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docentes - 15. página

Internet en la escuela

Al pensar la incorporación de Internet -y de las nuevas tecnologías en general- en el aula, surgen preguntas que suelen ser más o menos las mismas para todos los involucrados. Digo todos, porque estas preguntas ya exceden el marco de la informática, dado que la mayoría de los docentes podrían utilizar esta herramienta para sus diferentes espacios curriculares, y porque los directivos, responsables y especialistas también deberían tomar parte en la discusión.

Por ejemplo, en cuanto a Internet, ¿cuál debería ser el rol del docente para asegurar un buen uso de esa herramienta en el escuela?

En Internet hay de todo y para todos los gustos, por supuesto también aquellas cosas que no deseamos que los niños y jóvenes vean. ¿Cómo podríamos ejercer un sano control de un medio que por naturaleza no tiene controles?

Si pensamos que la prohibición “porque sí” no debería siquiera considerarse, ¿Cómo evitar que se acceda a información sin sentido o provecho?

Convengamos en que Internet no es una herramienta fácil de usar. Coincido completamente con la Sra. Sarlo cuando dice que se debe ser un muy buen lector (del libro físico, valga la aclaración) como para sacar algo en limpio de la maraña de información que hay en la red.

Como informático podría agregar entonces, que el acto mecánico de “copiar/pegar” no tiene ningún valor si no hay un análisis crítico para hacer una correcta selección del material encontrado. Pero, ¿cuando no hay que ser crítico? ¿Leyendo o viendo qué, hay que dejar la consideración, el análisis, la evaluación?

Pensamos que, en Tecnología, la herramienta más importante que debemos aprender a usar es el cerebro. Me gusta pensar que enseño a pensar, a reflexionar, a evaluar, a decidir bajo premisas o consignas claras, coherentes y conforme a nuestros derechos.

Todo esto viene a cuento de que Internet no es más ni menos, mejor ni peor que otras cosas que los docentes les enseñamos a usar (como docentes y como adultos), no sólo con el conocimiento que hemos adquirido, sino también con el bagaje de experiencias acumuladas como adultos.

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Computación en la escuela.

Cuando se observa la enseñanza de la computación en las escuelas, a nuestro entender se apreciaría que existe una problemática que se presenta con dos realidades bien definidas.

Por un lado están las escuelas que no tienen acceso a estas tecnologías porque deben dedicar todos los recursos (escasos, por cierto) a otros menesteres, gracias a un estado ausente; por el otro, están las escuelas que cuentan con los recursos físicos, pero no con los recursos humanos adecuados para la tarea.

Es cierto que existen escuelas tanto públicas como privadas que hacen una tarea muy adecuada con los recursos que cuentan. Las públicas, por medio de donaciones, cooperadoras y clubes de padres que aportan lo mejor que se puede lograr en medio de la crisis general, y las privadas por medio de recursos propios o acuerdos con empresas; ambas con personal altamente calificado.

Sin embargo, estas últimas (tanto públicas como privadas) serían pocas y no alcanzarían a cubrir la enorme falta de recursos humanos calificados que tiene nuestro mercado laboral y académico.

Digo esto, porque como docente de Tecnología, Informática y Robótica de instituciones de todos los niveles (excepto universitario, pero seguramente el problema es el mismo), noto que los alumnos mayores llegan sin preparación previa, o con preparación deficiente, y las posibilidades de volver a ver todo lo básico de nuevo a veces es imposible, cosa que nos coloca a los docentes en un verdadero problema: se quiere avanzar, pero siempre se vuelve a los mismo temas. Muchos docentes de otras áreas manifiestan tener problemas similares.

En cuanto a las escuelas sin recursos, el problema es claro: si no se comienza a elaborar estrategias, como en otros países, donde las empresas e instituciones colaboran con recursos, se seguirá profundizando la brecha, generando “analfabetos tecnológicos” sin posibilidades de desarrollo laboral y académico.

Con respecto a las otras escuelas, que sí cuentan con recursos pero no con personal capacitado, de continuar en esa postura sólo se continuará trasladando el problema hacia adelante, hasta el momento en que el estudiante quiera insertarse en el mercado laboral y no lo consiga, o tenga que hacer cursos privados para aprender a hacer una carta con un procesador de textos…

Es tanto y tan rico lo que se puede hacer; hay tantas posibilidades que se abren cuando hay esfuerzo en pos de una idea; hay tanto para hacer, pero se debe tener un proyecto. Es una pena que pase el tiempo y se mire para un costado, como si estuviera todo bien…

Con un curso de Polimodal (chicos y chicas de 16 años) de la terminalidad Biotecnología, a quienes enseño Tecnología de la Información y la Comunicación, visitamos a mitad del año un laboratorio de análisis equipado con las últimas tecnologías informáticas para procesos que hasta no hace mucho tomaban horas y ahora se hacen en minutos. Los técnicos a cargo tienen que estudiar gruesos manuales para usar esos equipos. Y los alumnos salen asumbrados por lo que ven y escuchan, y con una idea un poco más clara del mundo tecnológico con el que se van a encontrar en no mucho tiempo más, luego de graduarse.

Hago esto porque considero que esa es la idea que debe permanecer en mente al enseñarles: el conocimiento sirve, nos prepara para enfrentar exitosamente el mundo que nos rodea, porque nos enseña a pensar, a ser independientes, a llegar donde queramos aun cuando el mundo entero intente convencernos de que no podemos. Creemos que el profesional a cargo de la enseñanza en una escuela debería tener no sólo los conocimientos, sino la inventiva y la motivación que apunte hacia esos objetivos.

Sé que suena a utopía, pero como diría Galeano, “La utopía está en el horizonte… Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Pensemos en eso al entrar a un aula a enseñar.

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