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medio-ambiente - 11. página

El problema de la resistencia a los antimicrobianos

addiction-71576_1280“Es imprescindible que cambiemos nuestro comportamiento en cuanto al uso de los antibióticos”. Quién hace sonar esta señal de alarma es el economista inglés Jim O’Neill, director del Estudio sobre Resistencia a los Antimicrobianos, en una columna reproducida hoy por el diario Clarín.

La razón, o más bien necesidad de ese cambio imprescindible es que justamente, debido al mal uso y aun abuso de los antibióticos, las infecciones comunes se hacen cada vez más resistentes a los tratamientos existentes.

Según el economista, para resolver este problema necesitamos un nuevo comportamiento, ya que debido al mal uso y abuso de los antibióticos infecciones comunes como la neumonía y la tuberculosis se hacen cada vez más resistentes -y aún inmunes- a los tratamientos existentes.

De acuerdo al estudio que el especialista dirige, las infecciones resistentes a los fármacos matan al menos a 700.000 personas cada año, cifra que, de no abordarse seriamente el problema, podría ascender a los diez millones de personas para el 2050. Por esta razón, no alcanzará sólo con desarrollar nuevos medicamentos: también debemos reducir nuestra demanda de antibióticos, entendiendo que a veces causan más daño que beneficio.

No es el cuerpo de una persona el que se hace resistente a los medicamentos, sino la propia bacteria. Comprender cuándo y cómo usar antibióticos servirá para lograr un uso responsable de ellos.

Fuente: Diario Clarín.

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Agrotóxicos

Seré breve, porque el video titulado “El costo humano de los agrotóxicos” habla por si mismo: según relata Fernanda Sández en su artículo de hoy para La Nación, Pablo Piovano, autor de la obra, es un fotógrafo que recorrió a fines de 2014 varias provincias del noreste argentino. Allí se topó con el horror de la fumigación sobre personas -por supuesto, empresas y medios afines dirán que fue sobre los cultivos de tabaco, algodón, soja, etcétera-, según la autora “con litros y más litros de sustancias capaces de alterar las formas de lo vivo”.

“El costo humano de los agrotóxicos”, trabajo ganador de premios internacionales, puede verse haciendo clic aquí.

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Bajar nuestras emisiones a la mitad con solo cambiar el sistema agrícola

[En Europa] se han destruido muchos árboles, como acá. El tema aquí en Argentina es la amplitud, que es… abrumadora. Esto es como Estados Unidos: en Nebraska tampoco hay un solo árbol. Y esto es importante de señalar porque –según datos de la Organización para las Naciones Unidas, ONU- 50% de los gases con efecto invernadero vienen de este modelo agroindustrial. Y eso se debe a que este modelo utiliza muchos herbicidas que son elaborados a partir del petróleo, y además fertilizantes. El 19% de esos gases viene de las granjas de animales y el resto de la desforestación que genera hacer soja transgénica como acá o para hacer biocombustibles. Pero eso en parte es una buena noticia, porque si queremos bajar nuestras emisiones a la mitad, podríamos hacerlo con solo cambiar el sistema agrícola. Ese es un dato importante, sabemos qué es lo que debemos hacer.
[Marie Monique Robin, periodista autora entre otros títulos, de “El mundo según Monsanto”, en una entrevista de Fernanda Sández para BorderPeriodismo.]

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Voraces e insaciables

Así se satisface la voracidad de media humanidad, mientras la otra mitad se muere de hambre.

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La exposición del feto a contaminantes ambientales altera la fertilidad

Según un artículo publicado hoy en rosario3.com, la exposición durante la vida fetal a contaminantes ambientales produce alteraciones epigenéticas y sus consecuencias pueden ser transmitidas hasta la tercera generación.

Tal es la conclusión a la que arriba un estudio internacional con ratones realizado con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), citado en el artículo mencionado. Dicha exposición a contaminantes ambientales como los denominados disruptores endocrinos altera la fertilidad masculina durante al menos tres generaciones. Los resultados se publicaron en la revista “PLOS ONE”.

Estos contaminantes ambientales alteran los genes implicados en el desarrollo testicular y la fertilidad masculina durante generaciones después de producirse la primera exposición durante la vida fetal.

El trabajo se ha desarrollado con ratones expuestos durante el periodo embrionario, vía materna, a la vinclozolina, un fungicida muy usado en agricultura que tiene efectos antiandrógenos (que inhiben las hormonas sexuales masculinas), según explica Jesús del Mazo, investigador del CSIC en el Centro de Investigaciones Biológicas.

“El estudio demuestra que los efectos pueden ser debidos a la desregulación de pequeños ARN, que a su vez regulan la expresión de genes codificantes en proteínas clave en la formación de la células germinales”, añade Del Mazo, que ha dirigido el estudio en colaboración con grupos del CNRS francés y de la Academia de Ciencias checa.

Tanto la fertilidad masculina como la expresión de los ARN y los genes que regulan, se ven alterados de la misma manera durante tres generaciones de machos después de la exposición solo en la primera generación, y con dosis inferiores a los niveles en los que se indicaban como “sin efectos adversos observados”, según el índice de toxicidad NOAEL, explica Del Mazo. Este índice indica que bajo el nivel de 12 miligramos por kilo de peso y día, no se han observado efectos adversos. in embargo, el estudio se ha hecho con un nivel de 1 miligramo por kilo de peso y día, donde se han observado los efectos adversos citados.

Circunstancias ambientales adversas durante el desarrollo y la vida de los organismos son capaces de modificar la expresión génica sin alterar las secuencias de bases en el ADN. Estas modificaciones denominadas “epigenéticas” son responsables de la aparición de múltiples patologías, como algunos casos de cáncer o infertilidad.

[Más información en: rosario3.com]

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