Silicon Valley. Las compañías como Facebook han comenzado a utilizar algoritmos e historiales de datos para predecir qué usuarios podrían cometer delitos haciendo usos de sus servicios. Funciona de la siguiente manera: los propios sistemas predictivos de Facebook pueden indicar que ciertos usuarios son sospechosos estudiando algunas pistas de comportamiento: el usuario solo escribe mensajes a menores de dieciocho años; la mayoría de sus contactos son mujeres; el usuario escribe palabras como ‘sexo’ o ‘cita’. El personal luego puede examinar cada caso e informar a la policía sobre los usuarios según sea necesario. La preocupación de Facebook por su propia marca en este caso es directa: nadie debería suponer que la plataforma aloja delincuentes. (…) Es curioso pero Facebook justifica el uso de algoritmos aduciendo que suelen ser menos intrusivos que los humanos.
Evgeny Morozov, en ‘La locura del solucionismo tecnológico”.

La naturaleza pasa factura a la depredación sojera

En una región donde nunca hubo arroyos ni señales de cursos de agua en la superficie, empezaron a formarse ríos. De pronto, pequeños segmentos de agua afloraron, arrastrando sedimentos y creciendo en tamaño hasta convertirse en extensas y profundas cárcavas con corriente permanente de agua salada. Los pobladores de la zona no recuerdan haber visto este fenómeno antes, pero sí algunas señales. ¿Por qué comienzan a aparecer ahora? ¿Por qué en este territorio?

El investigador del Conicet Esteban Jobbágy buscó las respuestas a estos interrogantes. Su conclusión: la explotación de ciertos cultivos y el desmonte quitaron capacidad de absorción al suelo, dieron nacimiento a ríos nuevos y elevaron las napas freáticas hasta la superficie.

En “Río nuevo”, el documental científico realizado en 2016 por Jobbágy y su equipo de investigación, se analiza y explica el problema.


Fuente:  UNSL TV y Página 12

‘Azul un ala…’

Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) han descubierto que el color de la bandera argentina más antigua era de un tono correspondiente al pigmento azul de ultramar en sus extremos superior e inferior.

El estudio fue realizado por científicos del Centro de Química Inorgánica (CEQUINOR, Conicet – UNLP), junto a investigadores de la Universidad de Federal de Juiz de Fora (Brasil). Llegaron a tal conclusión luego de analizar unas hebras de la bandera argentina del templo de San Francisco en la provincia de Tucumán, la que según algunos historiadores es la más antigua que se conserva. Las muestras, que no han mantenido su color original, fueron analizadas mediante fluorescencia de rayos X, espectroscopia Raman y análisis químicos para la detección de los componentes originales.

Si bien no fue esta la bandera que se izó por primera vez en febrero de 1812 a orillas del río Paraná, hay motivos para creer que Bernabé Aráoz, primer gobernador intendente de Tucumán y síndico del templo, tomó el modelo de Manuel Belgrano, de quién era cercano.

En el video a continuación, los investigadores explican el procedimiento, y las conclusiones a las que arribaron:


Fuente: Impulso Negocios

Favorecer el aprender creando

Creo el reto actual para cambiar la docencia o educación en el S. XXI no es incorporar máquinas digitales a la docencia. Creo que el desafío más relevante consiste en reinventar tanto las propias instituciones educativas –fueron creadas en el siglo XIX para una sociedad industrializada y de producción en masa- como las metas y contenidos educativos (durante el S. XX ha prevalecido un curriculum nocional, organizado por materias y con un enfoque enciclopedista, y debiera avanzar hacia un curriculum interdisciplinar y basado en competencias). A ello hemos de sumar también la necesidad de transformar los métodos de enseñanza de modo que pasemos de una pedagogía tradicional del ‘aprender repitiendo’ a una pedagogía que estimule y favorezca en los estudiantes el ‘aprender creando’.
Manuel Area Moreira, Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación y Doctor en Pedagogía español.

Desnudando los efectos nocivos de los agroquímicos

Continúo con la lectura de “La Argentina fumigada”, de Fernanda Sández, y me encuentro una vez más con el testimonio de Marie-Monique Robin y su documental “El mundo según Monsanto”, una excepcional investigación que denuncia los efectos negativos que provocan los productos agroquímicos y las semillas transgénicas que comercializa la empresa más grande del mundo del sector.

Aquí, el documental doblado al español, necesario para conocer el trasfondo de un problema que nos afecta a todos.

Poco después de su estreno, la directora del documental recibió en Alemania el “Umwelt-Medienpreis”, un premio de los medios de comunicación alemanes. En el comunicado de prensa, el jurado del premio aseguró que el documental contribuyó a la prohibición del maíz transgénico en Alemania.

Ojalá sucediera lo mismo en nuestro país.

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