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Hablamos sobre la ley del ‘derecho al olvido’ en Radio Nacional

A propósito del respaldo por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea al llamado “derecho al olvido”, con el que el órgano comunitario dictaminó que los motores de búsqueda deben retirar los enlaces publicados en el pasado si se comprueba que ellos perjudican a un ciudadano, fui invitado por la producción del programa Otra Vuelta para hablar sobre el tema.

El programa, conducido por los periodistas Lalo Puccio y Gabriela Sapienza, se emite de lunes a viernes de 18 a 20 hs. por Radio Nacional Rosario.

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Poco va a cambiar con la ley del ‘derecho al olvido’ europea

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Quién afirma esto es el Dr. Viktor Mayer-Schönberger, profesor del Internet Institute de la Universidad de Oxford, especialista en asuntos relativos a la privacidad en internet y autor de “Delete: The Virtue of Forgetting in the Digital Age”, entre otros trabajos que han servido como disparador y fundamento de nuestra campaña “Reinventando el olvido en internet”.

El especialista se refirió al tema en un artículo de su autoría publicado ayer en el periódico The Guardian, a propósito del respaldo por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea al llamado “derecho al olvido”. El órgano comunitario dictaminó que los motores de búsqueda como Google deben retirar los enlaces publicados en el pasado si se comprueba que ellos perjudican a un ciudadano y ya no son ya pertinentes.

El caso que originó el dictamen fue presentado por un ciudadano español, Mario Costeja González, quien recurrió al Tribunal luego de fracasar en las instancias inferiores con su reclamo: el buscador seguía indexando un viejo anuncio sobre una subasta de bienes que le fueron embargados por una deuda con la Seguridad Social, varios años después de resuelta la cuestión.

La Corte con sede en Luxemburgo estableció en un comunicado que, “si a raíz de la solicitud de la persona afectada se comprueba que la inclusión de esos enlaces en la lista es incompatible actualmente con la directiva (de protección de datos personales), la información y los enlaces que figuran en la lista deben eliminarse”.

Al respecto, el Dr. Mayer-Schönberger asegura que es poco lo que va a cambiar con esta ley, y que no representa un ‘derecho al olvido’ así como tampoco el fin de Google. “Millones de solicitudes de eliminación por violaciones de derechos de autor son presentadas, por lo que unos pocos individuos insistentes no harán diferencia”, afirma.

El especialista atribuye sus reservas al hecho de que las personas no pueden simplemente solicitar que los enlaces sean borrados y esperar que Google cumpla con ello. El Tribunal exige en cada caso un equilibrio entre todos los derechos implicados en la solicitud, incluido el derecho del público a tener acceso a la información. Esto limitaría la aplicación de la norma a un pequeño número de casos, aquellos en los que la información que se desea borrar sea tanto irrefutable como irrelevante. Y en los que además los afectados estén dispuestos a la demanda de costos y tiempo que requiere tal acción.

Y afirma: “Esto puede ser reconfortante para la industria de Internet, pero lamentablemente no resuelve el desafío integral acerca del recuerdo digital que enfrentamos. A lo largo de la historia humana el olvido ha sido fácil para los seres humanos, y difícil recordar. Eso nos ayudó a aceptar que las personas evolucionan y cambian, y que la persona que éramos hace muchos años no es la misma persona que somos hoy. Con la memoria digital, el acceso global y la fácil recuperación de información a través de motores de búsqueda como Google, esencialmente hemos desecho el olvido. El pasado ha empezado a seguirnos, y todas nuestras acciones están siendo recordadas. Pero no se trata sólo de que nos encontremos en la camisa de fuerza del pasado, de la que no podemos deshacernos. Cuando alguien googlea obtiene un mosaico de información que se extiende a décadas de nuestra existencia, una imagen creada que es a la vez incompleta y sin tiempo”.

El Dr. Mayer-Schönberger cierra su artículo con una sentencia que invita a la reflexión: “Como los psicólogos nos recuerdan, el olvido también está íntimamente ligado al perdón. Si ya no podemos olvidar, podemos convertirnos en una sociedad que no perdona”.

Fuentes:
Periódico The Guardian (RU)
BBC Mundo
– Imagen: deminuto.com

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Acoso, redes y chicos en internet

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Ayer por la tarde participé como invitado en el programa “Otra vuelta”, que se emite por Radio Nacional Rosario, para hablar sobre ciberacoso, redes virtuales y chicos en internet.

Gracias a Lilian Alba por la invitación. Estuve muy cómodo y la charla fue muy agradable.

¡Gracias a todos!

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La polilla es un bicho

Se conoce como bug -“bicho”- a aquel error o falla en un sistema informático que desencadena un resultado indeseado. Justamente por esto, los programas que ayudan a la detección y eliminación de errores de programación de software, los denominados “depuradores” en español, conservan la referencia en inglés: debuggers.

El primer “bug” del que se tiene conocimiento ocurrió en 1947. Grace Murray Hopper trabajaba como programadora en el laboratorio de cálculo de la Universidad de Harvard y cuando trataba de averiguar la causa de un fallo descubrió que era debido a una polilla que se había colado por entre los contactos de unos de los relés del equipo. Hopper tomó nota del incidente en su cuaderno: “Primer caso real de bicho -bug, en inglés- que se ha hallado”.

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La hoja de anotaciones -con la polilla- está expuesta en el museo Naval Surface Warfare Center Computer de Dahlgren, en Virginia, EE.UU.

Entre las numerosas incidencias notables causadas por este tipo de error se incluyen la destrucción de la sonda espacial Mariner 11 en 1962 y del Ariane 5 en 1996, entre muchos otros.

Fuentes:
Wikipedia
Errores históricos

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Delitos en la web

En el programa Banda 3.0, que se emite por el canal Metro, entrevistaron al Dr. Ricardo Sáenz, fiscal especializado en delitos informáticos.

Cuestiones como el spam, acceso a home banking y otros aspectos de nuestro hacer cotidiano en la web son tratados aquí con claridad.

Para mirar y pensar.

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Las condiciones de Facebook que aceptamos sin leer

lupaEn nuestras charlas sobre privacidad en internet dedicamos un momento a hablar sobre el hecho de que aceptamos las condiciones de uso de los programas que instalamos o las redes de las que participamos, sin prestarles mayor atención.

Las condiciones de servicio o “términos de servicio”ToS, por sus siglas en inglés-, son un conjunto de cláusulas a las que nos obliga un proveedor cuando nos registramos en un servicio, usamos por primera vez una aplicación o instalamos un programa. Se trata básicamente de la descripción de los derechos y obligaciones legales que tienen tanto el usuario como el prestatario del servicio en cuestión, y al que ambas partes se comprometen con la sola aceptación por parte del usuario. Es decir, cuando hace clic en “Aceptar”.

Estas condiciones de servicio suelen ser de tal complejidad, tan difíciles de leer y cargadas de términos jurídicos, que la mayoría de nosotros las pasa de largo. Craso error.

A partir del análisis de unos pocos casos -algunos graciosos, otros serios, todos preocupantes-, vamos demostrando en nuestras charlas como es que surgen las sorpresas, los malos entendidos y aun los problemas al momento de hacer uso de tales herramientas o servicios.

En relación con está problemática, el sitio de tecnología ALT1040 acaba de publicar un artículo, titulado “Condiciones de Facebook: todo lo que aceptaste sin leer, explicado de forma clara” en el que desgranan, en un lenguaje llano y despojado de la terminología legal complicada propia del original, las condiciones de uso de esta red social que cumplió 10 años esta semana y cuenta ya con más de 1230 millones de usuarios.

El artículo pone las cosas en claro desde el comienzo, afirmando que si bien centra el análisis en Facebook, “cualquiera de las redes sociales que usamos también tienen sus clausulas abusivas”.

Un detalle importante a tener en cuenta es que si bien las clausulas que definen las condiciones de uso de Facebook están en castellano, la red social deja en claro que lo que estamos leyendo es una traducción de un texto escrito en inglés de Estados Unidos y que, por lo tanto, el que finalmente prevalecerá como vinculante es su versión original. Esto significa que si hay errores en la traducción, no se tendrán en cuenta.

El texto está estructurado en 19 bloques que se expanden en una cantidad de “páginas aclaratorias”, a su vez con más ramificaciones -todas pueden ser modificadas cuando la empresa lo crea necesario, con la sola condición de informarle al usuario tales cambios-. Todo ello para explicar qué es lo que hacen con los contenidos generados por nosotros en su plataforma, lo que nosotros publicamos.

Acerca de esta cuestión, Facebook especifica que somos los propietarios de los derechos de los contenidos que subimos, pero ellos se atribuyen una licencia mientras seamos usuarios del servicio, de modo tal que pueden usar nuestros contenidos o los que generemos en aplicaciones conectadas con Facebook. La única restricción a esto es posible configurando correctamente nuestra privacidad para acotar la visualización de nuestros contenidos. De todos modos, Facebook se asegura de mostrarnos qué información y acceso requiere la aplicación conectada, y queda de nuestro lado aceptar estas condiciones de la aplicación o no.

Por otra parte, en el caso en que eliminemos un contenido publicado por nosotros, Facebook nos avisa que guarda copias de seguridad y las retiene durante un tiempo para poder, de ser necesario, recuperar información.

Otro aspecto importante que señala el artículo, es que para Facebook somos un “producto” de los anunciantes de la plataforma. De este modo, al registrarnos estamos aceptando tácitamente que Facebook use nuestra foto de perfil, nuestro nombre o nuestros contenidos para sus campañas publicitarias o algoritmos de segmentación. Usarán entonces nuestros datos para modelar la publicidad que vemos o la que verán otros usuarios, ya que también le indicarán a nuestros amigos nuestros gustos por una determinada marca. Esto es obligatorio, y sin ningún beneficio económico para nosotros.

Otro dato importante: dado que consentimos a que nuestros datos se almacenen en Estados Unidos, se aplicará la legislación vigente en el país. En caso de demanda, el fuero que aplica es el del tribunal del Distrito Norte de California o un tribunal estatal del Condado de San Mateo.

Más perlitas: Facebook no garantiza que su plataforma sea segura, aunque sí es cierto que impone ciertas “reglas de uso” y mecanismos para informar sobre actividades fuera de las normas establecidas.

Para poder registrar una cuenta en Facebook, el usuario debe ser mayor de 13 años y ofrecer información real. Ellos se reservan el derecho de retirar contenidos publicados si consideran que violan sus políticas o si alguien ha denunciado una violación de derechos de propiedad intelectual. Para los usuarios reincidentes, Facebook puede desactivar una cuenta sin previo aviso.

Si somos nosotros quienes desactivamos o eliminamos nuestra cuenta, las copias de seguridad se mantendrán en los servidores de la empresa. No sólo eso: Facebook mantendrá vigentes algunas cláusulas de sus condiciones de servicio, los “me gusta” que hayamos hecho y los contenidos que compartimos como “públicos”.

Estas son algunas de las condiciones de uso que la mayoría de los usuarios, si no todos, ignoran. Eso no debería ser así, dado que nuestra aceptación de las condiciones nos obliga a cumplirlas.

Un último párrafo para poner en claro la seriedad con que ellos sí se toman estas cuestiones. La frase final de las condiciones de uso dice lo siguiente: “Nos reservamos todos los derechos que no te hayamos concedido de forma expresa”. Esto significa que ellos tendrán siempre la última palabra, porque nosotros les hemos dado ese derecho. Aun habiendo dado nuestro consentimiento a ciegas.

Fuente:
ALT1040

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El significado del término ‘hacker’

200px-Glider.svgEn estos días los medios vuelven a usar el término “hacker” de modo erróneo o al menos confuso, a partir de la noticia de la aparición de un personaje acusado de difundir fotos comprometedoras de personajes mediáticos.

Independientemente del giro que tome la causa, el personaje en cuestión no es un hacker. No, al menos en el sentido técnico y aún filosófico del término.

Levanto del sitio de la Red Costarricense de Software Libre una definición clara y sintética sobre el asunto:

El término hacker trasciende a los expertos relacionados con la informática, para también referirse a cualquier profesional que está en la cúspide de la excelencia en su profesión, ya que en la descripción más pura, un hacker es aquella persona que le apasiona el conocimiento, descubrir o aprender nuevas cosas y entender el funcionamiento de éstas.

«Hacker, usando la palabra inglesa, quiere decir divertirse con el ingenio [cleverness], usar la inteligencia para hacer algo difícil. No implica trabajar solo ni con otros necesariamente. Es posible en cualquier proyecto. No implica tampoco hacerlo con computadoras. Es posible ser un hacker de las bicicletas. Por ejemplo, una fiesta sorpresa tiene el espíritu del hack, usa el ingenio para sorprender al homenajeado, no para molestarle.» Richard Stallman.

Hacker es toda aquella persona con elevados conocimientos informáticos independientemente de la finalidad con que los use. Aquellas personas que tienen fines maliciosos, son llamados Crackers. Éstos últimos son los delincuentes informáticos.

De esta simple definición -que se puede ampliar usando Wikipedia-, surge a todas luces que el personaje en cuestión es de todo menos “hacker”.

Los medios deberían tomar más en serio el uso correcto de algunos términos, en particular los referidos a la tecnología. Usar palabras difíciles podrá hacerlos sentirse muy cancheros, pero la realidad es que sólo son ignorantes voluntarios con micrófono.

Fuentes:
Red Costarricense de Software Libre
– Entrada del término “hacker” en Wikipedia

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