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escuela - 8. página

Recursos sin método, o saltando de la sartén al fuego.

Este excepcional video que publicó Iván Esteban en su Aula Mágica, titulado “¿Tecnología o metodología?”, refleja no sin ironía lo que sucede con la incorporación de las nuevas tecnologías en el aula sin saber para qué, es decir, sin que se modifiquen métodos y prácticas, una cuestión que abordamos en este espacio con insistencia.

Está en portugués, pero ante la universalidad de la cuestión es imposible no entenderlo. Salvo, claro, que uno sea de aquellos peores sordos.

TICs y creatividad

En este fragmento de nuestra reciente participación en el programa de TV Plan a, hablamos sobre la necesidad de un uso creativo de las TIC en la educación. Es breve pero creo que puede servir de disparador para pensar y debatir sobre el tema.

Hay algunas aristas de esto que comienzan a delinearse claramente, que suelen surgir en algunas charlas con docentes y directivos, y también sobresalen en el abordaje que algunos especialistas hacen de esta cuestión.

  • Los chicos se están dando cuenta de que en muchos casos cambia el soporte, pero es más de lo mismo. Algunos analistas del fenómeno lo llaman ciberaburrimiento.
  • En algunas escuelas, docentes y directivos no informatizados reclaman un abordaje por parte de los especialistas, menos técnico y orientado a propuestas que produzcan aprendizajes significativos.

También aparece como una constante, el trabajo aislado de algunos docentes en proyectos propios sin una integración concreta al proyecto institucional, simplemente porque a la escuela no le interesa la cuestión y la relega a un plano de escaso relieve, o la aborda únicamente por obligación a una comunidad que lo exige. Aparecen entonces como esfuerzos desperdigados, con poco apoyo institucional y escasos recursos, o recursos propios del docente.

Escritora se pregunta: ‘¿A la escuela le importa la escritura de sus docentes?’

Quién se pregunta esto es la escritora y docente Angela Pradelli, premio Clarín de novela, en una columna de opinión publicada ayer por ese diario. Pradelli afirma allí que “existe escasa estimulación, cuando no desdén o boicot, para que maestros y profesores desarrollen textos con riqueza y claridad en beneficio propio y de sus alumnos”.

El punto de partida de esas reflexiones según ella misma lo explica, es la entrega de premios del concurso literario organizado por la Dirección General de Escuelas y dirigido a los docentes escritores de la provincia de Buenos Aires, que hace unos días se llevó a cabo en la Feria del Libro. Y afirma: “que las autoridades bonaerenses promuevan la escritura de sus maestros y profesores y que los premien por eso es un signo social que reconforta y que las escuelas deberían apoyar con gestos claros y concretos.”

Que importante es que alguien con oficio de escritor lance semejante desafío, porque ese es otro tema que necesita ser revisado. Y si bien la escritora se refiere primariamente a textos literarios, inmediatamente me hizo pensar en el enorme esfuerzo que significa para la mayoría de los docentes escribir, ya no literatura sino simplemente los textos con los que se va a trabajar en clase, porque el sistema remunera solamente las horas frente al aula y muchos deben sumar horas para poder subsistir. Mientras tanto, editoriales en un extremo y fotocopiadoras, en el otro, de parabienes.

Pero no quiero desviar la atención del punto focal que aborda la escritora, quién cuenta su experiencia y dice:

Ni la publicación de los libros ni el ingreso al mundo editorial me empujaron a dejar la cátedra. Por eso duele escuchar la pregunta de por qué sigue una escritora enseñando en las escuelas secundarias. La inquietud revela una construcción social: la noción de que la escritura y la docencia son dos prácticas que no conviven. Y la idea también de que la escuela es un lugar del que hay que irse lo antes posible. Son pocos los que entienden que la escritura, como una savia que corre por vasos comunicantes, alimenta también la cátedra. La escritura es un instrumento con el que construimos pensamiento y es también el vehículo para que las ideas se liberen de prejuicios, se aclaren, se enriquezcan, se ahonden.

Es la escuela la primera responsable de enseñar a escribir y garantizar en las aulas las prácticas de la escritura. Imaginemos un país en el que maestros y profesores sean verdaderos productores de textos, escribas eficaces que tomen la palabra y construyan textos de circulación social. En la realidad diaria, no sólo estamos lejos de alcanzar ese estado sino que, aun peor, en algunas escuelas las autoridades se envalentonan en su propia mediocridad y menoscaban la práctica de la escritura.

Convengamos también que tampoco abundan estos concursos y que es una rareza que los organismos oficiales los convoquen. ¿No es en la escuela acaso donde deberíamos entrenarnos todos, alumnos, maestros y profesores, como escribas eficaces de textos que argumenten con solidez, que describan con precisión, que expliquen con claridad y que narren historias con soltura y pericia? ¿No debería la escuela ser ella misma una usina verdadera e inagotable de textos?

Sin embargo, y decir esto también es un dolor, algunas instituciones se empeñan en negar tanto la importancia de la escritura como la necesidad básica de convertir las escuelas en verdaderas canteras de escritores. Conozco de cerca la situación de los docentes cuestionados en sus escuelas por intervenir con sus escrituras en los espacios sociales. Son instituciones incapaces del diálogo propio de sociedades democráticas y, necias a aceptar ideas distintas a las suyas, pretenden ejercer la censura de otras voces. Entre sus funciones más importantes los directivos deberían priorizar la promoción de la escritura en sus comunidades educativas y la preocupación por alcanzar un nivel de excelencia en la escritura institucional.

Pero estamos tan lejos de eso. A cambio tengo una colección cada vez más completa de textos redactados por directivos que avergüenzan por su prosa, tan defectuosa y desarticulada que hasta los mismos alumnos, estudiantes del secundario, detectan los errores. Son escrituras que ponen en relieve el grado de ignorancia respecto al lenguaje de quienes deberían ser los primeros en asesorarnos en el uso de la palabra.

Finalmente, Angela Pradelli se permite un anhelo:

Trabajemos para que en la docencia se escriba cada vez más y mejor, y que las obras desborden los certámenes. Para ello, los organizadores tendrán que superar los obstáculos que ponen aquellos que dentro de las escuelas se empeñan a diario en hacer abortar las propuestas superadoras y liquidan su responsabilidad de difusores y motivadores colgando la información en una cartelera, seguros tal vez de que la delgadez del alfiler sostendrá por poco tiempo esa convocatoria que pronto hará aumentar la pila de papeles que se archivan.

La columna completa se puede leer haciendo clic aquí.

La fundación OLPC decidió finalmente instalar Windows XP en su XO

Anunció hace minutos Engadget en español que ya es oficial: el OLPC XO tendrá Windows XP.

Ha sido una decisión controvertida, pero finalmente la fundación OLPC ha decidido dar el salto y empezar a instalar Windows XP en su XO, transformando de esta forma al potencialmente revolucionario portátil en otro subnotebook Windows. Bueno, sigue siendo barato como ninguno, pero sin Sugar ha perdido la mitad de la gracia. Aparentemente Microsoft lleva más de un año desarrollando drivers especiales para algunas funciones específicas del XO como el modo e-book, la alfombrilla de escritura y la cámara. Además, y dado que XP es demasiado gordo para entrar en el GB de memoria interna que tiene, vendrá preinstalado en una tarjeta SD de 2 GB, dejando un total de 1,5 GB libres para medios y aplicaciones.

La cuestión con el abandono de Sugar tiene que ver con la partida de Walter Bender, ex-presidente de software y contenidos para el proyecto, que ha decidido llevarse consigo su plataforma.

Sin otro propósito que ofrecerle un nuevo hogar, el antiguo ejecutivo de OLPC ha creado una nueva organización sin ánimo de lucro dedicada a la continuación del sistema operativo. El fin último de su nueva aventura es ofrecer soporte completo para otras plataformas de bajo coste como por ejemplo el Eee PC.

El mercado manda.

La realidad de todos modos estará allí

Algunos datos que surgen del “Barómetro de la Deuda Social de la Infancia”, presentado hoy por la UCA y la Fundación Arcor, un informe mide las condiciones de vida de la niñez y la adolescencia en los principales centros urbanos:

  • Más del 60% de los menores de 17 años vive en hogares vulnerables.
  • Casi la mitad de los niños, niñas y adolescentes, pertenecen a hogares sin cobertura de salud.

En relación con la brecha digital:

  • 7 de cada 10 chicos en edad escolar y más de 4 de cada 10 adolescentes no accede al uso de Internet. Esto se incrementa a medida que desciende el nivel socio-económico de los hogares.
  • Los chicos de mayores recursos (de 6 a 12 años), el 20% no utiliza Internet y el 70% no tiene celular propio.
  • El 86% de los chicos de menores recursos no navega por la Web, ni siquiera en cíber o locutorios.
  • El 96% de ellos que no tiene celular.
  • Entre los adolescentes (13 a 17), apenas el 5% de los de mejor nivel socioeconómico no utiliza Internet, contra un 70% de los más pobres.

Un Estado ausente, las discusiones estériles, los decálogos, los catálogos, las recetas y los gurúes podrán disimular la realidad, pero de todos modos ella estará allí, justamente donde no se sabe, o no se desea, mirar.

‘Reinventando el olvido’ en TV: algunas conclusiones de los chicos

Contabamos en el post anterior que el horario de salida al aire del programa “Plan A”, del que participé el pasado 2 de Mayo, coincidió con mi horario de clase en un curso de 3er. año Secundario.

Surgió entonces la idea de aprovechar la oportunidad y transformarla en una experiencia multimedial de aprendizaje y debate para todos, con los chicos participando del programa activamente desde sus lugares. Elaboramos para ello una serie de consignas que debatieron con sus compañeros y familiares, produciendo luego un texto de análisis y reflexión que debatimos en clase durante la semana. Estas son algunas de sus conclusiones, tal como las escribieron:

Los padres deben generar una confianza con sus hijos, en especial con los adolescentes, ya que en ese momento es cuando más necesitan a sus padres y de su apoyo aunque no lo demuestren. Cuando hay ausencia de alguno de los padres o de ambos el chico toma a su computadora como ellos (hablando exageradamente).

Creo que los padres deberían haber estado más presentes, y creo que deberían tener las páginas de internet alguna advertencia real como para que las personas piensen bien que hacen.

Las relaciones que se crean y se establecen en, por ejemplo, el chat, tienen la característica de que la identidad de los integrantes de dicha relación puede ser falsa o verdadera. No sólo la identidad sino la buena intención del otro también puede ser falsa. El riesgo es, justamente, que el otro mienta, que tenga malas intenciones, etc., y una confíe en él.

Hay que permitir pero estar atentos. Hay que pensar antes de dejar información. Tiene que existir el adulto como forma de contención.

Por la desaparición de la niña de 13 años se quejan de las tecnologías, pero por las tecnologías también la encontraron a ella.

Para que los adolescentes no tengamos problemas con las tecnologías debemos distinguir lo bueno de lo malo, y si tenemos dudas charlarlo con los padres, docentes o amigos.

Yo creo que este problema ocurrió porque la chica era bastante inocente y crédula, no tenía contención familiar.

Estas son sólo algunas de sus conclusiones, pero dijeron mucho más. La impresión que queda es que la cuestión les importa, y mucho. Por eso es importante que ellos no sean sólo parte del problema, sino también de la solución.

Las tecnologías en la escuela necesitan de contenidos, no de modas

El libro, el pizarrón, la tiza, el banco, el aula, el taller, la escuela, el lápiz, el pincel, el cuaderno, la campana, el manual, la plasticola, la brillantina, la gomina, el papel secante, la pluma fuente, el plumín, el papel glacé, el mástil, la bandera, los juegos, el bebedero, el lavatorio, el mingitorio, la puerta, el picaporte, el portafolio, la cartulina, el mapa, el repuesto rivadavia, el guardapolvo, los mocasines, el tubo fluorescente.

Estas eran algunas de las tecnologías que usabamos en mi época de escolar. Muchas de ellas cambiaron radicalmente en función de un cambio de teoría: a modo de ejemplo, el banco fijo en hilera del conductismo dió paso al más constructivista pupitre libre con silla, en franca evidencia de que la escuela -a diferencia de lo que afirman algunos iluminadossí sabe que hacer con las tecnologías, aunque a veces se sobresalte y no reaccione de inmediato, porque entiende que ellas acompañan formas y modos de educar, y también ideologías, según sean aceptadas y utilizadas o desechadas.

Desde hace varios años se suman la tele, los diarios -otro cambio importante, seguramente- y el video y, más recientemente, las actuales nuevas tecnologías -y enfatizo la palabra nuevas: cd, dvd, mp3, internet, etc., etc., que la escuela seguramente está aprendiendo a incorporar. Evidencias hay de ello.

El problema de la incorporación de los cambios tecnológicos en la escuela, y de las nuevas tecnologías en particular, parece ser que también se espera que cambie la forma en que suele cambiar, valga el juego de palabras.

La tecnología en la escuela siempre cambió cuando se “llenó” de contenido -nuevas teorías, nuevos usos, nuevas disciplinas, nuevas necesidades. Ahora parece no hacer falta el contenido: con que esté de moda basta. Cuando hablan los tecnólogos, “mercadólogos”, economistas, gurúes y otras especies dentro de la fauna de opinólogos– la escuela siempre está errada.

Pero no nos equivoquemos: la escuela va a incorporar todas estas tecnologías nuevas cuando pueda -podamos- “llenarlas” de contenidos en función de mejorar los aprendizajes, razón última de ser de la escuela.

Más sobre internet en la escuela

Muy interesante la nota publicada en Educ.ar sobre algunos aspectos negativos implicados en la prevención de los “riesgos de internet”.

Personalmente adhiero a todos los conceptos vertidos allì, aunque no coincida con eso de “matar al mensajero”, culpando al redactor del periódico por su nota, imbuída del error general que sobrevuela la cuestión internet. Si los expertos no alzan la voz y no participan de la discusión, alguien va a tomar su lugar. Hace falta hacer docencia. Mucha.

Sin embargo, y a pesar del caracter meramente comercial que se le da a las campañas de las empresas, también adhiero a ellas, no por ser yo ignorante del negocio fenomenal que representan los softwares de seguridad, sino porque también sirven para alertar sobre los riesgos ciertos.

Lo importante es que toda la discusión no empañe la revolución fenomenal que representa internet para la comunicación entre las personas. Estas mismas líneas, ¿serían posibles sin internet? No creo. En todo caso, estarían restringidas a un grupo limitado de lectores cercanos. En cambio ahora están publicadas a la vista de todo el mundo, y sin restricciones ni censura. Lo que escriba estará condicionado sólo por mi capacidad de expresar el mensaje.

¿Qué otro medio permite esto? Ninguno. No al menos con este alcance. Esto es parte de la naturaleza misma del medio. Sin restricciones, sin controles y sin dueños.

Ahora bien, el control de lo que se ve y se lee por internet se trasfiere de este modo al lector/observador. Qué ver, qué leer, qué escuchar, es prerrogativa y privilegio del receptor. En el mejor de los casos, tanto el emisor/generador de contenidos como el receptor deber ser educados para el intercambio, la lectura, la crítica, la ponderación, el análisis, el desenmascaramiento llegado el caso.

Que oportunidad se presenta ante el educador, de preparar individuos capaces de comunicarse, de emitir y recibir críticamente información para su provecho y el de los demás.

Las conductas extraviadas que se observan en internet son nada más que el reflejo de las diferentes conductas de los seres humanos. Decíamos alguna vez que el que delinque usando internet es un delincuente, esto es independiente del medio que use.

Protejamos a nuestros chicos enseñándoles lo bueno, y no sólo hablando de todo lo malo. En el aula hay mucho para proponer, desafiar, aprovechar creativamente. Si requerirá en todo caso una disposición al trabajo creativo que permita la aplicación de las buenas ideas que surgen del aprendizaje eficaz.

Internet en la escuela

Al pensar la incorporación de Internet -y de las nuevas tecnologías en general- en el aula, surgen preguntas que suelen ser más o menos las mismas para todos los involucrados. Digo todos, porque estas preguntas ya exceden el marco de la informática, dado que la mayoría de los docentes podrían utilizar esta herramienta para sus diferentes espacios curriculares, y porque los directivos, responsables y especialistas también deberían tomar parte en la discusión.

Por ejemplo, en cuanto a Internet, ¿cuál debería ser el rol del docente para asegurar un buen uso de esa herramienta en el escuela?

En Internet hay de todo y para todos los gustos, por supuesto también aquellas cosas que no deseamos que los niños y jóvenes vean. ¿Cómo podríamos ejercer un sano control de un medio que por naturaleza no tiene controles?

Si pensamos que la prohibición “porque sí” no debería siquiera considerarse, ¿Cómo evitar que se acceda a información sin sentido o provecho?

Convengamos en que Internet no es una herramienta fácil de usar. Coincido completamente con la Sra. Sarlo cuando dice que se debe ser un muy buen lector (del libro físico, valga la aclaración) como para sacar algo en limpio de la maraña de información que hay en la red.

Como informático podría agregar entonces, que el acto mecánico de “copiar/pegar” no tiene ningún valor si no hay un análisis crítico para hacer una correcta selección del material encontrado. Pero, ¿cuando no hay que ser crítico? ¿Leyendo o viendo qué, hay que dejar la consideración, el análisis, la evaluación?

Pensamos que, en Tecnología, la herramienta más importante que debemos aprender a usar es el cerebro. Me gusta pensar que enseño a pensar, a reflexionar, a evaluar, a decidir bajo premisas o consignas claras, coherentes y conforme a nuestros derechos.

Todo esto viene a cuento de que Internet no es más ni menos, mejor ni peor que otras cosas que los docentes les enseñamos a usar (como docentes y como adultos), no sólo con el conocimiento que hemos adquirido, sino también con el bagaje de experiencias acumuladas como adultos.

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