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experiencia

SEO, o el peligro de la optimización de una sola vía

Preguntas. Me pregunto. Voy y vuelvo por un rato del lado emocional al racional en mi atribulada cabecita loca. Y me da por interrogarme, reflexionando sobre todo lo que veo, leo, escucho, estimo, entiendo, presiento, como si en ello me fuera la vida: ¿para que sirve internet?

Por supuesto que no es esta una pregunta que me quite el sueño o defina el rumbo de mi vida, pero dado que es este un blog sobre tecnología y educación, creo que me sirve usar este espacio para pensar e intentar un esbozo de respuesta a aquella pregunta.

En todo caso, y como para comenzar a dirigir un poco más coherentemente el hilo del pensamiento, la pregunta específica sería “¿para que sirve hoy internet?”. Y más aun, “¿para que servirá internet en el futuro?”

Lamento ser algo pesimista, pero creo firmemente que vamos rumbo a arruinarlo todo, una vez más.

El detonante de la baja en la cotización hoy de mi fe en los desarrollos tecnológicos de la humanidad tiene que ver con una breve nota en Microsiervos, acerca de Inframutt, o lo que ellos mismos llaman “el Google al revés”

Se trata de un proyecto de esos alocados que pululan por la red, que nunca arrancó pero que deja alguna marca por lo extraño o, como en este caso, lo particular de la idea con la cual fue concebido. En palabras del autor del artículo,

Esto ya ni siquiera funciona, pero lo intrigante es el concepto. Hace tiempo alguien pensó que podría ser toda una idea crear un Google al revés, en el que las páginas menos relevantes fueran las primeras. Esto además evitaría toda la basurilla «colocada artificialmente mediante posicionamiento» que ensucia ciertas búsquedas. Y así nació Inframutt, que por lo visto se quedó en alfa y nunca más se supo.

Esa idea de basura colocada artificialmente mediante posicionamiento, que en algunos casos podríamos adjuntar perfectamente a la definición de SEO (Search Engine Optimization, Optimizador de motores de búsqueda o posicionamiento web), me recordó inmediatamente la ponencia de Eli Pariser, director de MoveOn, en una de las conferencias TED. Pariser habló allí, en pocas palabras, sobre como la segmentación de la información para el usuario, basada en sus hábitos de uso de la red, termina aislándolo de lo global para permitirle recibir sólo lo que puede-quiere-debe saber.

La ecuación es sencilla: si mediante la SEO nos seleccionan lo que alguien decide que nos gusta ver/comprar, y los buscadores determinan lo que debemos leer/saber, ¿cómo encontraremos lo realmente válido, lo que nos sirva para otra cosa que no sea comprar -cosas, datos, mentiras y hasta revoluciones o guerras-, para hallar en la red lo que era su esencia, su razón de ser, esto es, la suma de todo el conocimiento de la humanidad?

Uno de los hitos en la historia de internet tiene que ver con que las empresas comenzaron a ver en los ’90 el filón de la publicidad en la red. Antes de Windows, antes de Tim Berners-Lee y la web, antes de los buscadores y antes de todo, los BBS no pagaban: se sabe que 999 palabras no llegan a valer lo que una imagen, así que se podía escribir mucho sin que un fastidioso banner o un correo spam molestara la vista pretendiendo vendernos algo. No valía la pena meterse en donde no se podía mostrar.

Aquella internet -o mejor dicho, su precursora ARPANet-, aburrida -el negro y verde o ambar de las aburridas pantallas tampoco pagan– tejió en pocos años el entramado de una red que desarrolló mucho de lo mejor y más lúcido en materia de comunicación de la historia de la humanidad.

Todo ese tejido soporta hoy, mayoritariamente, spam, pornografía, publicidad dirigida, análisis de información obtenida -por usar un término suave- sin nuestro permiso, ideologías impuestas, redes inocuas y otras delicias de nuestra distracción, con el único fin de decirnos qué pensar, que comprar, que creer, a quién querer y a quién odiar.

Esta es una optimización de una sola vía: se optimiza la forma de lograr que el usuario compre pero no la experiencia real y provechosa de navegación para su propio interés y beneficio.

No me gusta esta internet. No me gusta perder tiempo buscando lo que quiero porque tengo que buscarlo entre la basura que alguien decide que yo necesito. No me gusta cuando me hablan de optimización para vender más, como si fuera el único motivo por el cual existe este medio.

Comencé este post prometiendo un esbozo de respuesta a aquella pregunta de “¿para que sirve internet?”. Pero es evidente que por el momento, no hay una respuesta.

O tal vez esté en nuestras manos pero no sepamos que hacer con ella.

Péndulos en danza

Este video educativo de la Universidad de Harvard muestra una experiencia visualmente asombrosa: 15 péndulos alineados realizan una coreografía basada en el ajuste del número de oscilaciones que realiza cada péndulo. El secreto está en la longitud de cada cuerda. El más largo realiza 51 oscilaciones en un periodo de 60 segundos y la longitud de los siguientes péndulos se ve ajustando hasta que el último realiza 65 oscilaciones. Sólo basta con soltarlos todos a la vez.

La explicación detallada se encuentra en el link a Harvard haciendo clic aquí.

Entusiasmado con la experiencia seguí buscando, y encontré esta, similar, pero hecha con bolas de billar:

Y una más, bien creativa e impactante, usando luz ultravioleta para realzar el efecto de péndulos en danza:

Jugar con la física también puede ser muy divertido…

Materializando lo inmaterial

Transformar en material lo inmaterial. Maravilloso modo de mostrar en que medida estamos atravesados por infinidad de ondas de todo tipo. En este caso, detectando las redes WiFi que atraviesan una ciudad en Noruega.

En un modo casi romántico, sus autores lo denominan “Luz pintando WiFi”, y el método utilizado por estos estudiantes noruegos es por demás original: uno de los miembros del equipo recorre la ciudad con una larga vara con LED’s, capaz de detectar las señales Wi-Fi y marcar su potencia. Los demás miembros van tomando fotos de larga exposición. Así de simple. Así de complejo.

En el video a contunuación, los llamativos e impactantes resultados de tal experiencia:

Immaterials: Light painting WiFi from Timo on Vimeo.

Fuente: Microsiervos

El amor por la lectura como ‘causa común’

Ya comenté anteriormente sobre el proyecto de Daniel Krichman, de poner a mucha gente a escribir sobre cómo leen. En verdad, esta descripción es rápida y a medias: como expliqué antes, lo que propone es extraer algunas pistas metodológicas de las reflexiones de distintos profesionales de diversas áreas, acerca de sus formas de abordar un libro.

Habemos en esa lista -Daniel tuvo la deferencia de invitarme a participar de la experiencia- docentes, periodistas y especialistas de muchas ramas diferentes. Y confieso que no puedo dejar de pasar a mirar cada tanto, para ver quién otro me sorprende y me asombra -a la fecha van 21 abordantes– con su experiencia personal, y por tanto única.

En un momento pensé, “¿cómo no se me ocurrió a mi eso?”, pero ahí es que me pongo agradecido por tipos como Daniel, observadores y pensadores que recuperan para nosotros los más lentos, el verdadero sentido de la expresión “2.0″.

Últimamente paso bastante tiempo observando como abordan el texto mis alumnos, tanto los pequeños de primaria como los más grandes. Siempre presté bastante atención a eso pero ahora lo estoy haciendo, si se me permite decirlo, como una especie de extensión personal del proyecto de Krichman.

¿Qué se ve? Coloquialmente lo digo: estamos en problemas. A modo de ejemplo: chicos de 6to. grado que no leen consignas porque es más fácil preguntar “¿qué tenemos que hacer?”, que tomarse el tiempo para leer y entender -y esto dicho por ellos-. No parece abordarse el problema con suficiente seriedad, porque llegan a mayores prácticamente con la misma actitud infantil. Esto puede verse en los medios, por ejemplo, en la calidad de los reportajes, las formas de abordar las noticias, o simplemente en la cantidad de faltas de ortografía de los textos. Ni que hablar de ciertos conductores de TV.

Pero he visto y oído doctorados comiéndose las eses, cuando se supone que han tenido que pasar por tribunales y defender tesis. ¿Tendrá esto que ver con la lectura? Bueno, si se lee y quedan sólo datos, o no se aprendió el valor de las palabras y su correcto uso, pienso que si, que tiene que ver.

Mi ejercicio docente está vinculado con materias técnicas, pero aprendí de algunos ejemplos que tuve y corrijo contenidos y formas cuando doy clases y en los exámenes. La respuesta de los pibes suele ser “¡pero si no sos docente de Lengua!” Como dudo de que la lengua sea patrimonio de algún individuo en particular, no he dejado de hacerlo. Me ha sucedido además, de encontrar quién me mentó, no sin cierto asombro, como un “informático que además escribe”.

Por todo esto y mucho más, es que creo que debemos hacer de nuestro amor por la lectura una “causa común”: transfiramos, impregnemos, transpiremos esa actitud hacia el libro, tal como lo propone Daniel al intentar extraer algunas pistas metodológicas de nuestras formas de abordar un texto.

Amigos, ¿me ayudan a pensarlo? Pasen y déjenme sus apuntes.

Un gesto de interrupción

Gracias a una de mis directoras, Silvia, me encuentro con este texto:

amaneceLa experiencia, la posibilidad de que algo nos pase, o nos acontezca, o nos llegue, requiere un gesto de interrupción, un gesto que es casi imposible en los tiempos que corren: requiere pararse a pensar, pararse a mirar, pararse a escuchar, pensar más despacio, mirar más despacio y escuchar más despacio, pararse a sentir, sentir más despacio, demorarse en los detalles, suspender la opinión, suspender el juicio, suspender la voluntad, suspender el automatismo de la acción, cultivar la atención y la delicadeza, abrir los ojos y los oídos, charlar sobre lo que nos pasa, aprender la lentitud, escuchar a los demás, cultivar el arte del encuentro, callar mucho, tener paciencia, darse tiempo y espacio. (Larrosa, 2003)

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